Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

LAS SIETE PLAGAS

Las siete plagas de Egipto son una metáfora de las desgracias que le han caído a los programas de opinión. Las llagas, el granizo y los mosquitos con que Yaveh castigó al Faraón son un pálido reflejo de lo que está ocurriendo en nuestra televisión. Dos plagas, sin embargo, pueden servir de referencia: la de las langostas y la de la oscuridad. Como en los días de Moisés, las langostas no han cubierto por completo el cielo sino toda la pantalla del televisor. Prácticamente no existe hoy un programa de opinión que ofrezca horizontes de comprensión de los problemas del país, que se abra a una experimentación arriesgada del lenguaje audiovisual, que investigue seria y objetivamente.

Los que existían han ido saliendo poco a poco de la cartelera. Es el caso de Hecho en Colombia y más recientemente Expediente , dos programas que contaron el país de otra forma y con otros argumentos.

La plaga de la oscuridad no podría ser más aleccionadora. Como en el libro del Exodo es tan espesa que hasta se puede tocar .

Precisamente cuando el país requiere de análisis más amplios y diversos, muchos programas de opinión se hunden en el aburrimiento, la falta de ideas o la frivolidad.

Es increíble, por ejemplo, que el Consejo Nacional de Televisión haya considerado que Panorama es un programa de opinión y no una tienda de miscelánea. Si bien las palabras en nuestra sociedad han ido desgastándose y perdiendo sentido, tampoco se puede llegar al extremo de regalarle el nombre de opinión a los recortes de las revistas del momento, a encuestas callejeras sobre sexo, o a entrevistas en donde el dinamismo del editor confunde la agilidad con los monosílabos.

Como ya se está constatando en el caso de algunos informativos que le jugaron al espectáculo, la audiencia empieza a retirarse cuando la fiesta de fantasía se va convirtiendo en rutina. Como bien se sabe, hasta las luces de los escenarios se apagan y las lentejuelas, a fuerza de costumbre, pierden su brillo.

Todo ha sucedido con los programas de opinión. Pero casi nada bueno. A unos los han mandado a las tinieblas de los insomnes, mientras que otros hacen lo posible y lo imposible para que los televidentes acongojados se lancen a los brazos de Morfeo. Zoociedad , que empezó innovando, ha caído en una rutina peligrosa, mientras que a Testimonio solo le queda el buen nombre de otras épocas gloriosas. Las de ahora son completamente dolorosas.

Otros han acudido a las entrevistas de los mismos con las mismas. Sus emisiones parecen un carrusel de personajes a los que el país les ha venido soportando por décadas las mismas opiniones desgastadas, la misma falta de creatividad y lucidez de pensamiento.

Los más naufragan en un parroquialismo tan solo semejante al que ironizaba el Tuerto López cuando recordaba a las muchachas solteronas de provincia dedicadas a preparar dulce de papayuela, tejer bolillo y suspirar por los seminaristas. Y eso que supuestamente estamos en épocas de apertura.

Cuando en otros países los programas de opinión suscitan controversia, se involucran con valentía en los problemas del mundo o encuentran nuevas claves de interpretación para sus problemas, aquí los hemos convertido en productos de segunda, tímidos, apachurrados y conformistas.

Amodorrados en su mediocridad, lo único que no generan es precisamente opinión. Quizá lo que les haga falta sea la plaga de los tábanos.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
14 de marzo de 1993
Autor
SANTIAGO CORONADO

Publicidad

Paute aqu�