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LAS REFORMAS TRIBUTARIAS EN COLOMBIA

La recurrencia de las llamadas reformas tributarias en el mundo, pero particularmente en Colombia, debería constituir un motivo propicio para su estudio por parte de la sociología política. Ello en la medida en que el Estado, al parecer entre deliberada e inadvertidamente ha encontrado en la tributación y en el efecto demostración de todo aquello que la rodea, una posibilidad, si no la única, de manifestar en toda su plenitud el ejercicio de poder, de la soberanía.

Lo hace sin responder a una ideología política y menos aún filosófica, de manera que en algún momento de la historia la estructura tributaria pueda identificarse con un modelo de pensamiento. Al pretenderse una reforma tampoco se está dando respuesta a una visión económica determinada. Se procede sin consideración a las circunstancias sociales del país. Parecería ser que se tratara, simplemente, de un acto de poder: el más general, el más omnicomprensivo socialmente, el que de manera más efectiva y directa afecta a todos los coasociados incidiendo en la cotidianidad de todos ellos.

No existe, en la concepción de una reforma tributaria (pero en general en la de ninguna reforma) valoraciones de principio y de principios. Qué importan la justicia, la libertad, la seguridad jurídica, la armonía en todos los órdenes y en todas las direcciones que partiría, por ejemplo, del respeto efectivo al principio de una buena fe? Repitiendo aquel postulado de la sabiduría popular según el cual toda situación, por buena o mala que parezca, según sea, es susceptible de mejorarse o de empeorarse, según corresponda , nuestra colección de normas tributarias que no ya estructura en efecto es susceptible de recibir adiciones normativas, bien para darle una mejor presentación, ya para empeorarla.

Y en ese sentido, la reforma que ahora recibe su trámite en el parlamento, ni crea por supuesto una estructura, ni le añade mayor cosa a lo existente, pudiendo, predicarse de ella que, en estricto sentido, es innecesaria.

Como innecesaria era, salvo en términos de ejercicio del poder, la reforma buscada a través de medidas propias de la declaratoria del estado de emergencia económica, de adecuada aplicación y una eficaz administración de la legislación vigente permitirían, ciertamente, mejores resultados que los formalmente buscados mediante la reforma en curso y mientras, como lo reitera el Instituto Colombiano de Derecho Tributario en comunicación dirigida al Congreso sobre la materia, y a este propósito, se hace necesario un estudio a fondo del sistema tributario colombiano que permita dar efectivo cumplimiento a los principios de equidad , eficiencia y progresividad que en buena hora acogió el artículo 363 de nuestra Constitución Política .

Por lo demás, ha de admitirse que el articulado ahora discutido por el Congreso, ni con mucho alcanza a la categoría de una Reforma . Llamar así al proyecto no pasa de constituir una señal equivocada para el país que piensa, que trabaja y que produce, donde la marginalidad esencial de las normas propuestas no debe afectar a ese mismo país, salvo por su fundamental contribución al atiborramiento de trámites y de requisitos procesales, que tan solo añaden piezas a ese monumento nacional de la verdad formal, artificial, acaso mentirosa, colocado ya por encima y de lejos de la verdad material, de la verdad verdadera.

Aunque males de todos y de todos los tiempos no han de servir de consuelo, un pasaje escrito en 1926 por Hermann Hesse, el mismo de El Lobo Estepario y que por lo de más nos recuerda también a Kafka nos permite mitigar la desazón, pero también encontrar una explicación, en su parte final, del por qué del desconocimiento del principio de la buena fe.

No hace falta ser condenado para conocer este extraño e infernal mundo de las oficinas, de las documentaciones y de las actas. De todos los infiernos que el hombre ha tenido el capricho de crearse, este ha sido siempre el más refinado. Pretendes simplemente trasladarte de domicilio, contraer matrimonio o gestionar un pasaporte o un certificado de ciudadanía y ya estás metido en ese infierno, ya tienes que pasar horas y horas amargas en las salas de aire irrespirable de ese mundo papelero... en el que solo encuentras incredulidad para tus más sencillas y verídicas declaraciones y que te trata también como a un niño o a un criminal * Hesse, Hermann, ensueños, ed. Española, México, 1980, pag 80.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
23 de junio de 1997
Autor
Eduardo Laverde Toscano Especial para EL TIEMPO

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