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EL CONTRABANDO REPRESENTA UN GRAN LASTRE PARA LA ECONOMÍA COLOMBIANA

Se esperaba que este polvoriento bazar de artículos de contrabando desaparecería cuando Colombia decretó reformas económicas y redujo los aranceles en 1991. Pero Maicao no ha dejado de florecer. (VER GRAFICA: AUMENTAN LOS DECOMISOS

Aquí no hay industria, agricultura, ni empresas, sólo el comercio, nada más , dice Alberto Choles, presidente de la Corporación Comercial y de Desarrollo Cívico de Maicao, mientras pasea por una calle llena de cajas vacías que en otro momento transportaron licores y estéreos procedentes de otros países.

Durante los últimos cinco años, el río de contrabando se ha convertido en una crecida. Ha perjudicado sectores clave de la economía colombiana, como el tabaco, las piezas para automóviles, los textiles, prendas de vestir, licores y computadoras. A la vez, ha hecho más difícil que los extranjeros ganen dinero vendiendo sus productos.

El contrabando es uno de los problemas más graves de Colombia; tiene efectos amplios tanto sobre la producción local como las importaciones legales , explica un folleto publicado en julio por la embajada de Estados Unidos en Bogotá. Aunque el gobierno colombiano ha establecido numerosos controles, el contrabando se mantiene como uno de los principales factores que afecta la competencia justa , expresa el folleto.

El tiro por la culata La idea era que la reducción de aranceles eliminaría uno de los incentivos fundamentales para los contrabandistas. Los aranceles bajaron de un promedio de aproximadamente el 40% en 1991 a alrededor del 10% hoy. Pero a la misma vez, el gobierno aumentó el impuesto al valor agregado del 11% al 16%, lo que mantiene un gran incentivo para que los comerciantes vendan en el mercado negro.

Más importante ha sido la campaña contra el lavado de dinero en el sistema financiero, que ha obligado a los narcotraficantes a blanquear sus ganancias en otros ámbitos. El contrabando constituye un vehículo no sólo para convertir en pesos colombianos los ingresos en dólares, sino también para ocultar las fuentes del dinero ilícito.

El contrabando es la fuente principal de lavado de dinero en Colombia, dice Rudolf Hommes, ex ministro de Hacienda y ahora rector de la Universidad de los Andes en Bogotá.

Según funcionarios del Servicio de Aduanas de Estados Unidos, uno de los métodos comunes que usan los narcotraficantes colombianos para lavar dinero es vender dólares con descuento a importadores inescrupulosos, lo que les significa un ahorro máximo del 25% en el costo de los bienes importados, y para los traficantes es una fuente de dinero lavado. Muchas veces los importadores prefieren comprar artículos de contrabando en lugar de importarlos legalmente porque no quieren dejar un rastro de documentos que pueda llevar a las autoridades a su transacción inicial de divisas.

El mes pasado, el gobierno colombiano divulgó una lista de decenas de empresas que había censurado por intentar la importación de artículos a precios muy por debajo del mercado internacional. El Ministerio de Comercio Exterior expresó que no había duda que las importaciones tenían por fin lavar dinero proveniente de actividades ilegales. La mayor parte de los bienes incautados procedían de Panamá o de Estados Unidos.

El contrabando representa hasta la sexta parte de las importaciones colombianas, aproximadamente US$2.340 millones en 1995, calcula el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo. El ministro opina que el gobierno pierde unos US$700 millones en aranceles e impuestos no recaudados debido al contrabando, casi el 1% del Producto Interno Bruto (PIB).

Colombia trata de combatir el problema, dice Horacio Ayala, director de la Aduana. Las incautaciones aumentaron más del 700% durante el primer semestre de este año, en comparación con el mismo período del año pasado, para alcanzar casi US$120 millones.

De toda la vida El contrabando forma parte de la vida en Colombia desde que Francis Drake y sus piratas aterrorizaban al Caribe. En la madrugada de un sábado, una caravana de decenas de camiones inicia el viaje de cuatro horas por una carretera no pavimentada desde las afueras de Maicao hacia al desvencijado Puerto Portete.

Varios indígenas wayúu descalzos vadean por el río para descargar los barcos que acaban de llegar de Panamá cargados de licores de Escocia, ropa interior de Asia o cigarrillos de Estados Unidos. De vuelta a la ciudad, la mayoría de los camiones ni siquiera se detiene en el puesto aduanero local.

Sin embargo, los contrabandistas de Maicao enfrentan mucha competencia. Debido a las reformas y la anulación de muchos controles a las importaciones, grandes aviones de carga llenos de artículos de contrabando llegan directamente a los principales aeropuertos de Bogotá, Cali y Medellín, donde enormes centros comerciales venden los bienes abiertamente, por lo general sin pagar impuestos.

Todas las grandes ciudades de Colombia han experimentado un crecimiento explosivo de centros comerciales llamados sanandresitos _los pequeños negocios que traían mercancía de contrabando de la isla de San Andrés, zona franca caribeña_ donde venden su mercancía abiertamente sin cobrar impuestos.

Desde 1991, los sanandresitos se han organizado mejor, dice Alejandro Torres, secretario ejecutivo de la Federación Colombiana de Sanadresitos, que tiene 20.000 tiendas y 180 centros comerciales afiliados, un 200% más que en 1991.

La inundación El resultado es una inundación de televisores, computadoras y piezas de repuesto para vehículos, entre otros productos, que venden a precios similares o inferiores a los de Estados Unidos, pero muy por debajo del nivel en que las empresas colombianas legítimas pueden competir.

En un sanadresito de Medellín, un televisor a colores Sony de 32 pulgadas cuesta alrededor de US$605. Un modelo similar se vende por unos US$724, con impuestos, en una conocida tienda de productos electrónicos de Nueva York.

Para las empresas legítimas, el contrabando es un rival casi imposible de derrotar. La industria tabacalera de Colombia, por ejemplo, ha sido devastada por el contrabando. Los ejecutivos de las tabacaleras colombianas afirman que el 80% de los cigarrillos que se consumen en el país son de contrabando.

Fabio Rico, presidente de Nacional de Chocolates, la principal empresa alimentaria de Colombia, calcula que los artículos de contrabando le arrebatan a Nacional hasta la tercera parte de su crecimiento potencial cada año.

Estamos completamente convencidos de que podríamos crecer más rápido sin el mercado de contrabando , afirma.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
17 de diciembre de 1996
Autor
THOMAS T. VOGEL JR. Redactor de THE WALL STREET JOURNAL

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