ATAQUE A DABEIBA FUE DEMENCIAL

ATAQUE A DABEIBA FUE DEMENCIAL

La masacre de Dabeiba, como otras tantas, estaba anunciada. Más de un centenar de campesinos que llegaron desterrados de la zona rural de ese municipio dijeron que desde el 20 de julio fueron amenazados por los paramilitares.

2 de diciembre de 1997, 05:00 am

Según ellos, ese día los hombres armados llegaron a las veredas, los amenazaron y los llamaron alcahuetas de la guerrilla. Por eso, la guardia era permanente y la mayoría de pobladores alcanzó a correr el pasado jueves, cuando uno de los vigías avistó a lo lejos a los hombres armados. Los testimonios señalan que las víctimas de la matanza serían 18.

A la zona llegaron fuerzas especiales del Ejército, pero una comisión de la Cruz Roja no puedo llegar hasta las veredas.

El jueves, un ataque de locura asaltó a Flor Emilse Rivera cuando tras cinco días de camino por las montañas de Dabeiba se topó con el cadáver de su esposo Alejandro Higuita. Abandonó a su hijo de un año sobre un pedrero, se olvidó de los otros tres que la seguían y desesperada se desvió del rumbo que llevaba junto a otros desplazados.

Yo le vi los pies y le vi la ropa y sólo pensé cómo esos hombres despiadados habían acabado con mi marido , relata la campesina de Antasales, una vereda de Dabeiba que como otras de Ituango y Córdoba crecieron vecinas al nudo de Paramillo, la nueva ambición de Carlos Castaño, comandante de las Autodefensas de Córdoba y Urabá (Accu).

Ya era sábado y había dejado su rancho en Antasales desde el martes para llegar hasta La Balsita, a dos horas del parque de Dabeiba, en donde esperaba encontrar a su esposo. Ahora, con la sola idea de salvar a sus cuatro pequeños, el domingo por la tarde llegó a La Balsita.

Estaba anunciado Los campesinos de Antasales, Tocunal, Buenavista y Galilea no tienen las cuentas claras sobre los agricultores asesinados. A los nueve muertos registrados por la alcaldía de Dabeiba, les suman la familia Zabala y otra familia, que habría quedado en el monte. Podrían ser 18 los muertos , dicen al narrar las atrocidades que cometieron los asesinos.

Frente a las casas incendiadas de La Balsita, 110 campesinos, entre ellos 56 niños, se resisten a llegar a Dabeiba, donde ayer estaban otros 150 desplazados. No queremos irnos a pasar hambre. Nosotros no tenemos compromisos con nadie. Tenemos la conciencia libre y si el Ejército se quedara para cuidarnos, qué mejor que volver a las tierritas y seguir viviendo , dicen.

Los 300 habitantes del caserío se salvaron de morir, según relatan, porque corrieron cuando alguien gritó que venían los hombres armados. La guardia en el caserío era permanente desde el pasado 20 de julio, cuando los paras entraron y, tras llamarlos alcahuetas de la guerrilla, los amenazaron. Desde entonces, nadie dormía en sus casas.

A los campesinos, que se sienten con la conciencia tranquila les duele recordar los muertos. Entre las personas asesinadas sólo había uno que era guerrillero. Albeiro Avendaño sí andaba con la guerrilla, los demás eran campesinos conocidos por todos .

Aseguran que no le deben nada a nadie y menos a los hombres de Castaño, que ahora reparten terror en el Nudo de Paramillo, pero sufren las consecuencias del complejo de persecución que viven paramilitares y miembros de las Convivir en las zonas de conflicto.

A nadie en esta población le cabe en la cabeza que los niños y las mujeres se sigan topando en los caminos de huida con los cuerpos de sus padres y esposos mientras Castaño predica con orgullo por ahí que antes de que termine diciembre él debe estar durmiendo tranquilo en el Nudo de Paramillo .