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DRAMA HUMANO POR QUIEBRA DEL BANCO LATINO

Francisco D Amato Di Miele se mató de un tiro en la cabeza para lavar su honor manchado. María Da Concepcao Alves murió el día que debió viajar a Portugal y no pudo. La mató el corazón.

Marina Regina Villamizar fue vista por un vecino en el mercado de Coche, cuando recogía frutas podridas. El hombre entendió la razón de la inmigrante colombiana, y ambos lloraron y maldijeron.

Antonio Figueroa sacó sus máquinas a la calle en Valencia, y las entregó a los obreros de su fábrica de quesos. No tengo otra forma de pagarles , les dijo, y se encerró.

A D Amato, italiano de 59 años, su honor se le manchó por la misma razón por la cual la conserje portuguesa de 63 murió, la misma que obligó a Villamizar a buscar frutas podridas para llevarles de comer a sus cuatro hijos, y la misma del español de los quesos: la catástrofe del Banco Latino (BL) de Venezuela.

Ellos, como 1,2 millones de personas, seducidos por tasas de interés del 72 por ciento, entregaron hasta su último centavo disponible al Latino.

El italiano incumplió compromisos ineludibles, y avergonzado se encerró en su penthouse de La Urbina, y se mató. Alves ahorró durante cuatro años para viajar a Portugal a recibir tratamiento para el corazón. El día en que debió viajar, murió en la puerta del edificio que cuidaba. Tenia una moneda de cinco bolívares en el bolsillo.

Los demás no han muerto, pero según el Colegio de Sicólogos, están soportando tensiones tan fuertes, que muchos están al borde del colapso.

Como lo están pueblos enteros. Cumarebo, en el estado Falcon, regresó a la época del trueque, y ahora los habitantes cambian medicinas por comida o ropa usada por horas de trabajo.

Un pueblo en crisis La presencia de la fábrica de Cementos Caribe dio paso al establecimiento de una sucursal del BL, que sirvió para canalizar todas las operaciones comerciales del pueblo de treinta mil habitantes y los pagos de los obreros de la cementera. Al cerrar el único banco, vino la catástrofe.

Cumarebo fue declarado hace tres meses Monumento a la Salud en Venezuela. Hoy, según la Organización Panamericana de la Salud, el estado de sus habitantes es lamentable: la mayoría sufre afecciones nerviosas, por causa de la situación económica.

Los dramas generados por la crisis del BL son de todos los tamañnos, y muy pocos tienen la fortuna de tener un desenlace sin dolor.

Entre estos están involucradas las personas que tenían el respaldo de documentos del BL y pudieron venderlos en un mercado nuevo: el de los especuladores con títulos del Banco Latino.

Los poseedores los están vendiendo hasta por el 80 por ciento de su valor real, pues no pueden esperar a que el Estado les devuelva el dinero. Los especuladores pueden esperar el tiempo que quieran.

Los problemas son tan graves, que muchos consideran asunto de Estado todo lo sucedido con el BL.

Según Alan Viergutz, presidente de la Cámara Petrolera de Venezuela, es la peor crisis financiera del país en toda su historia.

Cinco empresas de servicios de la industria petrolera debieron paralizar sus actividades, y otras 302 hacen esfuerzos gigantescos para que el colapso que las amenaza perjudique a la menor cantidad posible de gente.

Versiones de prensa indican que el sector petrolero de los servicios tiene 12.000 millones de bolívares represados. Solamente las empresas contratistas mantienen unos 25.000 trabajadores a quienes hay que pagarles entre 7 y 10.000 bolívares semanales a cada uno, y ya no hay cómo hacerlo.

Miles de comerciantes están en situación crítica, con sus negocios desabastecidos, por falta de pago, y sin recursos para hacer nada diferente de esperar que todo caiga.

Los importadores también tienen problemas graves: no pueden retirar de los almacenes de aduana sus mercancías, porque las cartas de crédito son del BL.

Fuentes oficiales dijeron que entre cartas de crédito y mercancías que no se han podido enviar o retirar, entre importadores y exportadores tienen unos 100.000 millones represados en el BL.

En el sector agropecuario, la realidad es terrible. Hatos enteros están en venta, porque sus propietarios, que tenían líneas de crédito del BL, no volvieron a recibir un solo centavo.

Ancianos y zurdos Quizás el sector más afectado es el de los jubilados y mayores de 60 años. Todos llevaron sus ahorros al BL, que les ofrecio siempre dos puntos más de intereses sobre la tasa más alta.

Ahora, los grupos más numerosos de ahorradores que protestan ante las puertas del BL son jubilados y sexagenarios formados en filas conmovedoras bajo el agobiante sol de Caracas.

La mayoría de ellos están viviendo de la ayuda de vecinos y de organizaciones solidarias que no pueden ofrecerles más que una taza de sopa al día.

Y hay un grupo curioso: los zurdos, atraídos por el canto de sirena del BL, que les ofreció chequeras especiales para personas que solo pueden escribir con la mano izquierda. Los cálculos dicen que los zurdos afectados suman unos 12.000 en toda Venezuela.

Mientras tanto, se dan casos como el del Grupo Agrícola La Castellana, que le debe al BL 4.000 millones de bolívares, sin garantía alguna, lo que si bien es grave por ilegal, lo es más porque su dueño, Carmelo Lauria Alcalá, era el vicepresidente del área de créditos agropecuarios del BL.

Lauria es sobrino de Carmelo Lauria Alcalá, presidente de la Cámara de Representantes.

Cara y sello El 15 de febrero, cuando la portuguesa Alves murió, con sus pocos ahorros enredados en la maraña de trampas del BL, un diario local publicó un informe aterrador y doloroso.

El texto, que refleja la cara de la moneda, de la que la portuguesa es el sello, dice: Más de 1.426 millones de bolívares se repartieron los accionistas del Banco Latino el año pasado, y los directores recibieron participaciones por 142.000 millones.

Y mientras Ricardo Cisneros, uno de los directores del BL, vendía sus casa de Caracas por 435 millones de bolívares (una tercera parte de su extraordinariamente grande valor real), María Regina Villamizar y sus cuatro hijos tal vez estuvieran comiendo frutas podridas recogidas en el pestilento basural del mercado de Coche.

Es lo más probable.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
7 de marzo de 1994
Autor
ORLANDO GAMBOA

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