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NUEVO LENGUAJE MILITAR

Pide el Comandante del Ejército con mando directo sobre su tropa que, en aras de un nuevo clima de paz, jubilen a los guerreristas. Guerreristas que, según el General Bonett, no siempre están vestidos de uniforme militar: Esos son los más peligrosos. Los verdaderos guerreristas peligrosos a los que no solamente hay que jubilar sino guardarlos son los guerreristas de civil. Ya uno no puede salir, no puede asistir a una recepción, porque le aparecen esos tipos a incitarlo . (EL TIEMPO, 18-V-97).

Aparte de que tales declaraciones son una confesión tácita de que existen sectores es decir, siguen existiendo que consideran que la única solución de los problemas la constituye la bota militar, es indudable que el tono utilizado por Bonett compagina más con el ánimo pacifista del ministro de Defensa, Gilberto Echeverry Mejía, que con la opinión de su superior inmediato, Harold Bedoya Pizarro, Comandante de las Fuerzas Militares. Pues mientras Echeverry no ha dejado de utilizar una voz conciliadora, al amparo de un gran acuerdo de paz que según él trasciende al Gobierno para convertirse en un Pacto de Estado, las palabras a que apela el General Bedoya, frente a problemas no siempre de su resorte, son paradójicamente mucho más confrontacionales, para no utilizar el término guerreristas. Pues, de acuerdo con mi General Bonett, mi General Bedoya no es guerrerista, sino un hombre de gran maniobra en los círculos de la sociedad .

Aunque ignoro qué quiere decir exactamente eso, me parece que así como los generales hablan claro frente a la situación del país, los periodistas también debemos perder esa especie de solemnidad cuando de abordar el tema de los militares se trata. Y no de ahora sino desde hace rato resulta palpable que entre Bedoya y el Gobierno (o mejor, entre Bedoya y Samper) las opiniones de ambos frente a temas comunes son divergentes cuando no complemetamente antagónicas. Ante semejantes hechos pienso que no se puede seguir tapando el sol con las manos. Porque aquí hay alguien que se siente incómodo. O el General Bedoya con esta Administración o, peor aún, la Administración con las salidas públicas de este General, aunque las cabezas visibles del Ejecutivo digan otra cosa como en el caso reciente de Serpa cuando estuvo como Ministro Delegatario, o simplemente lo nieguen.

De manera que todos deberían jugar con las cartas destapadas, y sin maniobras, para bien de la sociedad. Que el General Bedoya no esté de acuerdo con lo que dice y hace el jefe del Estado, quien es de paso el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, es lícito pero no conveniente. Ya se sabe que muchas personas no están de acuerdo con Samper. Lo grave o al menos lo inconveniente es que Bedoya sea el General de más alto rango dentro de nuestra estructura militar y sus opiniones de pronto resulten contrarias a las del Presidente, a las del Ministro de Defensa, y ahora posiblemente a las del Comandante del Ejército. Quien si bien utiliza en la entrevista mencionada un lenguaje no de izquierda, sí habría que calificarlo de progresista y audaz, si se trata de buscar espacios para la convivencia nacional.

El del General Bonett es un nuevo discurso militar. Todo lo que dice es cierto, comenzando por el hecho de que la sociedad está aburrida de la guerra, para lo cual ha llegado el momento de buscar la paz con concesiones . Valiosa, además, su posición de rechazo a la ayuda militar de los Estados Unidos, bajo la convicción de que por unos dólares más yo no voy a empeñar la dignidad de mis soldados , a propósito de existir un memorando de la embajada gringa que impone ciertas condiciones unilaterales para recibir esa ayuda. No hay que ser sabios para saber de la cercanía de Bedoya con Frechette y los norteamericanos, que es algo diferente de lo que plantea Bonett en el reportaje aludido. De modo que aquí, lamentablemente, está sobrando alguien; y el propio Primer Mandatario no puede permitir que se sigan erosionando las relaciones con un miembro de las Fuerzas Armadas que, como el General Bedoya, si bien ha servido a su patria con lealtad y decoro, es posible que para no seguir engañándonos haya llegado la hora de su retiro, discreto e inevitable, ante las abiertas y permanentes discrepancias con sus jefes y subalternos.

* * * Sólo un personaje tan encumbrado y con semejantes apellidos como don Antonio Caballero Holguín Calderón puede darse los lujos que se da. Vivir seis meses en España a cuerpo de rey, como lo ha hecho siempre, y regresar los otros seis cuando el frío aprieta en Europa para que eximios exponentes de la sociedad bogotana se dediquen a mimarlo con un placer un tanto servil, brindándole en sus casas toda suerte de viandas, de copas y otras cosas, con tal de que después éste les escupa.

La verdad es que Antonio se ha vuelto un gran lagarto, con el paso del tiempo. Cada vez que llega está pendiente ya no apenas del empresario que lo invita, o de la pintora que lo corteja, sino de ver cómo almuerza o dónde come, clandestinamente, con las cabezas invisibles del poder. Hasta con el General Bonett Locarno, quién lo creyera! La ventaja es que, para nuestra burguesía de pacotilla, Caballero es un lagarto VIP: very important person.

Son, por fortuna, muchas las diferencias que tengo con este bufón de la aristocracia criolla invadido de Sida mental, pero tal vez la principal es la de que no me avergenzo de mis amigos, como en cambio sí le ocurre a él con los suyos, cada vez con más frecuencia. Sobre todo cuando lo convidan, se entiende. Es su forma ya peculiar de devolver atenciones

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
21 de mayo de 1997
Autor
D ARTAGNAN

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