HAIKU: LA VID EN TRES LÍNEAS

HAIKU: LA VID EN TRES LÍNEAS

Cuenta la leyenda que una noche de 1664, en una pequeña aldea de la provincia de Kioto (Japón), un osado ladrón entró a la humilde celda del monje budista Ryokán y robó algunas cosas de valor que guardaba el ermitaño. Cuando Ryokán se enteró del suceso, meditó un momento y con voz pausada y firme dijo: Al ladrón se le olvidó la luna en la ventana .

21 de abril de 1991, 05:00 am

Algunos consideran a los monjes budistas, especialmente a Matsuo Basho, como los iniciadores del haikú, que en una concepción simplista es poesía japonesa en tres versos, pero otros estudiosos remontan su origen 200 años atrás y atribuyen a estos monjes la renovación y el retorno del sentido espiritual en esta clase de escritos.

En Colombia el haikú ha despertado una oleada de simpatizantes y cultores, gracias a la dedicación y la difusión que adelanta la Asociación Colombiana de Haikú, fundada en 1989 por el poeta quindiano Humberto Senegal.

La entidad tiene su sede en Calarcá (Quindío) y reúne en la actualidad a 20 miembros del Quindío, Valle, Medellín y Bogotá. Ahora editan un folleto mensual en varios idiomas: Neblina, se envía gratis a más de mil poetas de haikú en 50 países, con muestras de escritores colombianos y extranjeros.

Senegal lleva 28 años trabajando el haikú y lo define como una vía de autoconocimiento, una forma de abrir nuestra conciencia al universo, y un medio para entrar en contacto con Dios.

A medida que se penetra en el budismo zen, el escritor de haikú se da cuenta que su verdadero sentido es una vía para llegar a Dios , manifiesta Senegal.

Senegal ha sido más conocido en el extranjero que en Colombia. Tanto que fue el único poeta nacional invitado por el Gobierno de Brasil para hablar sobre haikú en el segundo congreso brasilero de poesía y segundo encuentro latino de casas de poetas, que se realiza actualmente en Nova Prata, estado de Rio Grande do Sul.

El poeta ha sido galardonado en varias oportunidades en concursos de cuento y poesía mundiales, y su último éxito lo obtuvo en Puerto Rico el mes pasado, al recibir una mención de honor en el Primer Concurso Internacional de cuento breve, auspiciado por el centro de Estudios Superiores de la ciudad de Rio Piedra y la Unesco.

Junto a su esposa Gloria Inés Rodríguez, inició la publicación de una colección de volúmenes de haikú en ediciones bilinges, a la cual corresponden los libros Libeluna, Pundarika y Ventanas al Nirvana.

La Asociación Colombiana de haikú es la única entidad nacional de este tipo, reconocida mundialmente en el Directorio Internacional de Poetas de Haikú, editado en el Japón con las direcciones y nombres de 1.400 poetas de 60 países. Poesía sin metáforas El haikú es la manifestación literaria del Zen, una rama del budismo Mahayana que tiene otras formas estéticas difundidas en el mundo: el bonsai (cultivo de árboles enanos) es una de ellas. El origami (figuras de papel mediante el doblado), el ikebana (decoración floral), las artes marciales, el tiro al arco y la ceremonia del té.

Centra su doctrina en la contemplación y la percepción del yo interior como forma de crecimiento espiritual y camino hacia Dios.

Contrario a la poesía occidental, el haikú no utiliza metáforas u otras formas estilísticas afines. Su trazado es sencillo y objetivo porque como lo define el semiólogo Roland Barthes, es el lugar en que las palabras descansan del sentido .

El culto al haikú ha sido creciente en los últimos años en occidente, gracias a la dedicación que le han profesado destacados escritores, entre otros Octavio Paz (mexicano), Javier Sologuren (peruano), Jorge Carrera Andrade (ecuatoriano), Juan José Tablada (mexicano) y el recién fallecido poeta brasileño Pablo Leminsky.

Para el mismo Basho, el Haikú es simplemente lo que está sucediendo en este lugar y en este momento. El premio nobel Octavio Paz, en su ensayo Tres momentos de la literatura japonesa , dice que el haikú es una crítica de la realidad y simultáneamente una crítica del lenguaje, del lugar común y de la pretensión del hombre de identificar, de significar y de decir.

Por ello, esta forma de poesía profundiza en cosas sencillas como un caracol: Me escondo del mundo mientras el caracol se esconde de mí. (1) Y a la vez trata temas más complejos como la muerte y la violencia, con igual humildad: Sobre la lápida un rojo clavel fresco y una hormiga apresurada. (2) O este otro: El pájaro que parloteaba; muerto, en la huerta. (3) En la lectura del Haikú, su significación depende de cada lector, de su nivel de percepción y su grado de sensibilidad hacia la vida y el mundo.

El haikú tradicional japonés está escrito en tres versos y su composición silábica corresponde a la medida 5-7-5. Sin embargo, en español ha variado su composición de uno a cinco versos, sin importar el número de sílabas. Casi todos los escritores en español recomiendan usar los tres versos como forma básica y definida del haikú.

El haikú tiene otras formas de escritura conocidas como el haikai, que es una poesía cargada de humor: El cazador manco observa orgulloso al león en la pared. (4) Y el tanka, de cinco o seis versos y dos ideas que se oponen entre sí. A la manera occidental un ejemplo puede ser: Se durmió el niño escuchando al abuelo relatar historias. Quién le contará ahora un cuento al viejo para curar su insomnio (5)? (1) Haikú de Arbén Fernández (Armenia); (2) y (5) Humberto Senegal (Calarcá); (3) Javier Tafur (Cali); (4) Roberto H. Saito (Brasil).