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Las personas que viajan en esta época pueden vivir en carne propia lo que han visto o leído después de los atentados del 11 de septiembre: hay un afán por intensificar las medidas de seguridad y de identificación de los individuos.

Las personas que viajan en esta época pueden vivir en carne propia lo que han visto o leído después de los atentados del 11 de septiembre: hay un afán por intensificar las medidas de seguridad y de identificación de los individuos.

En los aeropuertos de los Estados Unidos, el país más concentrado en esta materia, se multiplican las filas, los pasajeros invierten mucho tiempo al registrarse en los vuelos, se ven soldados armados que parecen extraidos de una película y quienes van a entrar a un avión son sometidos a minuciosas requisas.

El temor a los atentados sigue ardiente en ciudades como Nueva York y se siente también en varios países europeos (España, Gran Bretaña e Irlanda entre otros).

En este panorama la biometría crece con aires de salvadora. Se trata del estudio mensurativo de los fenómenos biológicos, que aplicado a las necesidades de seguridad, significa que una persona puede ser identificada a través de señales físicas propias, distintas a las tradicionales huellas dactilares impresas con tinta.

Para lograr la tarea en pocos minutos se desarrollan programas de computadores, con mínimos márgenes de error. Estos, conectados a una base de datos de la policía o de un servicio de seguridad, detectan los rasgos identificados y los comparan con la información almacenada. De inmediato se tiene acceso al nombre completo, el domicilio y el pasado judicial de la persona.

Sin abrir la boca, nuestros cuerpos hablan por nosotros. Los programas informáticos nos pueden identificar por el iris, la pupila, la distancia entre los ojos o los pómulos y la anchura del puente nasal, además de otras medidas.

Visionics, empresa dedicada a la tecnología aplicada a la biometría, ofrece, por ejemplo, un sistema llamado FaceIt, que identifica personas mediante 80 rasgos faciales. Su código digital contiene información intrínseca a cada cara y es capaz de identificar una persona que haya sufrido cambios físicos: no importa si varía el tono de la piel, la barba o el bigote, el maquillaje, el peinado, los gestos, las poses o la luz. Incluso puede identificar a una mujer musulmana con la cara cubierta por el velo: Y no le afecta el paso del tiempo, pues asegura que los rasgos básicos de una persona no cambian desde los 13 años. Su porcentaje de error es de 0,68 por ciento.

El tono de la voz, la configuración de la palma de la mano y las tradicionales huellas dactilares también ofrecen información sobre el individuo.

Respecto a las huellas dactilares cabe destacar que, aunque no pierden vigencia, la rutina de impresión y comparación ha sufrido cambios. Ahora se puede realizar sin el uso de tinta y se aplica en nuevas áreas. En muchos lugares, por ejemplo, reemplaza el código personal de acceso a los computadores y a áreas restringidas de empresas y aeropuertos. La demanda de los programas que lo permiten ha subido notoriamente desde el 11 de septiembre.

Diga whiskey.

Las cámaras también son útiles en seguridad. Su uso en lugares públicos es cada vez mayor. Ahora hay cámaras fotográficas que registran a las personas en muchos lugares, desde parqueaderos hasta centros comerciales.

Howard Safir, que trabajaba con la policía de Nueva York, ve en ellas a unas aliadas para impedir actos terroristas. Considera que 100 cámaras de vigilancia con tecnología biométrica (que permiten identificar a una persona en plena calle a metros de distancia) serían suficientes para tener en la mira a Times Square, una de las plazas más representativas de la Gran Manzana.

Con este panorama no es de extrañar que las empresas tecnológicas como Visionics, American Science, Byoscrypt o Invision Technologies presentaran alzas en la bolsa, mientras ésta caía como consecuencia de los atentados en E.U.

Los grupos que defienden la privacidad y los derechos civiles han encendido su propia alarma. El filósofo holandés Irma van der Ploeg es claro: (estas medidas) convertirían el cuerpo de un individuo en un testigo contra sí mismo . Pero su voz y la de quienes se oponen a los nuevos usos de la biometría tienen que pelear contra el ruido de las explosiones terroristas.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
19 de diciembre de 2001
Autor
JUANITA SAMPER OSPINA.Especial para EL TIEMPO

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