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LA ENTRAÑA DE JOHNNY EL LEPROSO

El joven se muestra imperturbable cada vez que un fiscal le pregunta por alguno de los cuatro crímenes que se le imputan.

Y no quiere hablar cuando los investigadores le preguntan si su forma de proceder a sangre fría y sin reatos de conciencia tiene que ver con algún afán de venganza, derivado de las muertes violentas de su padre y su hermano.

Esas son cosas muy mías , le dijo a uno de ellos cuando quiso que rememorara, a instancias del expediente abierto en su contra, la manera como perdió a sus seres queridos.

Aún así, John Jairo Moreno Torres, conocido en los medios judiciales como Johnny el leproso (le llaman así por la pronunciada cicatriz de quemadura en una de sus piernas), no rechaza con vehemencia los cargos que se le hacen con base en denuncias y testimonios de quienes han sido víctimas o testigos de sus delitos.

Después de ser capturados por la Policía, miembros de su banda, una organización juvenil que durante más de un año sembró el terror en Fontibón, relataron cómo Johnny solía ser implacable con sus enemigos y nutrieron el sumario con crudas descripciones sobre su comportamiento.

Contaron, por ejemplo, que el 27 de mayo de 1997 Omar Cepeda Rendón, un hombre de 28 años adicto a la droga, llegó a una venta clandestina en el barrio Kennedy, conocida como el sopladero .

Antes de atender su pedido, el dueño del lugar le advirtió que se fuera cuanto antes porque Johnny lo andaba buscando para cobrarle alguna cuenta, aparentemente relacionada con la violación de una de sus familiares.

Aquí me quedo le respondió Omar porque uno se muere el día que le toca .

A los diez minutos apareció Johnny con tres de sus amigos y no dio lugar a que la víctima le hiciera pregunta alguna. Le hizo un disparo a la cabeza y le quitó la vida.

El dueño del sopladero , amedrentado por la banda, no hizo ningún esfuerzo por evitar lo ocurrido y guardó silencio cuando los muchachos llevaron el cuerpo a una habitación del segundo piso y también cuando, a la medianoche, luego de una febril jornada de droga y alcohol, lo incineraron.

La clave para el esclarecimiento del hecho la dio un niño que trabajaba como vendedor ambulante de llaveros y golosinas. El menor declaró que fue obligado a sacar de la casa algunas bolsas negras y a dispersarlas por el barrio.

Medicina Legal comprobó que se trataba de algunos restos de la víctima, según lo revelan apartes del expediente conocidos por EL TIEMPO.

Crimen sin razón Una joven inquilina de la casa, que descansaba con su hijo en el cuarto donde el homicida dejó el cuerpo, apareció muerta pocos días después, pues según las autoridades quiso denunciar lo ocurrido.

Ya, ya... no sé nada de eso , dijo Johnny , de 19 años, cuando el fiscal que le oía en indagatoria le pregunta por qué pudo haberle disparado al joven aquel que sólo cometió el delito de mirarle a la cara por un instante.

Sobre otro caso, los testigos dicen que ocurrió el 14 de febrero de 1998, en el barrio Versalles de Fontibón. Fernando González Palma esperaba en un paradero un bus que le llevara al centro.

Apenas lo miró por un instante y el asesino se vino con un revólver en la mano y lo mató porque sí , declara entre sollozos una joven que se encontraba ese día en el paradero. No atendió ruego alguno , dice.

Un experimentado fiscal, del equipo de cuatro investigadores asignados al caso de Johnny , reconoce que jamás había conocido episodios tan escabrosos y tristes, protagonizados por uno de los tantos adolescentes que no encuentran calor de hogar.

No puedo justificar lo que ha hecho, pero quienes a diario decidimos sobre la libertad de las personas necesitamos apoyo de autoridades que se comprometan a darle una respuesta responsable a este fenómeno , dice.

La cadena de crímenes que se le atribuye es más larga, pero el relato de más casos no tendría valor distinto al de una apología.

Una sicóloga asignada al caso dijo a reporteros de EL TIEMPO que el asunto no se debe mirar con una visión estrictamente patológica, entre otras cosas porque hay evidencias de que aún un hombre así abriga sentimientos incompatibles con sus actos.

Recuerda que el día de su captura, Johnny fue sorprendido cuando llegaba a una casa del barrio Pío XII para visitar a su hija, una bebita de 17 días de nacida, en cuya presencia se transformaba totalmente: era un joven cálido y expresivo.

En la zona asolada por la banda no hay huella de ningún esfuerzo estatal en favor de los jóvenes.

Múltiples homicidios hacen compleja su situación jurídica Johnny fue capturado por la Policía el pasado 27 de febrero en Bogotá por orden de la Fiscalía General de la Nación. Los fiscales que llevan su caso luego de escucharlo en indagatoria encontraron razones suficientes para mantenerlo privado de la libertad.

Por la muerte de Omar Cepeda la Unidad Cuarta de Vida le dictó medida de aseguramiento sin beneficio de excarcelación por el delito de homicidio agravado y porte ilegal de armas.

El fiscal 13 de la Unidad Primera de Vida lo mantiene en prisión por el crimen de Melco Berlandi Garavito Díaz. Lo sindica de homicidio agravado, hurto calificado y agravado y porte ilegal de armas.

La Unidad Quinta de Vida lo sindica de la muerte de Fernando González.

Varios de los miembros de su banda ya han sido capturados, mientras que otros son buscados por las autoridades.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
26 de mayo de 1998
Autor
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