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VIVALDA VOLÓ POR ÚLTIMA VEZ

Son las notas que uno no busca, que no quisiera escribir nunca, pero que la profesión las pone ahí, en el cajón de las obligaciones no deseadas. Me pasó cuando René Houseman anduvo mal y el fantasma de la muerte le estrechó el cerco. Hacer un artículo de René caído en desgracia fue tarea insalubre. A nadie puede agradarle escribir sobre la decadencia de un ídolo, sus miserias, su cuesta abajo, la crónica de sus penas encadenadas. Sobre todo si fue un sujeto tan admirado para el periodista como René. Cómo le explico? René fue un ángel desprotegido por la vida, que quiso que fuera una eminencia en el fútbol y un analfabeto en las cuestiones humanas. Bueno, buenísimo, un pan de Dios. Y en la cancha, un superdotado. Genio, pero genio sin vueltas. No parecía verdadero, fue un dibujo animado. Charles Chaplin jugando fútbol.

Me acuerdo del Mundial-74, contra Italia lo marcó Capello, pobre, el que hoy es técnico del Milán. Qué baile le pegó! En total, lo debe haber gambeteado unas 40 veces, lo hacía pasar de largo, frenaba, enganchaba, volvía, le hacía un túnel... Qué fenómenal fabricante de sonrisas! El Loco Houseman fue único. Yo mataba por René, lo amaba. Y un buen día hubo que escribir que se murió, acosado por la bebida, el tabaco y la anemia. Fue duro.

El tema, hoy, es Vivalda. El mismo que triunfó en Millonarios. Buen arquero y buen muchacho. El 4 de este mes, deprimido hasta la locura, acosado por la soledad, hizo la última volada de su vida: se arrojó al paso de un tren y se fue para el otro mundo.

Alberto Pedro Vivalda tenía 37 años, algunos problemas económicos y muchos de familia. Su suerte se mantuvo en reserva total, al punto que recién se conoció veinte días más tarde. Lo que se sabe muy poco es a través de lejanos testimonios de sus compañeros y de un representante.

Alberto casi no tenía amigos en el fútbol. Su ex apoderado se animó a decir que sufría horrores por los problemas familiares. Su mujer lo había dejado, llevándose los tres hijos del matrimonio para irse a vivir a casa de su madre, en un pueblo del interior. Su suegra, contaba, lo enloquecía.

Historias humanas que se dan. Laberintos de amargura. Y cuando no pudo más, buscó la salida de la muerte. Que parece doler más en el caso de un personaje del fútbol, del deporte, que llegó a darle alegría a mucha gente.

Hace tiempo que Vivalda estaba acosado por el fantasma de la locura, que suele entrar al cerebro por la puerta que abre la depresión. Un ex futbolista de Ferro, el penúltimo club donde jugó, me contó hace mas de un año que estaba asistiendo a un instituto siquiátrico, con problemas depresivos.

Crónica de una muerte anunciada.

Se había quejado del final de su campaña tambiém. De club en club, equipos chicos, retiro prematuro. El, que había empezado en River con tan buenos augurios, que le fue tan bien en Chacarita, en Racing, en Millonarios.

El año pasado, uno de los últimos personajes del ambiente que lo vio fue Acuña, volante de Belgrano, que lo conoció en la época de Ferro. Lo cruzó en la calle. Vivalda le ofreció un apartamento que tenía en el barrio Caballito. Lo vio un tanto desesperado, como que se lo quiso vender a la fuerza.

Fue hace diez meses. Nadie más supo de la suerte del arquero, que es una forma de decir, qué suerte puede tener un hombre acorralado por la angustia, acosado por la soledad.

Sabe Dios los percances de su mente. Si el culpable es él o su familia, si el verdugo es la suegra, la maldita de la película según relata la magra investigación periodística.

Cuenta la historia que un hombre llega a una funeraria y pide un servicio funerario para su suegra, fallecida de muerte natural. El funebrero pregunta: Qué servicio desea.

Cómo qué servicio? Claro, desea embalsamarla, cremarla o enterrarla? El hombre lo piensa un momento y responde: No corramos riesgos. Las tres cosas... .

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
27 de febrero de 1994
Autor
JORGE BARRAZA

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