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EL GRAN PADRINO
En relación con la alcaldÃa cÃvica adopté como norma de conducta el silencio público. Asà procedimos deliberadamente, hasta ahora, quienes fuimos responsables en dedicación exclusiva del proceso de elección de Antanas Mockus.
Hoy, análisis como el realizado por Jaime Ruiz en su columna LÃmites y lÃmites o el de Rafael Santos en Como inútiles borregos nos sacuden y sentimos que nos acusan. Afirmaciones como la de la Secretaria de Gobierno con referencia a Raúl Barragán nos obligan además a opinar crÃticamente, buscar relaciones, confrontar los compromisos y desmitificar lo cotidiano.
Una de esas verdades desconocidas, pero de buena fe guardadas, ha sido el papel jugado por Raúl Barragán en todo el proceso. El comenzó en la campaña como actor zalamero para llegar a convertirse en el gran padrino que, al parecer, puso y dispone de funcionarios a su antojo, permite o niega participar en la administración y bendice, condena o aprueba programas.
Precisamente, cuando en la parte final de la campaña se requirió tener una perspectiva cierta sobre las finanzas de la capital, y ante propuestas de adelantar un estudio riguroso, como coordinador general del proceso lo propuse al candidato. El doctor Barragán adujo entonces que tenÃa la financiación para realizarlo y que él lo coordinarÃa, lo que nunca llevó a cabo.
Ahora, como el doctor Bromberg, estoy sorprendido con el hallazgo de que la administración de Bogotá se conformó según la activa intervención de un gran padrino que recomendó, sugirió y nombró a la mayorÃa de los ejecutivos, basado en el amiguismo o el parentesco, bajo la mirada distraÃda de nuestro alcalde. Parece que allÃ, si es cierto, no hubo lÃmites, ni autorregulación, ni cultura ciudadana, sino cultura del atajo.
Desde tiempos de campaña se observó el afán de posicionamiento del doctor Barragán, quien llegó a la misma un mes antes de la elección, y asumió que toda la reflexión realizada por las mesas de estudio y los esfuerzos de los Comités Operativos, en los que no participó, no habÃan valido la pena; que él tenÃa la fórmula mágica para decirlo todo en una página, y que al parecer lo harÃa todo.
Cuánto le habrán costado al erario del Distrito la sabidurÃa, los juegos, y el eficientismo del señor asesor, en términos de tiempo perdido para la ejecución? Cuál es el significado real de la insubsistencia del director de Planeación ? Acaso procurar una coordinación eficaz que no existÃa en la Administración Distrital? o impulsar el Plan Maestro de Transporte como el Plan de Desarrollo que nunca se definió en la administración durante tres años perdidos para la ciudad, rechazando de paso la definición del sistema integrado de transporte propuesto por la Presidencia de la República? O acaso correspondió a una lucha subalterna de poderes que salió a flote? Qué pensarán P. Bromberg y el ex director de planeación a estas alturas del partido?
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Bogotá
- Fecha de publicación
- 23 de junio de 1997
- Autor
- Henry Olarte. Sociólogo
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