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PROPAGACIÓN, SIEMBRA Y CONTROL DE MALEZAS

La propagación de un cultivo consiste en incrementar o aumentar el material vegetal para obtener nuevas plantas. Se puede realizar de modo sexual (por semillas) ó asexual (usando el mismo material vegetal).

En el caso de la cebolla cabezona, existen tres sistemas, todos por semilla asexual: siembra en semillero para transplante, siembra directa y por bulbillos (cebollitas obtenidas de un cultivo ordinario).

El sistema de siembra en semilleros para trasplante es uno de los más utilizados. Para una hectárea se requieren entre 80 a 100 metros cuadrados de semillero.

Luego de 50 ó 60 días de estancia en el semillero, las planticas se encuentran listas para su transplante.

Tenga en cuenta que sólo se deben trasplantar aquellas que tengan como mínimo el grosor de un lápiz y que la raíz quede bien extendida dentro del hoyo (que debe tener una profundidad de tres centímetros).

Siembra directa: es el sistema más aconsejable para zonas mecanizables y se ahorra la mano de obra del trasplante. Es más costoso porque demanda más semilla (cerca de 10 kilos por hectárea), buena preparación del suelo y mayor control de malezas.

Para sembrar una hectárea se requiere de 15 a 20 kilos de semilla.

Por bulbillos: se trasplantan bulbos o cebollas pequeñas que tengan de 1,5 a 2,5 centímetros de diámetro.

Para la producción de estos se necesita mucho cuidado y demanda una densidad 10 veces más alta por hectárea que la utilizada normalmente. Por hectárea se requieren 5 toneladas de bulbillos.

Este sistema es muy utilizado en las zonas de Ocaña y en Fusagasugá.

Sistemas de siembra Si no se dispone de riego, recuerde que la época de lluvias debe aprovecharse para satisfacer las necesidades hídricas del cultivo.

Los surcos de siembra deben estar bien húmedos al momento del trasplante. Estos son los sistemas más utilizados (Ver ilustraciones): Ñ En surcos simples: se hacen hileras o surcos cada 20 centímetros y se siembran las plantas a una distancia de 10 centímetros cada una. Así se logra una densidad de 450.000 plantas por hectárea aproximadamente.

Cada 10 hileras se debe dejar un camino de un metro de ancho para realizar las labores propias del cultivo, como fumigación y fertilización.

Surcos dobles: se hacen dos surcos ó hileras, separadas a 10 centímetros una de la otra y se siembran las plantas a 10 centímetros cada una. Cada dos hileras se deja un espacio de 40 centímetros.

Así se logra una densidad aproximada de 350.000 plantas por hectárea.

Siembra directa (alta densidad): se hacen hileras cada 20 centímetros y se siembran las plantas cada 3 centímetros; así se logra una densidad aproximada de 1i600.000 plantas por hectárea. Este sistema se utiliza en zonas tractorables y de baja humedad relativa.

En eras: propio de las huertas caseras, con hileras separadas a 15 centímetros y plantas cada 8 centímetros. Se logra una densidad de 150.000 plantas por hectárea.

Control de malezas Más que ningún otro cultivo, la cebolla demanda un estricto control de malezas o deshierbas. En esta labor hay que tener cuidado, pues el sistema radicular de la planta es muy superficial, se puede causar daños severos y la posible entrada de enfermedades y plagas.

El ingeniero agrónomo Guillermo Torres, especializado en este cultivo recomienda: Ñ Efectuar una buena preparación del suelo y hacer las aplicaciones de fertilizantes y plaguicidas cuando el suelo cuente con suficiente humedad.

Ñ Calibrar los equipos y aplicar sólo las dosis recomendadas.

Ñ La aplicación de plaguicidas debe complementarse con deshierbas manuales.

Necesidades hídricas Al momento del trasplante es fundamental la disposición de agua, por lo que se recomienda la época de lluvias para realizar esta labor.

Después de la siembra, el suelo debe mantener su capacidad de campo (un buen grado de humedad) hasta unos 20 días antes de la cosecha cuando comienza la madurez. A partir de este momento se deben suspender los riegos.

La cebolla requiere de entre 700 y 750 milímetros de agua por cosecha. El riego por aspersión es recomendable, pero se debe tener cuidado pues se puede presentar mayor incidencia de enfermedades. El sistema tradicional de riego por Ramillón resulta ideal. Este se describió en la pasada entrega.

Tercera y última entrega: labores de cosecha y poscosecha, mercadeo, comportamiento de los precios y algunas recomendaciones para un buen cultivo PLAGAS Y SU CONTROL El cultivo de la cebolla cabezona es atacado por plagas del suelo y del follaje. Las más importantes son: * Thrips (thrips tabaci), llamados también piojitos de la cebolla, son insectos que se alimentan del follaje y la savia y causan manchas de color plateado que luego se secan. Se encuentran ocultos entre las hojas. Para su control se recomienda el uso de insecticidas sistémicos.

* Gusano de la cebolla (hylenia antigua), llamado también mosca de la cebolla o larva del tallo. Forma galerías en los tallos y en las hojas. Las plantas toman un color amarillento y los bulbos se pudren. Se controla con espolvoraciones de insecticidas o regado únicamente en el surco de siembra.

* Minador de hojas (liriomyza huidobrensis) es la principal plaga. Se trata de larvas de color blanco o amarillo y se alimentan del tejido interno de las hojas. Para su control se recomiendan los insecticidas sistémicos Hay otras plagas que atacan al cultivo, tales como babosas (milax sp.), caracoles (dorocera sp.), mil pies (oxidus sp.) y cien pies y la chiza o mojojoy (ancognatha scarabaedides).

Para el control de cada una de las anteriores consulte siempre al técnico agrícola.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
4 de julio de 1998
Autor
JUAN CARLOS DOMINGUEZ Redactor de EL TIEMPO

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