RACIONAMIENTOS: ELEVADAS PÉRDIDAS

RACIONAMIENTOS: ELEVADAS PÉRDIDAS

El costo económico anual de un racionamiento de energía en Colombia oscila entre 1.000 y 1.600 millones de dólares, sin contar con el impacto social que se desprende de los apagones. Así se deriva de varios estudios realizados por entidades como Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) y el Banco Mundial. El corte obligatorio de energía empieza a tener consencuencias desfavorables en pequeñas y medianas unidades productivas.

24 de marzo de 1992, 05:00 am

No hay duda. Existe una estrecha relación entre el verano y el racionamiento de energía eléctrica que hoy padece el país. Pero además de El Niño , que aparece cada siete u ocho años cusando intensas sequías, en el sector eléctrico, los errores de planeación tambien se repiten cíclicamente.

Parece ser una conclusión generalizada. El sector eléctrico ha sido una víctima de la mala administración, de los errores e imprevisiones de los gobiernos de turno, tramitología y hasta ingenuidad de los gobiernos que aceptaron endeudarse al máximo para construir sólo proyectos hidroeléctricos.

Hace tres semanas, cuando estalló la crisis del sistema eléctrico, el Gobierno fue énfatico en afirmar que el problema era un resultado exclusivo del clima: un verano intenso que tiene los embalses sin el agua suficiente para generar la energía necesaria.

Surgieron múltiples interrogantes. No resultaba lógico que el país dependiera de un verano. Por qué un ahorro obligado si hasta hace muy poco tiempo los expertos aseguraban que Colombia tenía un sector sobredimensionado, que podría abastecer la demanda sin problemas hasta más allá de 1993?; Qué problemas existen en el sistema de generación en térmicas?; En qué quedaron los planes de expansión?.

Poco a poco, el Gobierno fue permitiendo que las verdades fluyeran. Hasta que el ministro de Minas y Energía Juan Camilo Restrepo decidió hablar con mayor claridad ante la comisión tercera del Senado.

Quedó claro en esa sesión con los parlamentarios, que en realidad el verano no era la causa estructural del problema, sino un factor que aceleró el desencadenamiento de una enfermedad que estaba latente desde hacía varios años. Mal planeado Cuál enfermedad?. Que todo el sector se planeó sobre supuestos errados. Hace dos años, el Gobierno decidió archivar el plan de expansión porque había descubierto un exceso en la capacidad de generación eléctrica, supuesto causante primordial de la enorme carga financiera, y que la demanda no estaba creciendo como los expertos en econometría calcularon: 10 por ciento por año.

Hoy el Gobierno descubrió que el plan nunca debió archivarse y que el sector no está sobredimensionado: por el contrario, le faltan 500 megawatios para cubrir la demanda. Además, debe aumentar su capacidad en 350 megawatios por año: es decir, un tercio del Guavio cada doce meses si se quiere un crecimiento razonable.

Entonces apresuraron la decisión: Juan Camilo Restrepo y su equipo trabajan en forma acelerada para desempolvar el plan de expansión y lograr uno que permita darle confiabilidad al desarrollo eléctrico durante los próximos años. Será que en cinco años más otro Gobierno guardará de nuevo el plan?.

Aquí es posible identificar un primer ciclo en el que los Gobiernos contraen y expanden al ritmo que marcan los racionamientos. Restrepo lo resumió recientemente: Se ha caído en un círculo vicioso. Se realizan grandes inversiones en infraestructura, se produce la sobreinstalación, pero la elevada carga financiera hace frenar nuevas inversiones que origina atrasos en los proyectos, situación que conduce nuevamente a los racionamientos. Surge una primera conclusión: la infraestructura eléctrica estaba bien planeada. Pero los programas cambiaron a raíz de la exagerada demora de proyectos como Guavio y Ríogrande. Si estuvieran operando, el país estaría nivelado en generación eléctrica.

Pero, aún con esos proyectos en marcha, los expertos aseguran que el sector no tendría un margen suficiente que le permita afrontar sin acosos las inclemencias del trópico. Crónica anunciada Los hechos que se repiten son de vieja data. Durante los últimos quince años Colombia ha sufrido cuatro grandes racionamientos: en 1977, 1980, 1981 y el actual. En todos se pueden observar causas coincidentes.

En abril de 1980 surgió la voz de alerta: German Jaramillo Olano, gerente de Interconexión Eléctrica S.A. (ISA), llamó la atención sobre la necesidad de ahorrar energía para prolongar la llegada de un iminente racionamiento originado por el verano.

Posteriormente se empezaron a desglosar las causas de fondo del racionamiento: demora exagerada en los proyectos. Quedaba claro que la crisis podría prolongarse hasta 1983 porque los ensanches de Chivor, Chingaza y la línea de interconexión con la costa estaban retrasados considerablemente. Sinembargo, el Gobierno había dicho que los cortes sólo durarían dos meses.

Pero, la lluvia llegó y el racionamiento continuó. En noviembre Jaramillo, anunció que el racionamiento eléctrico, ya obligatorio para el sector industrial, podría incrementarse a 12 horas diarias para el sector residencial y cuatro para las empresas, el 10 por ciento de su consumo.

Luego en 1981 la situación de los embalses no mejoró y el racionamiento continuó su marcha: de nuevo el verano no era la causa primordial; la infraestructura era deficitaria, el sistema no podía generar la energía suficiente en todas las épocas climáticas. El déficit, como el de hoy, era de 400 o 500 megawatios.

Luego la intensidad de los racionamientos disminuyó parcialmente durante los últimos meses de 1981. Pero en mayo del 82 estalló de nuevo la crisis. Se produjo un paro cívico de campesinos que bloquearon la operación de Chivor. El Gobierno aseguró que, como resultado de ese hecho, un nuevo racionamiento era inminente.

La situación se normalizó a finales de 1982 y luego durante los primeros meses de 1983, ante la nueva demora en la llegada de las lluvias, volvieron los cortes de energía.

Coincidencias? los mismos errores? o es que la historia se confabula dramáticamente con el sector. Nadie escuchó Aunque este último racionamiento surgió en forma totalmente inesperada y tomó por sorpresa a la opinión pública, era un hecho previsto por expertos y autoridades del sector con casi dos años de anticipación.

En un estudio contratado por Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) en 1990 reveló que en 1992 sería necesario racionar el consumo de energía en 5.1 por ciento de la demanda total. Las causa que, en ese momento explicó el estudio, no difiere mucho de la que hoy ha dado el Gobierno: retraso en el plan de expasión.

El mismo documento (cuya referencia es 042-E de ISA) estima que la economía perdería cerca de mil millones de dólares por los cortes de energía. Hoy ISA habla de pérdidas cercanas a los 1.600 millones de dólares en un año de racionamientos con la intesidad actual.

Pardójicamente, el gerente de ISA, Pedro Javier Soto Sierra, poco después desmintió el estudio. Garantizó que no se presentarían racionamientos en el suministro de energía y que el sector estaba en capacidad de atender la demanda hasta despúes de 1992.

Soto aseguró que el documento, mencionado en ese momento por la Sociedad Colombiana de Ingenieros (SCI), estaba sustentado sobre cifras y estudios ya revaluados.

Esa predicción no fue la única. Alvaro Ruiz Hernández, asesor del Ministerio de Minas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), presentó un estudio en 1988 que, palabras más, palabras menos, presagiaba la situación que hoy obliga los cortes de energía.

Según el análisis de Ruiz, el Gobierno tenía que tomar decisiones para ampliar la oferta de energía porque la demanda no estaba creciendo, como se pensaba a un ritmo de 5,8 por ciento anual. El sector no podía esperar la entrada de Guavio y Riogrande. El estudio concluyó que la demanda crecería más del 8 por ciento por año.

Parece que lo que todos negaban publicamente, terminó imponiendose como una realidad que el país tendrá hoy que asumir estoícamente y pagar el costo: 400 millones de dólares trimestrales en menor producción económica, unos 250.000 millones de pesos. Térmicas: historia de abandono Al margen de la discusión de si se tomaron a tiempo las decisiones de expasión, surge un problema adicional que ha contribuído a agudizar la crisis: las plantas de generación térmica atraviesan una difícil situación por física falta de mantenimiento.

Una térmica produce energía eléctrica a base de hidrocarburos como el gas, el carbón o el fuel oil. Según los expertos, son máquinas extremadamente sensibles, como relojes suizos de mecanismos que requieren ajustes permanentes.

Aunque, dentro del total de generación eléctrica nacional, las térmicas sólo representan el 22 por ciento, si cubren la mayor parte de la demanda de la Costa Atlántica y han contribuido, por su mal estado, a que las hidroelécrtricas fueran forzadas a producir más de lo normal.

La situación es crítica. La Corporación Eléctrica de la Costa Atlántica (Corelca) tiene, teóricamente, una capacidad de generación térmica de 1.100 megawatios, pero sólo está en capacidad de generar 700, un 36 por ciento menos.

Termobarranquilla, que tiene un potencia de 270 megawatios, está trabajando con menos de la mitad de su capacidad. Hace cerca de diez años que no recibe mantenimiento. Recientemente empezaron los trabajos de mantenimiento en dos de sus generadores que entrarían en operación en mayo.

En Termocartagena la situación es idéntica. Además existen pequeñas unidades de turbogas y vapor paradas desde hace varios años porque tienen 50 y 60 años de antiguedad y no es rentable repararlas. Esta pequeñas significan 150 megawatios menos.

Para completar el caótico panorama, las dos unidades de ISA en Chinú con capacidad de generar 130 megawatios, que se instalaron hace cerca de diez años, nunca funcionaron por falta de gas en la zona. Sólo hasta hace muy poco se logró adjudicar a privados el traslado y operación de las plantas en Barranquilla.

Razones del problema? Entre una suma de factores, que incluyen la ineptitud y mala adminitración, sobresale la extensa tramitología necesaria para obtener un crédito destinado a financiar el mantenimiento de una planta. Procesos que duran entre 12 y 24 meses durante los cuales los documentos pasan por todas las instancias del Estado.