EL GRAN PADRINO

EL GRAN PADRINO

En relación con la alcaldía cívica adopté como norma de conducta el silencio público. Así procedimos deliberadamente, hasta ahora, quienes fuimos responsables en dedicación exclusiva del proceso de elección de Antanas Mockus.

23 de junio 1997 , 12:00 a.m.

Hoy, análisis como el realizado por Jaime Ruiz en su columna Límites y límites o el de Rafael Santos en Como inútiles borregos nos sacuden y sentimos que nos acusan. Afirmaciones como la de la Secretaria de Gobierno con referencia a Raúl Barragán nos obligan además a opinar críticamente, buscar relaciones, confrontar los compromisos y desmitificar lo cotidiano.

Una de esas verdades desconocidas, pero de buena fe guardadas, ha sido el papel jugado por Raúl Barragán en todo el proceso. El comenzó en la campaña como actor zalamero para llegar a convertirse en el gran padrino que, al parecer, puso y dispone de funcionarios a su antojo, permite o niega participar en la administración y bendice, condena o aprueba programas.

Precisamente, cuando en la parte final de la campaña se requirió tener una perspectiva cierta sobre las finanzas de la capital, y ante propuestas de adelantar un estudio riguroso, como coordinador general del proceso lo propuse al candidato. El doctor Barragán adujo entonces que tenía la financiación para realizarlo y que él lo coordinaría, lo que nunca llevó a cabo.

Ahora, como el doctor Bromberg, estoy sorprendido con el hallazgo de que la administración de Bogotá se conformó según la activa intervención de un gran padrino que recomendó, sugirió y nombró a la mayoría de los ejecutivos, basado en el amiguismo o el parentesco, bajo la mirada distraída de nuestro alcalde. Parece que allí, si es cierto, no hubo límites, ni autorregulación, ni cultura ciudadana, sino cultura del atajo.

Desde tiempos de campaña se observó el afán de posicionamiento del doctor Barragán, quien llegó a la misma un mes antes de la elección, y asumió que toda la reflexión realizada por las mesas de estudio y los esfuerzos de los Comités Operativos, en los que no participó, no habían valido la pena; que él tenía la fórmula mágica para decirlo todo en una página, y que al parecer lo haría todo.

Cuánto le habrán costado al erario del Distrito la sabiduría, los juegos, y el eficientismo del señor asesor, en términos de tiempo perdido para la ejecución? Cuál es el significado real de la insubsistencia del director de Planeación ? Acaso procurar una coordinación eficaz que no existía en la Administración Distrital? o impulsar el Plan Maestro de Transporte como el Plan de Desarrollo que nunca se definió en la administración durante tres años perdidos para la ciudad, rechazando de paso la definición del sistema integrado de transporte propuesto por la Presidencia de la República? O acaso correspondió a una lucha subalterna de poderes que salió a flote? Qué pensarán P. Bromberg y el ex director de planeación a estas alturas del partido?

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.