QUÉ FUE, QUÉ HIZO Y QUÉ DEJÓ EL MRL
El MRL, movimiento disidente del Partido Liberal, comenzó a gestarse en 1957 y sobrevivió hasta 1963, cuando se selló la unión con el gobierno del presidente Carlos Lleras Restrepo.
Surge inicialmente como un grupo de amigos seguidores de Alfonso López Michelsen, integrado en su mayoría por gente joven, ansiosa de debutar en política y que compartía con él sus reparos jurídicos respecto a algunos de los cambios que, a instancias de los conservadores, se impusieron a los acuerdos que crearon el Frente Nacional. Y es que, contra lo que se hizo creer en su momento, ni López Michelsen ni sus amigos se oponían originalmente al Frente Nacional. Al contrario, respaldaban con entusiasmo la idea, pero dentro de los términos en que la concibió el ex presidente López Pumarejo y como se pactó en los documentos que le dieron vida, suscritos por sus ejecutores, Alberto Lleras y Laureano Gómez: como un gran acuerdo entre los dos partidos, que dejara sin base el argumento con el cual el dictador Rojas Pinilla pretendía eternizarse en el poder, como era el de que liberales y conservadores no podían o no sabían vivir pacíficamente en democracia, como lo atestiguaba la violencia que los enfrentó durante los cinco años que precedieron al golpe de Estado.
Alternación frentenacionalista El acuerdo original del FN contemplaba la distribución de los cargos públicos entre liberales y conservadores, según la proporción de sus fuerzas electorales, y luego se cambió para aplicar la paridad, cualquiera que fuera el resultado de las urnas. Una reforma que, sin embargo, no encontró oposición entre los futuros dirigentes del MRL aún no constituido como tal, quienes consideraron que dicha reforma tenía un propósito didáctico, en el sentido de que, ganase quien ganase, no habría una espantada burocrática de los contrarios. Pero después y sin que esto fuese contemplado en los mencionados acuerdos iniciales se pactó la alternación, adoptada a posteriori como enmienda constitucional, la cual, de paso, echó por tierra el espíritu que consagró la paridad.
La tesis de López giraba alrededor de la inconveniencia de pactar la alternación forzosa entre los dos partidos haciendo caso omiso de su natural derecho de optar al poder por la legítima decisión de las mayorías. Eso, a juicio suyo, significaba someter durante 16 años a la democracia a interdicción judicial como si aún Colombia no hubiera ganado el derecho a la libertad . Ese planteamiento, expuesto machaconamente por su autor a través del semanario La Calle, fue abriendo una brecha en las filas del liberalismo, que muy pronto comenzó a engrosar a un sector considerable del partido en toda la República. López iba advirtiendo cómo a través de la coalición, el conservatismo había ganado el insólito derecho de controlar al adversario. Cuando el liberalismo se veía conminado a remodelar su plataforma doctrinaria para no defraudar la confianza ni las esperanzas que le han depositado las mayorías, López veía y así se lo hacía ver al país cómo las derechas le habían puesto una camisa de fuerza, un freno que manipulaban en razón de sus intereses.
Sus argumentos no podían ser rebatidos por el oficialismo que, a través de la prensa, se dedicó a atacarlo, utilizando viejas tácticas de desprestigio, como fue entre los menores la de acusarlo de haber permanecido ausente de Colombia durante cinco años. Mientras tanto López, acompañado de sus lugartenientes Alvaro Uribe Rueda y Felipe Salazar Santos, en primer lugar realizaba giras políticas por diferentes regiones, donde, a pesar de que las autoridades locales le negaban la plaza principal, los balcones y hasta el servicio de megafonía, iba comprobando cómo sus tesis sacudían la conciencia liberal del país y el movimiento crecía día por día. Las mayorías liberales de los tres departamentos de la Costa Atlántica y Antioquia fueron los primeros en adherir sin reservas al movimiento disidente que, ante esta situación, decide organizarse, no como un nuevo partido que de hecho sería ilegal, según la nueva reforma constitucional que le cerraba el paso a un tercer partido sino con el propósito de influir en el liberalismo y llegar a controlar sus mayorías.
Derecho a disentir Visto todo esto con la perspectiva de 40 años, quizás no se entienda por qué esos desacuerdos, más que todo de tipo académico y doctrinario, no podían resolverse en una mesa de debates o en una convención, sin tener que llegar a la división irreconciliable, que de hecho se produjo. Pero no. Prevaleció la tozuda intolerancia del oficialismo liberal hacia los disidentes, bajo el argumento de que esas críticas ponían en peligro la paz pública. Se excomulgaba a los liberales que manifestaban su desacuerdo con algunos aspectos del FN, mientras que, por otra parte, se aceptaban sin chistar todos los cambios que a lo largo del proceso impuso Laureano Gómez, contra lo votado en el plebiscito por cuatro millones de colombianos.
Y es que detrás de esa terca actitud de anatemizar a toda costa a los inconformes del propio partido subyacía sobre todo el propósito de cerrarle el paso a López Michelsen. Por qué? Este joven abogado y escritor se mantuvo forzosamente en la sombra durante las dos presidencias de su padre, pero desempeñándose como el más cercano consejero del Presidente, situación esta que el doctor López Pumarejo no disimulada. Todo lo contrario: era común en él demorar ciertas decisiones importantes en las reuniones del gabinete hasta el día siguiente, diciéndoles a sus ministros Déjenme consultar esta noche con Alfonso . Ello, como es de suponer, le ganó antipatías y celos de poder entre algunos miembros del equipo de gobierno y, por otra parte, le valió el mote de El hijo del Ejecutivo , base de la campaña llevada a cabo por la implacable oposición conservadora acaudillada por Laureano Gómez y que al final obligó a renunciar al Presidente antes de concluir su segundo período. López Michelsen se mantuvo al margen de la vida pública mientras su padre fue jefe del partido. Y cuando a los 45 años intentó comenzar a recorrer el camino de la política, exponiendo sus discrepancias jurídicas avaladas por su brillante trayectoria de constitucionalista los pontífices del oficialismo encontraron en esa actitud el mejor pretexto para excomulgarlo, combatirlo con saña y cerrarle el paso dentro del partido.
No fue, pues, solamente el no a la alternación lo que motivó la división liberal, sino también la férrea pretensión de elevar las hogueras de la inquisición política contra todo el que discrepase de los dogmas oficialistas. El MRL (Movimiento de Recuperación Liberal) nace, por lo tanto, enarbolando fundamentalmente la bandera del derecho de disentir.
Coalición de izquierdas A sus filas empiezan a sumarse personalidades destacadas de todas las profesiones y condiciones: políticos como Virgilio Barco; historiadores como Indalecio Liévano Aguirre; poetas como Jorge Gaitán Durán; arquitectos como Hernán Viecco; artistas como Bernardo Romero Lozano, Jorge Elías Triana e Ignacio Gómez Jaramillo, además de los más destacados líderes de la izquierda, entre quienes se destacan Gerardo Molina, ex rector de la Universidad; Diego Montaña Cuéllar, infatigable líder del sindicalismo petrolero; Juan de la Cruz Varela, líder agrario de Sumapaz; Alfonso Barberena, el más destacado dirigente popular del Valle; y Estanislao Posada, líder del liberalismo antioqueño. El MRL se convierte, por lo tanto, en una brecha salvadora para el partido liberal, en la cual convergen muchas aspiraciones retrasadas del pueblo colombiano.
Ya no es solo el rechazo a la alternación y la defensa del derecho de disentir las únicas banderas del Movimiento, el cual, a instancias del respaldo que ha ganado en las masas, comienza a esgrimir también las banderas populares del liberalismo y que el oficialismo había abandonado en aras de la nueva alianza, a través de la cual se hacen cada vez más tenues las fronteras ideológicas entre los dos partidos. El liberalismo se conservatiza, sin que, como contrapartida, el conservatismo se liberalice.
El primer desafío al sistema es el lanzamiento de una lista propia para las elecciones legislativas de 1960 encabezada por López Michelsen y Uribe Rueda, la cual lleva a la Cámara a 17 representantes del MRL, que para entonces es la sigla del Movimiento Revolucionario Liberal , nombre que sustituyó al original y que evocaba los días de la Revolución en marcha , además de que encajaba mejor dentro del ánimo popular de esos tiempos (los días de la generalizada luna de miel con la revolución cubana), todo lo cual animaba a López Michelsen a concluir sus discursos con la célebre frase de Pasajeros de la revolución, favor pasar a bordo .
El segundo desafío fue la candidatura disidente de López Michelsen a la presidencia en las elecciones de 1962, frente a la candidatura oficial de Guillermo León Valencia y que le permitió al MRL contarse en las urnas, en las que obtuvo más de 600 mil votos.
Unión liberal El inusitado crecimiento del MRL puso mucho más en guardia al oficialismo que, a través de un grupo macarthysta que se conoció como la mano negra cuya consigna fue la de preservar al país de la amenaza comunista no ahorró armas para combatir al movimiento, hostigándolo por todos los medios, hasta lograr ahogar el semanario La Calle, que no volvió a recibir un solo aviso; y atacando a López por todos los flancos, reviviendo, incluso, el viejo escándalo de la Handel en un libro que, con ese propósito, escribió Enrique Caballero Escobar. Pero nada de ello logró atajar el crecimiento del MRL, que para 1963 era ya un multitudinario y poderoso movimiento de masas con el cual se identificaba mejor la mayoría del liberalismo. Fue entonces cuando el presidente Lleras Restrepo decidió negociar.
El acuerdo se planteó a nivel exclusivamente doctrinario, y no sobre bases de reparto burocrático, como suelen ser estos pactos. En efecto, la unión liberal se hizo alrededor de una reforma constitucional, de una nueva orientación en la política internacional, de la autonomía monetaria del país frente al Fondo Monetario Internacional y de otras medidas de vasta trascendencia que mostraron, todas ellas, el alcance dialéctico que tuvo la unión liberal como proceso de síntesis.
De esta etapa de la vida colombiana pueden sacarse varias conclusiones. La más importante de las cuales es que el MRL mantuvo viva la mística liberal durante los 16 años del maridaje del partido con la derecha. Y, además de que logró remozar su anquilosada doctrina. Quedó muy claro, por otra parte, que las ideas son invulnerables y pueden abrirse camino en las peores condiciones incluso por los difíciles atajos de la disidencia y bajo los más arteros ataques, cuando tienen fuerza y logran prender en el corazón del pueblo. Y quedó igualmente demostrado que el talante liberal colombiano no admite gestos autoritarios como los que pretendieron reducir al ostracismo al MRL.
López, después de esa larga y penosa travesía por el desierto, llega finalmente a la Presidencia como candidato oficial del partido liberal, cuando el país recobra el libre juego democrático. Fue el primer mandatario post-alternación, en el que se disputaron la Presidencia tres hijos de ex presidentes: él, Alvaro Gómez y María Eugenia Rojas. Se presentó a esos comicios con un mensaje de marcado acento liberal, el cual es consustancial con su temperamento. En mi gobierno prometió no habrá delitos de opinión y será nuestra norma garantizar y respetar el derecho de disentir .
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 23 de noviembre de 1997
- Autor
- JOSE FONT CASTRO

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