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CIUDAD DE MATONES

Si la información es exacta, no deja de ser grave muy grave el hecho de que cinco estudiantes del Colegio Nueva Granada, en el norte de Bogotá, hubieran atacado a una compañera suya de 16 años, porque estuvo saliendo con el ex novio de una de las agresoras.

En efecto, según EL TIEMPO, el 12 de julio pasado, último día de clases del año escolar, la niña Linda Wilks fue golpeada, fuera del colegio, en un parque cercano a su residencia, en el norte de Bogotá. Cinco jóvenes tres hombres y dos mujeres patearon a Linda, quien resultó con 28 hematomas en el cuerpo, la mandíbula dislocada y el tabique fracturado.

Agrega la noticia que la chica tenía poco tiempo en el Nueva Granada, donde cursaba décimo grado, pues venía de estudiar en un colegio de Los Angeles (E. U.) y del Liceo Francés en Bogotá, y había sido amenazada por una de las atacantes a causa del motivo mencionado. La madre de la afectada, Lucy de Wilks, señala que dos de las agresoras son hijas de funcionarios de la embajada de Estados Unidos, quienes tuvieron que viajar a su lugar de origen después del incidente .

Es el cuento cada vez más cierto del pez grande comiéndose al pequeño, o de los mayores pegándoles a los menores, sin que haya sanción. E independientemente de las medidas disciplinarias que las autoridades del colegio tendrán que tomar, frente a esta historia de colegiales que vejaron tan vilmente a su compañera de estudios, este hecho es un síntoma de la enfermedad que padecen los más diversos núcleos sociales de Bogotá.

Ya se requetesabe, desde hace tiempos, que la Capital es una ciudad de matones, en la que la inseguridad es, sin duda, su primer problema, de los muchísimos que tiene. Una ciudad donde asaltan y atracan en todas partes, aunque obviamente en algunos lugares tradicionalmente desamparados por una Policía que no alcanza a cubrir toda la urbe, como en el Centro, más que en otros.

Según parece, este grupo de estudiantes conformaban en la práctica una especie de pandilla juvenil, conocida como La banda de la calle 92 . Si ello es cierto, no solo es grave, sino sobre todo lamentable. Pues se trata, evidentemente, de adolescentes de aquellos a quienes los cachacos llaman de alto turmequé , aunque los orígenes de su procedencia no siempre sean los más bienvenidos, a pesar del poder económico que derrochan. En una entidad educativa, la excelencia académica no debe ser el único objetivo, sino el desarrollo pleno del ser humano en términos culturales y sociales.

Estoy seguro de que, ante la muy explicable preocupación de los padres de familia, el Colegio habrá de adoptar las medidas pertinentes. No hay que incurrir en el simplismo de estigmatizar la institución cuando la verdad es que pandillas callejeras concretamente este tipo de bandas estudiantiles también existen, o han existido, en otros colegios bien . Lo inquietante es que ellas emulen, en materia de violencia física, con ladrones y malhechores causantes de crímenes, y no haya correctivos. Pues resulta difícil descalificar a los jóvenes que caen en tales atrocidades, así sea fuera de sus planteles, como si no hubieran incurrido en transgresiones que son inevitablemente delincuenciales.

Las muestras de violencia ciudadana son múltiples, diversas y algunas no apenas peligrosas sino definitivamente muy perversas.

Hace pocas semanas aparecieron cinco perros envenenados en el parque de Cedro Golf, sector ubicado entre las calles 151 y 151A con carreras 12A y 17. La causa? Algunos vecinos decidieron regar cianuro en el parque, mortificados de que los canes hicieran sus necesidades y sus dueños no recogieran los excrementos en una bolsa para depositarlos en la caneca.

Es cierto: en ciudades como París y Nueva York, donde abundan los perros más finos y sus propietarios los pasean orondamente, mañana y tarde, por calles y parques, están obligados estos últimos, por ley a recoger el popis de sus animales con sagrado rigor, para que no huela mal ni la gente se unte de caca.

Pero de ahí a echar cianuro o estricnina para matar los perros, hay mucho trecho. Y el hecho de que cinco hubieran muerto el mismo día, a la misma hora, en el mismo sitio y bajo las mismas circunstancias, comprueba a las claras que en Bogotá hay gente capaz de todo. Hasta de envenenar a los canes por fastidio, sin medir que así hubieran podido morir, igualmente, los niños que juegan en el parque del Cedro Golf, todo un barrio residencial.

Qué nos pasa? Hacia dónde vamos? Parodiando a Echandía, se diría que Bogotá es un país de cafres . Porque es un país, en términos de población y territorialidad. Una capital llena de salvajes pertenecientes a todos los estratos sociales, donde falla por completo la autoridad. Y si la culpa de semejantes brotes vandálicos es en gran parte la falta de educación, pues apagá y vámonos , cuando los generadores de violencia están saliendo de los propios planteles educativos. Entonces, qué esperar de quienes ni siquiera tienen acceso a tan sofisticados grados de instrucción académica? Pobre Alcalde el que llegue a manejar los destinos de esta ciudad de matones! Cómo lo compadezco! Y pensar que hay tántos aspirantes ansiosos de hacerlo...

El país, la ciudad, el barrio, los colegios, el parque, los andenes, son responsabilidad de todos. Y que quede bien claro: nunca saldremos adelante si no hay conciencia de ello

Publicación
eltiempo.com
Sección
Opinión
Fecha de publicación
12 de septiembre de 1997
Autor
D ARTAGNAN

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