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LO QUE HAN VISTO MIS OJOS

Llegué un domingo a Colombia con mi equipaje europeo. En mi memoria guardaba sonrisas mediterráneas, cientos de arias marineras interpretadas a coro por el bajo de la olas y el violín de la brisa e imágenes imborrables de los crepúsculos malvas. Pero, además del paisaje, aromas primaverales de azahares sevillanos y azules embriagadores de la mar interminable, mi cabeza almacenaba ideas violentas y lúgubres sobre el país colombiano.

Yo había leído y oído unas cosas muy extrañas sobre esta tierra fecunda. Era víctima inocente de una imagen desalmada cruel, inhumana, bárbara sobre la hermosa Colombia. La prensa, la incomunicación penosa entre aquella tierra y ésta, ciertas ideas mentirosas difundidas con descaro por políticos mendaces, teólogos predicadores de excelencias guerrilleras la revolución final no es fruto ya del amor, sino de la dura espada y las balas de fusil, la ignorancia de la gente, del pueblo llano y sencillo al que tanto manipulan los falsos liberadores, habían ido depositando en mi crédula conciencia, como rocío corrosivo, ideas de desconfianza, de temor y de recelo, de escepticismo y sospecha, de aprensión y suspicacia hacia Colombia, la ubérrima, y hacia Bogotá, la ignota, de cuyos cerros ufanos, que como brazos telúricos abrazan a la ciudad, se despeñan nubes pardas.

No recargaré las tintas. Pero, al llegar a esta tierra, mis ojos acostumbrados a mirar fijos la mar y a pararse en su explanada, en su pecho pavonado que da cobijo a la luz, buscaban ver impacientes, con curiosidad malsana y cierto regusto pícaro, las cosas que yo había oído. Y las historias leídas. Tras cada esquina esperaba que surgiera un Tirofijo. Me asaltará en plena calle, en las calles bogotanas que manan cordialidad, un atracador violento? Me encañonará de día y lanzará su puñal certero a mi yugular? Algo así me preguntaba desde mi densa ignorancia. Un síndrome de insipiencia me hacía ver en los sacerdotes réplicas del cura Pérez Predicarán en las misas la revolución marxista, ahora que se ha derrumbado el prieto telón de acero y se ha visto sin tapujos el desierto de barbarie del régimen comunista, o invitarán a vivir según el amor de Cristo? La ciudad de Bogotá me susurraba al oído la cantinela europea, está dividida en frentes. Colombia está en pie de guerra. Los narcos y la guerrilla, los grupos de autodefensas, grupos paramilitares, la policía y el ejército dominan la situación de este noble pueblo mártir sin presente ni futuro. La paz no habita en Colombia. La violencia se ha hecho dueña de su paisaje increíble. Su destino es la miseria. He ahí mi prejuicio europeo.

Horror o idilio? Es eso lo que yo he visto con mis ojos asombrados de contemplar mucha mar? Han oído mis oídos, atentos a la belleza de las sonatas de Bach, los cuartetos de Beethoven, los nocturnos de Chopin, ráfagas de metralleta? He presentido el temor erizándome el cabello? Mi corazón marinero marinero, ay!, en tierra ha dado tumbos de susto? Confieso con alegría, con un colosal contento que no me cabe en el pecho, que rotundamente no. Yo he visto gente cordial con caudales de alegría asomándole a los ojos. Calles repletas de coches con un tráfico caótico que van de casa al trabajo, o del trabajo al hogar, con esa prisa apremiante de las ciudades modernas. De las urbes diligentes entregadas al trabajo.

En los parques he escuchado gritos de niños felices los niños curan el alma , escribió el gran Dostoyevski jugando y cantando a coro. Me han sorprendido los barrios elegantes y modernos del norte de la ciudad. Su estética arquitectura y su diseño urbanístico. Y la belleza nostálgica de toda la zona centro. Y me han desgarrado el alma la miseria y la violencia de algunas zonas del sur. Me ha llamado la atención la gran cantidad de jóvenes Europa está envejeciendo a pasos agigantados, que son promesa y futuro. Me ha causado mucho asombro la inquietud intelectual de los universitarios. He tomado el pulso intenso a la vida cultural de la activa Bogotá. He oído genios del piano interpretar a los clásicos. Leído a poetas jóvenes un sueño soñador con espejos en las alas rebosantes de lirismo. Sé las hazañas científicas y la gran humanidad de su alma generosa del genial Patarroyo. Y he escuchado por las noches el silencio sideral abrazando a Bogotá y vigilando su sueño.

Dibujo un paisaje idílico? Cierro mis ojos y oídos al lado feo de Colombia? Pues rotundamente no. Sé que existe la violencia, la política corrupta, el blanqueo de dinero obtenido con la droga, la incultura y la pobreza. Y en qué país de la tierra no existen cosas así? En España padecemos la violencia terrorista desde hace ya muchos años. La tasa de desempleo es más alta que en Colombia. En la refinada Bélgica ha habido siniestros crímenes de niñas y adolescentes que han sido descuartizadas, y enterradas con vileza, por crueles pederastas. En Alemania se incendian los hogares de los turcos con sus habitantes dentro. Algunas calles de Viena, en que resuenan los valses y las melodías de Strauss, están tomadas por jóvenes inflamados de racismo que emplean parte de su tiempo en la caza del eslavo. España expulsa a los moros , a los espaldas mojadas. Crece el consumo de droga que arruina las vidas jóvenes. Quien tenga dudas de ello que se dé un paseo por Amsterdam. Podría estar horas y horas relatando las miserias de los países de Europa. No existe, pues, a mi juicio, una diferencia esencial entre Colombia y Europa, sino tan solo de grado. Y añadiré aún algo más: Colombia, toda América Latina, está llena de futuro. En cambio, la vieja Europa va de prisa cuesta abajo. Su Santidad Juan Pablo II lo ha dicho muy claramente: Latinoamérica es la esperanza y el futuro.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
31 de agosto de 1997
Autor
JOSE LUIS DEL BARCO

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