UN CEMENTERIO MUY VIVO

UN CEMENTERIO MUY VIVO

El cementerio San Pedro, de Medellín, se llenó de vida. Luego de 159 años de recibir solo lágrimas, deudos y dolor, este camposanto desde hace 12 meses es la sede del programa Noches de luna llena .

2 de noviembre de 2001, 05:00 am

El cementerio San Pedro, de Medellín, se llenó de vida. Luego de 159 años de recibir solo lágrimas, deudos y dolor, este camposanto desde hace 12 meses es la sede del programa Noches de luna llena .

Gracias a esta iniciativa, una vez al mes el sitio se llena de cuenteros, tragafuegos, poetas, teatreros y músicos, y de más o menos 300 personas que acuden a una visita guiada a este cementerio, declarado como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional , por el Gobierno desde hace dos años.

Allí recorren las cerca de 29.000 bóvedas, los 5.000 osarios, los 3.000 cenizarios y los 180 grandes mausoleos, que componen esta Ciudad de los Muertos , como también es nombrado el lugar por sus administradores.

Cuando ya ha bajado el nerviosismo que, de todos modos, impone el lugar, y estando ya instalada la gente al lado de los ángeles y las vírgenes de mármol del patio circular, los saltimbanquis, los personajes en sancos y los teatreros entregan sus artes, en temas siempre relacionados con la muerte.

Jóvenes y adultos se han vuelto asiduos de estas singulares lunadas en este camposanto. La iniciativa de convertirlo en lugar de cultura y reunión le ha dado una nueva vida a un espacio que estaba consagrado exclusivamente para la muerte y el dolor.

Hace menos de un mes, la embajada de Francia y el ministerio de Cultura le otorgaron al San Pedro el Premio Colombo Francés en Patrimonio Cultural, por el programa La otra mirada , que es el proyecto que desarrolla las lunadas y otros eventos.

Los museos deben relacionarse con la ciudad y abrirse a las diferentes manifestaciones artísticas , dice su directora, la arquitecta Catalina Velásquez. Sin embargo, ella reconoce que este tipo de encuentros son difíciles de aceptar.

Una parte de las personas dice que nos enloquecimos; que esto es una profanación , dice ella. Sin embargo, mirándolo de otra manera, nuestra propuesta es un homenaje diferente a los muertos. Es una oportunidad para que hablemos con tranquilidad de la muerte. Es crear vida a partir de la muerte, que es una parte fundamental de la vida .

Reflejo de la ciudad.

Por otra parte, los nuevos programas han servido para darle nuevos aires a este cementerio y proyectarlo a la comunidad como uno de los sitios más exquisitos y plenos de arte de todo el país.

Su patio central, por ejemplo, tiene obras de gran factura artística. Cada mausoleo lleva el nombre de la familia propietaria y en conjunto muestran las influencias arquitectónicas que llegaron a la ciudad a través de los siglos XIX y XX.

Algunos son clásicos con columnatas y capiteles elaborados en estilo neoclásico. Angeles en tamaño casi natural y cruces guardan las entradas.

Otros muestran la llegada del modernismo, libre de adornos y con los iconos en su interior. El material predilecto era el fino mármol italiano de Carrara en diversos tonos y jaspeados. Luego este dio paso al vidrio, al granito y al ladrillo a la vista.

Artistas antioqueños de renombre hicieron allí su obra. Entre otros, Francisco Antonio Cano dejó su huella en la gran lápida vertical sobre la tumba de Jorge Isaacs, quien antes de morir dijo: quiero dejar mi corazón en Antioquia .

Jorge Marín Vieco dejó sus crucifijos en bronce en varios mausoleos, y Rafael Sáenz, hizo los vitrales de la capilla que cierra el cementerio, la cual fue diseñada por el francés Agustín Goovaerts.

Pero eso no es todo. Las galerías posteriores que rodean el patio conforman tres pisos de bóvedas, una junto a otra. Las lápidas están adornadas con fotos de los muertos, flores naturales y plásticas con gotitas de rocío en silicona, mensajes en cintas moradas, azules y amarillas, y calcomanías de María Auxiliadora y del Deportivo Independiente Medellín. Puro arte kitch.

Allí están los artistas anónimos, que también hablan de lo que somos , dice Catalina Velásquez. Es que también somos mañés .

Por eso, al lado de una réplica perfecta de La Piedad de Miguel Angel, hay magníficas composiciones que tienen todo lo que debe tener el arte: jerarquía, color, simetría, etc. Solo que en lugar de vírgenes y seres alados o bíblicos, representan el escudo del Deportivo Independiente Medellín.