Colombianos dan cátedra sobre un coral gigante

Colombianos dan cátedra sobre un coral gigante


2 de febrero de 2013, 05:00 am

Javier Silva Herrera Redacción Vida de Hoy No es un coral común, al punto que le dicen 'goma de mascar'. Vive en aguas más bien heladas y en sitios extremos, como la Antártica o el Polo Norte. Pero tal vez lo que lo hace más inusual es que es la especie de coral más grande del planeta. En documentos del siglo XIX, pescadores del norte de Europa decían que encontraban fragmentos tan corpulentos de este ser vivo que pensaban que un solo individuo podía alcanzar el tamaño de un árbol.

Y no estaban equivocados. Un coral 'chicle' o 'chicludo' puede alcanzar los diez metros de altura, sin perder flexibilidad y fuerza.

Desde hace meses, este extraordinario animal marino es la obsesión de dos científicos nacionales que se han aventurado a rastrear su evolución, su ubicación y los peligros que enfrenta. Son las personas que más lo conocen en el mundo, a pesar de que nunca ha sido visto en Colombia.

Y son obstinados para examinarlo porque, según ellos, el bubblegum coral, como se identifica generalmente en inglés, puede tener la respuesta a muchos interrogantes aún no resueltos.

¿Podría ser la clave de un medicamento con el que se podrían tratar enfermedades aún incurables? ¿La respuesta definitiva contra el cáncer? ¿Una sustancia para ponerle un freno al virus del sida? "Todo es posible. Pero precisamente eso es lo que estamos tratando de impulsar al 'rastrearlo' y analizarlo", dice Juan Armando Sánchez, biólogo marino de la Universidad Jorge Tadeo Lozano e investigador y docente de la Universidad de los Andes.

¿Un remedio que retarde el envejecimiento? Como dice Sánchez, todo es posible.

Basta pensar que alguna vigorosa sustancia deberá tener el 'goma de mascar', desde que puede vivir más de 500 años. Algunas investigaciones se atreven a calcular su expectativa de vida en 1.000 años. Los hallazgos logrados por Sánchez y Santiago Herrera, investigador y estudiante de doctorado del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y magíster en Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes, no han sido insignificantes.

Uno de los misterios resueltos por ellos es que por corrientes oceánicas, el coral se ha extendido por sitios tan extremos como Alaska, en Estados Unidos; Groenlandia (Dinamarca), Noruega, Rusia; Japón, y ha llegado a Nueva Zelanda, Australia y la Antártica. También identificaron que ha logrado formar una 'familia' integrada por 10 especies diferentes, ocho de ellas descubiertas por Sánchez. Pudieron saberlo recolectando partes que habían sido recogidas en diferentes lugares del mundo, incluso relacionadas en museos europeos, y que fueron acumulando en el laboratorio de la universidad.

Aquí, más que un ejercicio de investigación genética, se aplicó la filogeografía, que es el estudio de los procesos históricos que pueden ser responsables de la distribución geográfica de un individuo. "El movimiento del coral comenzó en Canadá, bajó al sur y se extendió incluso hasta la isla Reunión, cerca de Madagascar; también ha llegado al Atlántico", explica Sánchez.

Nadie había logrado antes hacer un estudio de una especie que viviera en sitios tan diferentes y extremos en el mundo, distribución que se concretó hace 30 millones de años, durante el Mioceno, y cuando muchos de los continentes no estaban separados, tal cual como los vemos hoy. Que en todos estos recorridos y desplazamientos alguna población se haya quedado en alguna porción de mar colombiano es muy probable. Pero aquí aparece otra de las peculiaridades del Paragorgia arborea, como es conocido científicamente: y es que para encontrarlo hay que sumergirse a más de 800 metros de profundidad. Y en Colombia, esos estudios que implican descensos tan largos y prolongados en el océano son casi nulos. Pero no se descarta que alguno esté refugiado en zonas de La Guajira, donde se sitúan ambientes de rocas duras.

O en la isla de Malpelo, en los alrededores de San Andrés y Providencia y en las islas del Rosario, zonas que han sido receptoras de enormes porciones de biodiversidad. Las investigaciones de Sánchez y Herrera, que acaban de ser publicadas en la revista especializada Molecular Ecology, han confirmado que así como robles o ceibas en plena selva se vuelven la casa de cientos de mamíferos, aves o insectos, este coral también es el hogar de miles de animales. Según la organización Oceana, los peces roca, gambas y cangrejos de gran importancia económica, se esconden entre sus ramas en busca de refugio.

Estrellas de mar y las esponjas se adhieren a sus 'brazos' para aprovechar mejor la comida de las corrientes nutritivas. Incluso, los caracoles marinos se alimentan directamente de sus pólipos.

Una indagación del Instituto de Investigaciones Marinas de Noruega halló en un solo ejemplar de coral 1.600 individuos de camarones y otros crustáceos. Es un tesoro que, como muchos otros tipos de coral en el mundo, está en gravísimo riesgo de extinción por la pesca de arrastre, que usa enormes mallas que barren con los fondos marinos. Esto ha llevado a Greenpeace a incluirlo en la lista de las especies que requieren mayores esfuerzos de conservación, ya que solo en Nueva Zelanda, según esta organización, el coral contribuye al sostenimiento del 95 por ciento de la pesca.

A esto se suman dos fenómenos adicionales que han mermado sus poblaciones: el calentamiento global, que ha incrementado la temperatura del agua del mar y ha hecho que la vida del coral sea cada vez más complicada (esta especie requiere aguas frías, alguna de ellas con temperaturas cercanas a los 5 grados centígrados). Y la acidificación, producida porque parte de las emisiones de dióxido de carbono se acumulan en el océano, lo que se traduce en un aumento de su acidez (principalmente en las capas superficiales) y disminuyen la concentración de carbonatos necesarios para que muchos organismos, como los corales, formen sus esqueletos o conchas de calcio. "Precisamente, hacer este tipo de investigaciones nos ayuda a confirmar la necesidad de hacer enormes esfuerzos de conservación de nuestras áreas marinas -dice Sánchez-. No tenemos certeza sobre si un coral tan importante como este vive en Colombia, pero por no saberlo es que deberíamos darle mayor trascendencia a la preservación del océano. Esta y otras especies lo merecen".