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DE CÓMO LA VÍBORA PERDIÓ SUS PATAS

Todos los vertebrados que viven en la tierra, desde los seres humanos hasta los cocodrilos y los pájaros, son conocidos colectivamente como trepadores, o animales de cuatro patas. En las víboras, el cambio ha sido todavía más radical: son tetrapodos sin patas.

Uno de los escasos vestigios de esas extremidades es la presencia de residuos de huesos de la cadera dentro de su caja torácica.

Cómo es que se verificó esa transformación? La peculiaridad de esos animales obscurece su origen. Sus escamas, su condición de ovíparos, y las sutiles características de sus cráneos los hacen descendientes de los lagartos, pero es difícil vincularlos con algún grupo específico.

De ahí que los paleontólogos se hayan visto en figurillas para determinar cómo es que las víboras perdieron sus extremidades.

La criatura, de 90 centímetros de largo, cuyo nombre en latín es pachyrachis problematicus, fue descubierta a fines de la década del setenta por trabajadores de una cantera a 20 kilómetros al norte de Jerusalén.

Tras un estudio preliminar, George Haas, herpetólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, sugirió que pese a que el fósil parecía ser una serpiente, no había evidencia alguna de que estaba estrechamente emparentado con las víboras.

Pero en 1996, Michael Lee, de la Universidad de Sydney, en Australia, y Michael Caldwell, del Museo de Paleontología de Chicago, viajaron a Israel para estudiar el fósil de manera más exhaustiva. Ambos paleontólogos compararon cuidadosamente el esqueleto con el de víboras y lagartos.

Lo primero que uno debe hacer , dice Lee, es analizar el resto del fósil en relación con el de cualquier otro animal con el que pueda estar vinculado. Cuando Haas hizo el hallazgo carecía de acceso a gran cantidad de información sobre víboras primitivas .

Lee y Caldwell concluyeron que pachyrachis posee muchas características exclusivas de las víboras.

Por ejemplo, su cuerpo es largo y sinuoso. Tiene 140 vértebras en su tronco. La mayoría de los lagartos poseen apenas 25. Y en tanto los lagartos tienen cráneos abiertos, pachyrachis, como las víboras, posee un cráneo completamente sellado.

Sus mandíbulas son extraordinariamente flexibles: la quijada inferior no se fusiona en la barbilla. Por lo tanto ambas mitades pueden doblarse hacia los costados a fin de tragar presas grandes.

Se trata de una víbora, no hay duda alguna , afirma Lee.

Lo más obvio y fascinante, por supuesto, son las patas. El fósil hallado en Israel tiene dos patas traseras, cada una de ellas de alrededor de 2,5 centímetros de largo, aunque carentes de dedos.

Menos obvio, pero tan significativo como las patas, son los huesos de la cadera, que se hallan fuera de la caja torácica, en lugar de estar en su interior, y una serie de detalles de la espina dorsal y del cráneo.

En su conjunto, las características de pachyrachis parecen vincularlo a un sorprendente animal: el extinto lagarto marino gigante conocido como mosasaurio. Ambos linajes habrían comenzado a distanciarse entre sí hace por lo menos 110 millones de años.

El mosasaurio comenzó como un lagarto de cuatro patas en tierra, mostrando gran parecido con el llamado Dragón Komodo , un lagarto asiático. Cuando se transformó en anfibio, el mosasaurio se fue haciendo más alargado y sus extremidades se fueron reduciendo.

Hace unos 100 millones de años, los mosasaurios tenían hasta 15 metros de largo y nadaban moviendo sus poderosas colas y sus patas, similares a remos.

Junto con los dinosaurios terrestres, los mosasaurios se borraron de la faz de la tierra hace 65 millones de años. Tal vez como resultado del impacto de un asteroide o de un cometa.

Lee y Caldwell creen que la cercanía de pachyrachis con los mosasaurios contradice la hipótesis tradicional sobre la evolución de las víboras.

Aunque las víboras viven hoy en diferentes hábitats, desde árboles hasta ríos y zonas desérticas, las más primitivas de ellas cavan fosas subterráneas.

Ese factor hizo pensar a previos investigadores que las víboras eran descendientes de lagartos terrestres que se adaptaron a la vida subterránea.

Muchas de sus características actuales podrían haber sido resultado de una evolución destinada a facilitar sus labores subterráneas. Por ejemplo, el alargamiento del cuerpo les habría dado mayor fuerza para utilizar su cabeza como un taladro y deslizarse a través de grietas.

Pero Lee y Caldwell, sin embargo, dudan que las víboras desciendan de lagartos terrestres.

No es suficiente analizar las víboras más primitivas , dice Lee. Es necesario, también, examinar sus parientes más cercanos .

Según esos paleontólogos, es hora de revivir una antigua teoría que ha sido descartada por los herpetólogos modernos: que las víboras realmente surgieron de los océanos.

Pachyrachis, la víbora más primitiva descubierta hasta ahora, vivió en el agua y estaba muy bien adaptada a ese medio ambiente. Por ejemplo, su cola estaba achatada a fin de poder propulsarla vigorosamente en el agua. Y para contrarrestar la fuerza ascensional de sus pulmones llenos de aire, pachyrachis tenía costillas muy pesadas.

La hipótesis de Lee y Caldwell es que los ancestros de las víboras se lanzaron al agua, perdieron sus patas y luego comenzaron a deslizarse.

Una vez las víboras se adaptaron al océano, descubrieron que su cuerpo estaba bien acondicionado para vivir también en la tierra, en cuevas subterráneas y en otros hábitats.

Y para completar esa extraña evolución, algunas víboras retornaron al agua, como puede comprobarse en varias de esas especies de la actualidad.

Antes del hallazgo de pachyrachis, a ningún herpetólogo se le ocurrió proponer un origen acuático de las víboras durante más de un siglo , dice Lee. Pues bien, se trata de un gran cambio .

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
28 de julio de 1997
Autor
CARL ZIMMER especial para El Tiempo

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