TORO! TORO!

TORO! TORO!

Con broche de oro cerró la cuadragésima sexta Feria de Manizales . Paquito Perlaza indultó el toro Trotón ,, un bello y bravo jabonero de 498 kilos, cornidelantero, de la ganadería El Paraíso. Ocho días antes, un hermano cuasigemelo suyo, igualmente jabonero, también último toro de la feria, había sido indultado por El Juli en Cali.

15 de enero de 2001, 05:00 am

Con broche de oro cerró la cuadragésima sexta Feria de Manizales . Paquito Perlaza indultó el toro Trotón ,, un bello y bravo jabonero de 498 kilos, cornidelantero, de la ganadería El Paraíso. Ocho días antes, un hermano cuasigemelo suyo, igualmente jabonero, también último toro de la feria, había sido indultado por El Juli en Cali.

Que si estos indultos fueron justos? Cabría toda una discusión. Para empezar, Trotón no tomó las tres varas a ley, ni la lidia lo mostró a plenitud. Pero doctores tiene la tauromaquia. Por ejemplo, de casi seis mil toros lidiados en la temporada española pasada, solo uno fue indultado en plazas de primera.

Pero glosas aparte, los dos indultos, las varias vueltas al ruedo y los muchos aplausos en los arrastres, con tan solo dos corridas, ponen a la debutante ganadería de un tirón a la cabeza de la cabaña brava colombiana. Bravos, repetidores, francos en la pelea, pero sin bobería; respetables.

Los de anteayer salieron cómodos de pitones y volumen; 478 kilos promedio. Todos empujaron en el peto, menos el quinto.

El debutante Finito de Córdoba , torero fino, quizá frágil, pero artista, con Olivarero compuso la faena más completa de la tarde. Aunque se alivió en las verónicas de apertura, dibujó con la muleta largos, lentos y templados derechazos, pero sobre todo las tandas de naturales. Algo frío tal vez, y sin apreturas, pero faena, faena. Pincha y estoquea desprendido. Una oreja marca la efemérides. Con el cuarto, manso con poder, que había formado un relajo en los dos tercios iniciales, y por el cual nadie daba un centavo, Finito le dobla y le coloca la muleta frontal, con mandato, ante la sorpresa de quienes le pedían que matara de entrada. Se traga un derrote y lo castiga con pinchazo y estocada tarda. El público intonso calla.

Manuel Caballero, a quien todos a una le han echado en la maleta los trofeos de la feria, recibió el pequeño, noble y corniapretado Giboso con verónicas firmes, pero la base de su tauromaquia es la lejanía con el toro. Largo cual es, dobla su cintura fuera, estira brazo y estaquillador abriendo un espacio entre la res y él por donde cabría (atravesado) el Titanic. Como para, templa y liga, el detallito escapa al ojo no avisor y regalón. Así toreó, y para colmo, el torito se rajó pronto. Le mató con estocada baja y trasera. La presidencia le aventó las dos orejas automáticas. Con el quinto reeditó su libreto, aunque con adiciones de pico y pitón contrario. Con toros tan nobles? De media tendida, desarmada y descabello, liquida la cosa, saludando complacido a sus feligreses.

Paco Perlaza con el tercero, una verónica. Ante un toro que buscó tablas, porfió y estuvo por encima de las condiciones de su enemigo. Pincha, deja una estocada en guardia y descabella. Pitos al manso y saludo. Con el indultado sexto qué decir? Que se equivocó de faena y de toro. Empujado por el público, a esas alturas fuera de sí, optó por un toreo bullidor, marginal y alegre ante un toro antológico que merecía la muleta por delante, la mano baja, el vaciado atrás y el ligar haciendo el compás. Paco lo sabe hacer, lo ha demostrado, pero prefirió torear para el grueso público y no para su corazón, por alto y agarrándose al costillar. Valiente y en la cuna todo el tiempo, sí. Pero las dos orejas simbólicas quizás fueron excesivas. Aunque pensando en las que le endosaron a Caballero, quizás no.