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EL ÚLTIMO VIAJE DE EMETERIO

Solo cuando lo vio mezclar casi media botella de aguardiente con la sopa, y tomársela sin fruncir el ceño, Darío Corona supo que el alcohol había logrado efectos definitivos y devastadores en la humanidad de su patrón.

Solo cuando lo vio mezclar casi media botella de aguardiente con la sopa, y tomársela sin fruncir el ceño, Darío Corona supo que el alcohol había logrado efectos definitivos y devastadores en la humanidad de su patrón.

Por esos días, todas las bebidas que llegaban a las manos del dueño de la finca El Poira, en la vereda las Brisas, de Gualanday, terminaban convertidas en un brebaje a base de tapa roja .

El café negro que Darío le alcanzaba a las ocho de la mañana recibía la primera ración de aguardiente. Y así con la gaseosa, el jugo y hasta la mazamorra que a veces mandaba a comprar a alguno de los restaurantes para turistas y camioneros del borde de la carretera.

A veces él mismo salía a los estaderos en su Mitsubishi de color rojo.

Compadre!... ánimas benditas...! sacratísima llaga!, saludaba a Vicente Quintero, propietario del parador Punto Real.

Buenos días, don Jorge, le respondía este.

En Gualanday todo el mundo le decía don Jorge. Su nombre completo era Jorge Ezequiel Ramírez Salazar, nacido el 23 de noviembre de 1929 en Ibagué (Tolima). Pero desde los años 50 todo el país empezó a conocerlo con el nombre de Emeterio, el campesino malicioso, vivaracho y hablador que, junto con Felipe, conformaba el dueto cómico musical Los Tolimenses .

Estuvieron juntos 42 años, durante los cuales visitaron la Unión Soviética, Estados Unidos y todos los países de América Latina, grabaron videos, cientos de discos y participaron en tres películas.

Así transcurrió su vida hasta que el alcohol acabó con la puntualidad y responsabilidad del compadre Emeterio y llenó de lagunas sus presentaciones.

A veces no llegaba o llegaba borracho y se le olvidaban los chistes , dice Felipe, quien manejaba la parte administrativa del dúo y dejó de firmar contratos a nombre de Los Tolimenses desde 1992.

Entonces Emeterio se refugió en su finca o en su apartamento de la Avenida Pepe Sierra, en un elegante sector del norte de Bogotá. Y en ocasiones seguía disfrutando de sus paseos en su Mercedez Benz, en una casa rodante que había importado de Estados Unidos y en un bote con motor fuera de borda en la represa de Prado.

También montaba a San Genaro, un caballo zaino de gran alzada, que aún permanece en un potrero de la finca. Pero en todas sus actividades estaba presente el aguardiente, que lo fue devastando lentamente.

Felipe dice que tal vez comenzó a beber por una traga y su sobrino Fernando Ramírez, asegura que Emeterio no soportó la muerte de su madre, Griselda, y se entregó al licor de tal forma que ni siquiera un taller de rehabilitación al que lo llevaron Felipe y sus familiares logró recuperarlo.

No quiso hablar de nuevo con los periodistas. Que no me jodan , replicaba cuando alguna persona cercana le planteaban la posibilidad de una entrevista. Eso dio origen a múltiples versiones, entre ellas, que lo habían visto, barbado, sucio y desarrapado, en la tenebrosa calle del Cartucho.

En realidad, Emeterio sí alcanzó estados lamentables, pero generalmente en Gualanday. Cuando todavía podía manejar andaba con un timbo plástico y lo llenaba con una garrafa de aguardiente y dos bolsas de leche , dice un vecino de la finca El Poira.

A veces se quedaba dormido dentro del campero a treinta y pico de grados de temperatura. En otras ocasiones, cuando estaba apenas prendido, arrancaba de los restaurantes para la finca (distante unos 500 metros), y aparecía en Bogotá.

A raíz de eso, desde hace un año su sobrino Fernando y su familia decidieron llevárselo para una casa de recreo en Flandes, al cuidado de un equipo médico. Le gustaba tener su Mitsubishi en la puerta y a veces se iba con un chofer a los restaurantes de pescado de la variante al Espinal o a Carmen de Apicalá, a ver trabajar los buldózeres y hablar con los obreros de un condominio que construye allí su sobrino.

Emeterio no tuvo hijos: Yo lo jodía, le decía que él disparaba y nunca daba en el blanco , recuerda Felipe.

De todos modos, el compadre Emeterio dejó huellas: Cuando compró la finca El Poira, hace unos veinte años, se acuclilló sobre una plancha de cemento fresco y estampó la marca de sus manos y de sus pies desnudos. Llegó el mohan , recuerda su sobrino que dijo al pisar la losa.

Cuentan sus amigos y familiares que tuvo muchas novias, que convivió con una de ellas, pero nunca se casó. Si no se casó mi madrecita que era una santa, que me voy a casar yoooo , solía decir. O también: Pa que voy a ser infeliz a una mujer cuando puedo hacer feliz a múuuuuchas .

FOTOS:.

1. En el Cementerio Central de San Bonifacio, en Ibagué, fue sepultado Emeterio. sus admiradores llevaron su ataúd en hombros. Camilo George /EL TIEMPO.

2. Esta es una de las últimas fotos de Jorge Ezequiel Ramírez, Emeterio. Fue tomada hace dos meses en Flandés.

Archivo particular.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
21 de octubre de 2001
Autor
JOSE NAVIA/Editor de Reportajes

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