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ESCALONA: TELENOVELA EN EL AIRE

Un mambo suena en el aire cálido de la pequeña gallera. El sitio está adornado con festones, cortinas de terciopelo rojo y matas de orégano y caraqueña. El redondel destinado para las peleas es ocupado por una tarima. La voz recia del anunciador, un hombre de pelo cano, vestido de blanco de pies a cabeza, se escucha en los palcos y graderías: Con ustedeeees Naraaaa Da Freitaaaaas... la reina de Copacabana... . Los doscientos extras, que habían esperado ocho horas para sentarse frente a la cámara, aplauden a rabiar.

Es una escena más de Escalona , la nueva serie que Caracol Televisión comenzó a grabar hace cinco meses en escenarios del Cesar, La Guajira, Bolívar y Magdalena. Son treinta capítulos basados en igual número de canciones de Rafael Escalona, entrelazados mediante personajes y situaciones ficticias.

En la serie participan 24 actores principales, más de quinientos extras y 45 técnicos que trabajan en turnos de más de 15 horas. Con ellos, Caracol Televisión estrenó una unidad móvil de cinco cámaras que costó cerca de 250 mil dólares.

Bajo la luz de los reflectores instalados en la vieja gallera de Valledupar, aparece la exuberante reina de Cocapabana. Lleva el torso cubierto por una malla negra con diminutos trozos de espejo. Y una falda abierta adelante, con grandes arandelas de color rosado soacha que se arrastran sobre la tarima. Rafael Escalona (Carlos Vives) la mira embelesado desde la primera fila de asientos deteriorados.

Nara repite muchas veces sus provocativas contorsiones hasta que el director, Sergio Cabrera, queda satisfecho con la escena. Sus compañeros definen a Cabrera como una persona muy cuidadosa, que siempre busca alternativas para alimentar la imagen . Cuando Nara desaparece, el coordinador Hugo Estrada, estimula a los extras con una de sus frases características: Muy bien muñequitos. Vamos a descansar .

Los hombres comienzan a desfilar hacia el gran solar que rodea la gallera. Nara (María Fernanda Martínez), con los zapatos y la peluca rubia en la mano, se sienta bajo un palo de mango y los extras hacen una fila frente a dos muchachos que reparten diariamente unas mil gaseosas, más de cien bolsas de agua y unos quinientos tintos.

En la calle, un auxiliar guinda una hamaca entre el bus climatizado que transporta a los artistas y el furgón de cinco toneladas que lleva más de cuatro mil piezas de vestuario. Más allá están los tres jeeps y un taxi contratados en Valledupar a 25 mil pesos diarios. En total, son nueve los vehículos que utiliza Caracol para el personal y la parafernalia de luces, cables, cámaras, planta eléctrica y corotos de ambientación.

También alquilaron, por $700.000, dos autos antiguos a coleccionistas de Barranquilla. Y varios carritos de raspao , a cinco mil pesos diarios cada uno, para colocar en los parques donde filman. En el centro de Valledupar arrendaron una vieja casona para guardar las toneladas de equipo de ambientación. Todo forma parte de unos 500 millones de pesos que Caracol Televisión ha invertido hasta el momento en la serie. Y aún faltan tres meses de grabación. Hecho cochecho... En la puerta de la gallera, tres policías somnolientos, por un turno de 14 horas sonríen en una sesión de cuentos verdes. Rodrigo Obregón uno de los protagonistas se pasea con un casete de Beethoven en suwalkman. Fausto Cabrera (el anunciador) olvida su traje inmaculado para sentarse en una banca polvorienta. Carlos Vives se da dos palmaditas en la cara para espantar el cansancio y se lleva una bom-bom-bum a la boca.

Vives había llegado al set nueve horas antes en un termoking de Cootrasegua. Gallito , como lo llaman en Valledupar, se bajó del bus con un atuendo que Escalona nunca soñó en su época: jean roto en las rodillas y la parte trasera del muslo, camiseta negra ajustada, tenis blancos sin medias y una pañoleta amarrada en su muñeca derecha.

Una hora después el actor se preparaba para su primera escena. Ahora vestía igual que el compositor en los años cuarenta: pantalón habano de lino y camisa caqui de hilo, zapatos negros de cuero y un sombrero blanco de palma. Llevaba terciada una mochila arhuaca. A su lado estaba el mejor amigo de Escalona, José Pavajeau (Julio Echeverry), con un gallo jiro entre sus manos.

Transcurría lento el mediodía y las imágenes eran muy diferentes a las que vendrían con la noche. Estrada alertó a todo el mundo veinte minutos después: A ver muñecos... listos. Cinco, cuatro, tres, dos... !para!, !para!. Se repite... . Y se repitió muchas veces, casi hasta el cansancio.

Afuera, en la unidad móvil, Sergio Cabrera, con el pelo revuelto y una barba de varios días, está sentado frente a un micrófono escualizable. Su mirada recorre tres pantallas: Hugo, denle una camisa al muchacho que alimenta los gallos para que también aparezca . Listo, no problem contesta el coordinador con su pulgar levantado frente a una de las cámaras. El es el puente entre el director y los actores.

El tiempo y las escenas continuaron pasando durante horas frente a los lentes de las cámaras. A las cuatro de la mañana solo quedaba en el lugar la gente de Caracol. Tres horas antes, los extras hicieron una fila frente a un furgón para cambiarse de ropa y recibir un bono por 2.500 pesos. Dos auxiliares clasificaron los trajes para llevarlos al día siguiente donde una señora del barrio El Carmen que cobra ocho mil pesos por cada cien piezas lavadas. En la lavandería del Hotel Sicarare, donde ocupan unas cincuenta habitaciones, pagan otros $25.000 diarios por la ropa de los actores.

Para el equipo, cada día de filmación es un parto. Por eso, la jornada termina con una frase incompresible para muchos que Estrada sacó de alguna parte para levantar los ánimos: Hecho cochecho . Y todos responden al unísono:... !Nació varón! . Luego los auxiliares comienzan a recoger los 1.500 metros de cable tirados como serpientes sobre el piso polvoriento del solar. A ellos todavía les queda un hora de trabajo. Cantos de la vida La Maye y Escalona llegan a Badillo dispuestos a casarse a escondidas. Pero un incidente frustra la boda: el robo de la custodia. Escalona decide investigar y al conocer los detalles recorre el pueblo entero para revelarlos con su canto: Parece que el inspector como que tuvo miedo/ mucho miedo en este caso pa proceder/ porque todavía no han dicho quién es el ratero/ aunque todo el mundo se imagina cual pueder ser .

Lo del matrimonio a escondidas es una ficción. Es solo un mecanismo para meter la custodia de Badillo . El resto de esta es el desarrollo de otras canciones del maestro. Pero recreadas con personajes y situaciones imaginarias, que mantienen una unidad mediante una historia de amor y muerte. Anastasio Espuelas, por ejemplo, es un personaje ficticio, creado como oposición al amor y a las inmensas ganas de vivir que representa Escalona . El que habla es Bernardo Romero Pereiro, libretista de la serie.

En esa mezcla de realidad y ficción también aparece la legendaria Vieja Sara (Judy Enríquez). Es una mujer sabia, echada pa lante, que maneja el arado en su hacienda de las afueras de Valledupar. Es la consejera de Escalona y sus amigos. Su filosofía de la vida está relacionada con las plantas y los animales. En realidad, la Vieja Sara vivía en el Plan (Guajira), pero no sé si su personalidad era igual a la de Escalona . .

Bernardo Romero y Daniel Samper, el argumentista, también querían incluir los bellos paisajes de la Sierra Nevada. El pretexto fue Miguel Casares, un extraño personaje, enamorado de la naturaleza, que decide irse a vivir con los indígenas. Su nombre real era Miguel Canales y su paradero nunca se supo desde un día que abandonó Valledupar.

La serie es un inmenso vallenato compuesto por otros más pequeños. Es un mundo mágico donde hay cabida hasta para el diablo: el compay Simón, un viejo acordeonero de la región, sostendrá ante las cámaras un duelo de versos con el demonio; igual que en la leyenda de Francisco el Hombre.

La tentación tampoco podía faltar. Y la encarna Nara da Freitas, la brasileña que contrata Anastasio Espuelas para que se robe el amor de Escalona y así le deje libre el camino hacia La Maye. La estrategia no falla y Escalona lo sabe: Yo la conocí una mañana/ que llegó en avión a mi tierra/ y cuando me la presentaron/ me dijo que era brasilera/ seguro que cruzó la frontera/ pa vení a metese a mi alma .

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
28 de abril de 1991
Autor
JOSE R. NAVIA

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