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UNICENTRO, UN BUQUE ANCLADO A BARBAS DE GATO

El esmero con que ha sido cuidada la ciudadela comercial es palpable en todos sus rincones. Cada uno de los detalles demuestra que detrás hay una meticulosa planificación, sólo comparada a la que puede concebir un militar. Ninguna mancha o mugre, por pequeños que parezcan, escapan a la implacable escoba o trapero en manos de los aseadores. Ningún visitante, después de levantar sospechas, queda por fuera de la mira de los vigilantes. Todos los servicios (agua, luz y teléfonos) funcionan tan bien como hace 15 años.

La obsesiva preocupación porque todo marche al día es fácil de explicar: al frente de ese equipo de personas que nadie conoce, pero que mantiene al centro comercial impecable, está un marinero que pone en práctica todo lo que aprendió en la Armada Nacional.

Es el capitán de Fragata (r) Fernando Orjuela Castillo, quien ve a la ciudadela comercial como un gran buque, anclado en el norte de Bogotá, lugar de donde nunca zarpará.

Cuando una nave llega a puerto, si las características del fondo del mar lo permiten, es suficiente una sola ancla. Pero hay ocasiones en que el lecho se ve afectado por las corrientes marinas y el barco es movido por fuertes vientos. Entonces es necesario asegurarlo con dos anclas. O a barbas de gato , en el lenguaje de los marineros. Así está Unicentro , dice.

Esa idea de lo que es el centro comercial le ha permitido conducirlo durante 15 años sin el menor riesgo de naufragio. Para él, un comandante de buque también es un administrador, un líder que, acompañado por su gente, busca determinados objetivos y tiene que asegurarlos de diferentes formas.

La parte técnica debe funcionar a las mil maravillas. Si se presenta un daño, un incendio o cualquier contingencia, el capitán tiene que solucionarlo con la tripulación. Así se despierta el sentido de la recursividad, de la iniciativa y de tomar decisiones rápidas. Porque lo primero es la salvaguardia de las personas y de las cosas que le entregan a uno .

Pero para lograrlo hay que tener en cuenta otros factores que, en opinión del capitán Orjuela, también son importantes. El abastecimiento de todos los materiales necesarios para que la ciudadela comercial permanezca limpia y el mantenimiento al día de los sistemas eléctricos, electrónicos e hidráulicos, son una preocupación diaria.

De otra parte, el estricto cumplimiento de las funciones asignadas a los porteros, a los vigilantes y a las personas encargadas del aseo aseguran un complemento adecuado para que todo el engranaje de los servicios generales no se detenga.

Claro que no todo es como en un barco. La mentalidad marinera se ha acomodado al concepto comercial. Los dueños de locales, los empleados y los clientes son la prioridad para el equipo de personas que mantiene esa nave.

Así ha sido durante los 15 años que ahora completa Unicentro en el agitado mar de los negocios. Cuando zarpó nadie sabía, por ejemplo, cómo adelantarse a los casos de inseguridad que se presentaban y que dañaban la imagen de la ciudadela.

Un comité de seguridad fue la respuesta. El grupo analizaba los casos a medida que se presentaban, y trazaba las políticas para cuando se repitieran. Ahí también empezó la participación activa de los copropietarios y dueños de negocios.

Eso ha permitido que Unicentro, primera embarcación de su género en el país que se aventuró a navegar por aguas hasta ese momento desconocidas (los centros comerciales de ese tipo sólo eran comunes en otros países del mundo), no haya hecho agua por ninguno de sus lados...

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
13 de abril de 1991
Autor
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