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COLOMBIA LE ESTÁ APOSTANDO AL BINGO

Las esperanzas que tenía Guillermo Cárdenas de ganarse 37.000 pesitos, se esfumaron cuando escuchó en la mesa de enseguida un emocionado grito de biiiingo! .

Entre sus manos tenía el cartón con el que más cerca había estado de ganarse el juego. Le faltaba solo un número para obtener el premio: el ocho. Sin embargo salió el 14 y el ganador fue otro.

Este conductor, de 52 años, visita con frecuencia los salones de bingo, pero especialmente el que está ubicado sobre la avenida Caracas, entre las calles 63 y 64, uno más de los que a diario siguen apareciendo en la ciudad.

Sin embargo, Cárdenas es sólo uno de los miles de colombianos, ricos o pobres, que por una u otra razón están con la goma del bingo, juego que por estos días está de moda no solo en Bogotá sino en las principales capitales y poblaciones del país.

Hay un auge indiscutible. En Bogotá ya hay por lo menos 80 bingos y en el resto del país unos 400 , asegura Carlos Alberto Ante, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Empresas de Juegos de Suerte y Azar.

La clave del éxito del bingo, según el empresario, radica en que es un juego bien entretenido, que no necesita especialización, no es costoso, no se arriesgan grandes sumas de dinero y tiene una concepción familiar por naturaleza.

Lo que pasa es que hay fiebre de bingo y este hecho ha atraído a jugadores de otros segmentos. Además, la gente está jugando menos lotería y chance y se está divirtiendo más con este juego , explica Ante.

Otros consideran que la difícil situación económica y el desempleo han hecho que muchos se rebusquen una platica adicional, con una baja inversión, a través del bingo.

Platica corrida Sin embargo, aunque la inversión por jugador no llega a ser mucha, el balance general indica que el bingo está haciendo circular mucha plata en Colombia. Según cifras que manejan empresarios del sector, este juego está moviendo más de 300.000 millones de pesos al año. En los 400 salones de bingo que, en promedio, tienen 200 sillas, el cartón vale 200 pesos y juegan unas 60 partidas al día. Esto representa un movimiento de 2 500.000 pesos diarios, en promedio, por cada negocio.

No obstante, del total de bingos que existen en el país, solo unos pocos están registrados ante Ecosalud, organismo encargado de su vigilancia y control. Lo cierto es que desde hace cuatro años, cuando el Gobierno aprobó el bingo como un juego de azar, se disparó la aparición de salones de juego.

Pero el número de estos establecimientos puede ser mayor, pues han ido desapareciendo pequeños salones que son instalados en garajes, tiendas de barrio y bodegas.

Orlando Ramos, administrador del Bingo Club Internacional, ubicado en la avenida Primero de Mayo con 22, asegura que son muchos los salones de este tipo que han desaparecido por la dura competencia. Cuando montan un bingo más grande, que ofrece mayores premios, se les lleva la clientela y los acaba , sostiene.

Bingo p todos A este juego le está jalando todo el mundo. En Bogotá encontramos bingos regados por toda la ciudad, inclusive en sectores exclusivos como el Centro Andino de la Zona Rosa y Unicentro, en Bogotá, muy concurridos por cierto.

Nosotros venimos para pasar un rato divertido, para descansar, para cambiar de actividad. Uno no vienen a ganar millones sino a divertirse , afirman Miguel Suárez y Patricia Bohórquez, dos esposos profesionales (ingeniero y socióloga) que visitan con frecuencia el bingo del Andino.

Los jóvenes también se han constituido en clientes permanentes de estas salas de juego. Miguel Suárez, un estudiante universitario de 22 años, aunque nunca se ha ganado nada, desde hace seis meses está jugando bingo en el Andino. Sandra Hom, otra estudiante de 21 años, se declaró una jugadora compulsiva de bingo. Es muy emocionante. Me he ganado hasta 60.000 pesos y una vez estuve apunto de ganarme seis millones y por eso sigo viniendo , dice.

Pero no solo los jóvenes y los profesionales visitan estos establecimientos. Leonor Sierra, de 52 años, pensionada del Seguro Social, es otra jugadora que de vez en cuando los frecuenta. A esta edad uno viene a distraerse. El bingo es un juego agradable. Cuando vengo me entretengo una o dos horas jugando. Me he ganado líneas de 38.000 y 43.000 pesos y nunca me gasto más de 10.000 pesos , dice sonriente.

El otro bingo Pero la mayor concentración de bingos está en los barrios periféricos de la ciudad. Allí el contraste con los bingos de Unicentro o del Andino es bien grande. No hay lujos y aunque la gente también se divierte, muchos van más por la plata que se pueden ganar que por el deleite de jugarse unos cuantos pesos.

En los sectores populares, la gente encuentra en el bingo muchas posibilidades de ganar a un bajo costo, pues la inversión va de 100 a 500 pesos , dice Marta Ligia Camacho, gerente de Radelco, una empresa que alquila y vende estos juegos en Bogotá.

Ella explica que los apostadores del sur tienen 25 posibilidades diferentes de ganar con solo 100 pesos, lo que no ocurre en otros locales del centro o norte de la ciudad.

El jugador normal de bingo es el trabajador de clase media o baja que apuesta en las horas picos, después del almuerzo o del trabajo. También lo son las amas de casa y las personas de la tercera edad , dice Camacho.

Otras de las grandes diferencias, es que en los del norte ya no se utiliza el tradicional cartón con la combinación letra y número (B-5), sino que se juega una especie de lotería americana y con cartones desechables, mientras que en los bingos populares se mantiene esta tradición y se utilizan los viejos cartones plásticos.

Para Camacho, la diferencia va más allá de utilizar el viejo y popular sistema o el moderno computador. No existen los mecanismos para regular y controlar el juego. Tanto los bingos como los lotos pueden ofrecer premios muy grandes pero a través del computador se puede manipular cualquier resultado. Creo que muchas veces se está engañando al jugador , dice.

Y se pregunta: Cómo es que muchos bingos pueden ofrecer hasta un millón de pesos diarios? El computador muestra en las pantallas de televisión el cartón ganador, pero el cartón de papel, ese casi nunca lo muestran .

Una vida al azar Medellín Unos 10 millones de pesos perdidos, mal contados, y unos pocos menos ganados, son el balance de Mariela Gaviria en los últimos 20 años como jugadora habitual de bingo.

Esta es la herencia que me dejó mi marido , dice la elegante dama de 69 años, al recordar cómo eran los salones que ella visitaba junto con su esposo ya fallecido. En ese entonces, los salones funcionaban clandestinamente porque este juego era de casino y éstos sólo eran permitidos en los hoteles más lujosos de las principales ciudades del país y por eso el juego no era muy popular .

En los negocios de antes, a los clientes nos llevaban a jugar a las fincas cuando la policía llegaba , recuerda la señora Gaviria.

Ella invierte un promedio de seis horas y 40.000 pesos diarios en el bingo. Aquí sentada lo tengo , dice. Trabaja en una empresa de bienes raíces y recibe una pensión. Según ella, juega bingo para divertirse pero no recomienda esta clase de esparcimiento a quien necesite el dinero para comer.

El bingo se convirtió en un oficio Su oficio es jugar bingo. Aunque algunos amigos no le creen, José Gustavo Valencia tiene turnos de trabajo como jugador profesional y en un día de buena suerte su salario puede llegar a 15.000 pesos.

Valencia obtiene un 20 por ciento de los premios que gana con las tablas de bingo que le dejan a cargo otras personas que son fanáticas de este juego pero que por algún motivo no pueden estar presentes en el salón de bingo.

Fue el mejor empleo que pudo obtener a sus 52 años y con su habilidad para jugar simultáneamente hasta cuatro tablas sin perder la cuenta, sin dejar de tomar tinto y sin dejar de conversar con los jugadores de al lado. Y eso que cuando concurso en el denominado bingo especial, que se realiza con más lentitud, puedo llevar hasta más de 30 tablas al mismo tiempo , dice este hombre que es uno de los pocos que no recibe reproches de su mujer cuando dice que se va a jugar.

Valencia es uno de los beneficiados con el auge de este juego en la ciudad. En los últimos dos años han aparecido unos 30 salones, que se sumaron a los 20 que ya existían. Eso sin contar con los que a cada rato aparecen y desaparecen en los garajes de barrios populares , dijo el propietario de uno de estos juegos que no quiso revelar su identidad.

Por su parte, José Luis Gómez, presidente de la Asociación de Propietarios de Bingo de Cali (Asoprobinca), dijo que el incremento de este juego puede estar relacionado con la recesión económica y con la falta de empleo. Ahora cada pueblo del Valle tiene un bingo. Parece que todo pueblo que se respete debe tener un bingo, un cura y un bobo , dijo.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
14 de octubre de 1997
Autor
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