A LA CAZA DEL GRAN TESORO NAZI

A LA CAZA DEL GRAN TESORO NAZI

El escándalo del oro que los nazis robaron en Europa durante la Segunda Guerra continúa en nuestros días con el problema de la repartición, que aún no ha terminado, de las 337 toneladas encontradas por los aliados al final de la guerra.

1 de diciembre de 1996, 05:00 am

En efecto en 1945, un grupo de soldados estadounidenses encontró en la mina de sal de Meckers, en la región de Turingia, un gigantesco tesoro del áureo metal repartido en lingotes que llevaban en el lomo el símbolo del III Reich.

Otra parte del oro provino de los Bancos suizos, y el resto de países neutrales que ayudaron a Alemania a blanquear su botín, caso de Portugal, Suecia y España. Una vez reunido el oro -las 337 toneladas-, éste se guardó en el Banco de Inglaterra, en el Federal Reserve Bank de Nueva York y una pequeña parte en el Banco de Francia.

Y de inmediato, en 1946, se creó una comisión tripartita (Francia, Inglaterra y Estados Unidos) encargada de repartirlo entre los países expoliados, teniendo en cuenta lo que cada nación pedía. La suma total de las peticiones llegaba a 514 toneladas, y la comisión debió así, con las 337 que poseía en bodega, intentar dar gusto a todos y buscar el modo de hacer justicia.

Pero por increíble que parezca, en 1996, es decir 50 años después, esta repartición no ha terminado y aún quedan 5,5 toneladas por adjudicar. Francia ya recibió su parte, 144 toneladas, lo mismo que Holanda, Austria, Checoslovaquia, Italia, Yugoslavia, Polonia, Grecia y Albania.

Pero en muchos casos lo recibido ha sido muy inferior a lo que se pedía inicialmente. La idea base de la comisión fue que el fabuloso tesoro del Reich se formó con el contenido de los Bancos Centrales de los países ocupados, pero existen numerosas peticiones de entidades privadas, sobre todo judías, que reivindican la propiedad del oro.

Según un amplio informe publicado por el semanario francés Nouvelle Observateur, que tuvo acceso a documentos confidenciales de la comisión tripartita, las entretelas de esta complicada tarea tienen que ver con intrigas políticas e intereses de todo tipo.

Polonia, que recibió 2,5 toneladas, había pedido inicialmente 80 considerando que se trataba de un oro judío , con el siguiente argumento: admitiendo que los 3,2 millones de personas exterminadas (polacos) representaban 800.000 familias de 4 personas, y que cada una tenía alrededor de 100 gramos de oro, llegamos a la cifra de 80 toneladas expoliadas por los alemanes .

En esa misma petición se adjunta una carta de la oficina central de la SS en Polonia, en la que se afirma que 50 kilos provienen de dientes y aparatos dentales de todo tipo encontrados sobre los prisioneros , los cuales fueron transferidos al Reichsbank de Berlín.

A esto viene a sumarse la estimación del oro dental de 62.500 judíos de Grecia gaseados en Polonia, peticiones que, sin embargo, fueron rechazadas por la comisión, la cual no tenía elementos para juzgar cuánto del oro encontrado provenía de privados y cuánto de Bancos Centrales.

La Guerra Fría no ayudó a que las cosas se resolvieran, y según los estudios Washington y Londres dieron prioridad a los países occidentales que, arruinados por la larga posguerra, corrían el peligro de caer en manos del comunismo.

Fue el caso de Austria, que a pesar de haber luchado al lado de Alemania contra los aliados recibió, en 1948, 40 toneladas de oro. Lo mismo Italia, que recibió el oro en 1948, el mismo mes en que los comunistas de Roma organizaban una intensa huelga general, o el caso de Francia, que recibió su parte en 1947, cuando la central sindical comunista CGT paralizaba el país en protesta por la disminución de las raciones de pan, amenazando con un levantamiento popular.

Por el contrario, las peticiones que venían de los países del entonces bloque del Este tardaron décadas en ser escuchadas. Un ejemplo: Estados Unidos se opuso durante 30 años a que Praga recibiera su parte, argumentando que darían el oro sólo cuando las autoridades de la República indemnizaran a los ciudadanos estadounidenses de origen checo cuyos bienes habían sido nacionalizados por el gobierno comunista.

El caso de Albania, que recibió 1,5 toneladas el pasado mes de octubre, fue también muy ilustrativo de los métodos de la comisión: La petición se hizo al terminar la guerra y su cantidad se estableció en 1948, pero con la sovietización del país todo se congeló. Primero porque Italia decidió reivindicar una parte del oro albanés, y en 1953, cuando Roma retiró el pleito, Londres tomó el relevo y opuso su veto hasta que Albania no diera una reparación a Inglaterra por los dos barcos de Su Majestad hundidos en el canal de Corfú por soldados albaneses en 1946.

Y luego Washington completó el problema exigiendo lo mismo que en Checoslovaquia, es decir, indemnización sobre bienes nacionalizados a los albano-estadounidenses por el gobierno comunista.

Quedan por repartir, pues, 5,5 toneladas, es decir unos 70 millones de dólares. El pasado mes de septiembre, el Congreso mundial Judío pidió de forma oficial que esta suma se adjudicara a los descendientes de las víctimas del Holocausto, pero París, Londres y Washington no han decidido aún nada.

A esto viene a sumarse la posibilidad de que se encuentre más oro en los apacibles depósitos suizos, como se afirmó hace algunos meses y ya se está investigando, más el problema del oro ya entregado a Yugoslavia, que hoy es la ex Yugoslavia, pues Belgrado reivindica la totalidad por la intensa lucha serbia contra los nazis, en una posición que, por supuesto, ni Sarajevo ni Zagreb comparten.

Es, pues, el oro de la discordia, un tesoro que trae a la memoria los hechos más siniestros del siglo que termina.