Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

ORINOQUIA, MITOS Y LEYENDAS

Mucho antes que José Eustacio Rivera, poeta epónimo del Llano y de la selva hubiese explorado líricamente el misterioso territorio de la Orinoquia en La Vorágine y, más poéticamente, en su Tierra de Promisión , ya en sus bancos de sabana, en sus matas de monte, en sus morichales, en sus vegas, en su manigua, florecían los endriagos, los mitos y las leyendas.

Quizá el primer alucinado por esos mitos y leyendas, aún antes de don Diego de Ordaz a quien se reputa como descubridor del río Meta, fue el conquistador alemán Jorge Spira, quien en 1536, abrió paso a la leyenda de El Dorado, en pos de cuyas fabulosas riquezas, después, los conquistadores españoles recorrieron a sangre y fuego desde el Cabo de la Vela hasta el imperio Inca y el Cuzco, su ciudad sagrada.

El Dorado, es la más intensa de las leyendas indoamericanas. La que más apasionó a los conquistadores iberos y germanos, sedientos más de oro que de gloria. La que hizo correr por las llanuras, las selvas y las montañas del recientemente descubierto Nuevo Mundo, más sangre aborigen, la que ocasionó más insurrecciones, rebeliones, traiciones y sumisiones.

El oro y su hechizo estuvo siempre presente en la concepción épica de la conquista, desde México con Hernán Cortés, hasta el Perú con Francisco Pizarro.

Esa leyenda, la de El Dorado, nació cuando Alonso de Herrera, domeñador de las tribus indígenas, tuvo conocimiento por comunicación oral aborigen que en el Mexa, Grameta o Metacuyá, tierras bañadas por el gran río Meta, sus caciques eran dueños de verdaderos tesoros auríferos extraídos de la tierra o de las arenas lavadas de los ríos.

Las otras, son leyendas de menor calado originadas en creencias religiosas, en temores ancestrales y, las más en los ancestrales hábitos indígenas. Que esas leyendas hubiesen nacido en las nuevas tierras descubiertas o hubiesen sido producto de la aculturación de los supersticiosos descubridores y conquistadores, es difícil, casi imposible, saberlo.

Lo cierto es que persistieron y aún persisten en el extenso territorio orinoquense. Son parte del folclor regional, están presente en su música y en su mística y aún en nuestro tiempo deambulan como espectros medrosos, desafiantes o alegres y picarescos por las latitudes del Llano y de la selva. El Silbón , La Madremonte , La Patasola , Florentino y tantas otras, podrían ser ejemplo de esos mitos y supersticiones, todos menos luminosos que la leyenda de El Dorado.

Sin embargo el Llano y la selva que ahora conocemos guardan leyendas con más elementos de veracidad y de credibilidad. Las de los hombres que forjaron la intrépida alma llanera, derribando selvas, vadeando ríos tumultuosos, conduciendo manadas de toros indómitos por las sabanas ilimites del Meta, de Casanare, del Vichada o de Arauca. Las de los hombres descendientes de los jinetesálanceros de Rondón o de Páez.

Aquellos hombres, cuyas proezas nos llegan solo en los relatos de los ancianos, en la anónima historia oral de lo que fue hace una o media centuria la vida en las sabanas o en la manigua. De ellos y de sus hazañas solo quedan recuerdos dispersos y algunos apelativos tan autóctonos como la palma de cumare: Cisneros, Parales, Quenza, Delgado, Vargas, Abril, Machado, y tantos otros.

Toda la comarca orinoquense debería rescatar esos nombresáleyendas pera escribir su propia historia.

* Abogado de la U. Libre y Magister en Ciencias Políticas de la U. Javeriana.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
19 de noviembre de 1996
Autor
Por Raúl León Fernández

Publicidad

Paute aqu�

Publicidad