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LOS MÉRITOS DE JORGE BARÓN

En un país en donde muchos merecimientos se deben poner en duda, el de Jorge Barón, en cambio, es absolutamente justo.

Justo además por varios motivos. En primer lugar, ha hecho una carrera a punta de esfuerzo, de mantenerse dentro de una línea coherente, de apostarle a una clase de televisión que sintoniza fervorosamente con los gustos populares. Una carrera sin deslfinazgos que hagan las cosas más fáciles, sin apellidos que abran las puertas, sin palancas ni escaleras a la mano para subir.

Desde sus sencillos orígenes en emisoras radiales de Ibagué, Jorge Barón ha ido estructurando un empresa que a estas alturas ya tiene una tradición ganada, una infraestructura técnica importante y unos sistemas de producción propios.

En segundo lugar, Barón ha sabido percibir como muy pocos en su medio la sensibilidad popular. Sin despreciarla, sino por el contrario, valorándola en lo que tiene de verdad, de sinceridad, de silencio. Porque durante años los que ha prevalecido en este país son las estéticas, los juicios y los saberes de unas élites que miran por encima del hombro, con mucho de discriminación y bastante de exotismo light, las manifestaciones de la cultura popular que se expresan vivamente y a su manera en la música carrilera, las devociones religiosas, el melodrama.

Lo que muchos olvidamos, incluidos por supuesto y en primer lugar a los críticos (a los que no hay que creerles demasiado) es que una mayoría del país pone su corazón y su inteligencia desbordante en la ranchera, el fútbol, las carreras de Rentería, el pesebre en diciembre, el chance y la lotería. Y que no puede existir una televisión democrática, cultural, pública que no tenga en cuenta la diversidad de gustos, la pluralidad de estéticas y de modos de vivir.

Jorge Barón también ha sido un impulsor de la música colombiana a través de programas que no son de ahora sino de hace años. Gratifica observar cómo El show de las estrellas se ha convertido en un fenómeno masivo, en un acto de celebración que ya no tienen ni la política ni las iglesias. Los coliseos de Armenia o de Ibagué, de Pereira o de Bogotá rebosan hasta el delirio con las presentaciones de Diomedes Díaz, las hermanitas Calle, Oscar Agudelo o Marbelle. Allí se siente la emoción sin cortapisas, la fidelidad irrestricta con los ídolos; pero también con lo que identifica como sector social. En cada uno de esos eventos multitudinarios se reafirma un país que desea amar más allá de toda violencia, que se estremece con las pasiones cotidianas que cantan Alcy Acosta, Charlie Zaa o la ronca de oro.

No es un país diferente al de los desplazados que sufren el terror de su desarraigo a la fuerza, ni el de los campesinos masacrados por unos y por otros, ni el de los colombianos que le corretean al hambre con su economía de semáforo.

Haber mostrado el rostro de ese país, es uno de los grandes logros de Jorge Barón, obviamente en medio de dificultades y de desaciertos. Haber descubierto la vena de lo popular, la validez de otros gustos, es din duda un aporte a la imaginación y a la convivencia de este país.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
14 de diciembre de 1997
Autor
SANTIAGO CORONADO

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