STRIPTEASE
El ritmo implacable de Mister Personality transmitió su tensión al ambiente. La luz ocre de las arañas de techo se debilitó y el haz verde de los reflectores iluminó la pista. Al fondo apareció Roxana. Vestía un conjunto de velo. Bajo la blusa transparente se advertían sus senos respingados de pezones rosados, y una tanga se vislumbraba a través del pantaloncito.
Con la mano apoyada sobre la baranda, Roxana empezó a bailar. Sus movimientos recordaban el caer de una serpentina. Sobre el espejo que revestía la pared, ella observaba su figura y revisaba cada parte de su cuerpo. Estaba satisfecha. Las dos horas de gimnasia se reflejaban en la fortaleza de sus muslos y en la firmeza de su vientre.
Se alejó del espejo. Con pasos largos y fuertes, recorrió el escenario del club nocturno. Sus brazos se movían fluidamente, al ritmo de las caderas que se balanceaban con sugestiva ondulación. En sus ojos, una mirada de estudiada provocación.
Una balada de Air Supply marcó el comienzo de la segunda parte. Poco a poco, entre giros, pasos y suaves movimientos, su ropa fue desapareciendo. Roxana se deshizo de la blusa. Un par de senos pequeños y un torso de piel satinada quedaron al aire. Después se quitó el pantaloncito, que dejó al descubierto una tanga brasilera bordada con lentejuelas y unos glúteos abombados. Por último, desabrochó hábilmente el bikini que se esfumó entre sus dedos y quedó vestida con solo la luz verde de los reflectores. Luz que, con el maquillaje y el nombre falso que usaba, se convertía en su máscara de la noche.
Desnuda, Roxana ejecutó un par de giros y se esfumó.
Un poder mágico Aunque Roxana hacía strip-tease por dinero, desde niña había soñado con bailar frente a los demás. Cuando veía películas como Flashdance, me encantaba la energía que liberaban esas peladas al bailar , cuenta esta paisa de 20 años.
Como ella, las jóvenes que hacen show afirman que lo disfrutan. En la pista me siento divina, sexy y muy deseable. Es como si tuviera un poder mágico. Todos los hombres están a mis pies y yo domino la situación , dice Pamela, una caleña de 19 años. Y Sussy, una chocoana de 21 años, está de acuerdo con ella: Me concentro en la música, siento una energía que me llena, y me fascina ver cómo acaparo toda la atención. Miro a los tipos, les coqueteo y les saco la colita así , explica, mientras hace una demostración. Y ríe.
Sin embargo, ya han pasado varios años desde el día en que estas stripper decidieron desnudarse en público para promocionarse , conseguir clientes y cuadrar sus noches. Un día que todas recuerdan y, aseguran, nunca olvidarán. Esa noche tomé hartísimo y salí a la pista con un body blanco. Bailé, sin mirar a nadie. Sudaba y el corazón me palpitaba. Con luces titilantes, el disc jockey me avisó que era hora de desnudarme. Entonces comencé: me lo quito o no me lo quito... Finalmente, me quité el body de una y regresé rápido al camerino , relata Lucía, una cartagenera de 25 años que al llegar a Bogotá fue mesera y dependienta en un almacén.
El sueldo mínimo no les alcanza para vivir, sostienen estas jóvenes que promedian los 22 años y provienen, en su mayoría, de ciudades como Medellín, Cali y Pereira. Casi adolescentes llegaron a la capital en busca de dinero y, después de trabajar en hoteles, restaurantes y almacenes, lo hallaron en los clubes nocturnos.
Pero, al comienzo, en estos centros también encontraron un pequeño infierno. Durante los dos primeros meses me hacían mala cara, me escondían los zapatos, me quitaban los clientes, me hicieron la vida imposible asegura Sussy. A mí, esa película de Strip-tease me pareció malísima. Yo pensaba que iban a mostrar todo lo que a uno le toca luchar, pero salieron con que todo es amor, ayuda y un poco de mentiras que no son .
Al igual que Sussy y Roxana, que hacen show en locales del norte de Bogotá, las 366 stripper del centro y las 571 que se contabilizaron en Chapinero hace cuatro años, reciben entre 5.000 y 7.000 pesos por presentación. Suma irrisoria comparada con los 50.000, 100.000, 200.000 y hasta un millón de pesos que les ofrecen los clientes por acostarse con ellas, después de verlas actuar.
Pero, strip-tease, no todas pueden hacer. Raúl, coreógrafo y bailarín de un elegante centro nocturno de la ciudad, escoge solo jóvenes de perfil distinguido, silueta proporcionada y espíritu aguerrido: Físicamente, busco niñas de al menos 1,70 mts. de estatura, senos pequeños y levantados, glúteos bombeados, muslos sinuosos y piernas largas de color definido. Pero también deben saber comportarse y expresarse bien, porque ellas son las más solicitadas por los hombres .
Veinte minutos después de abandonar la pista, Roxana regresó al salón, Apareció vestida con una falda de flores y un top naranja en algodón. En su cabello, liso y castaño, lucía dos pequeños girasoles que sujetaban mechones de pelo.
De inmediato, un hombre la llamó y, tras charlar un rato, ella se levantó. Tomó su chaqueta, el bolso y se sentó en la barra a esperar. Observó a su compañero que pagó la noche por adelantado y se preparó para salir con él. Pero antes de marcharse, preguntó: Tú sabías que el 60 por ciento de las niñas que trabajamos aquí somos bisexuales? El candor del día Durante el día, las stripper llevan otra vida. Inmensas y seductoras sobre el escenario, lucen menudas e ingenuas bajo la luz del sol. Silvana es estudiante de bachillerato y se levanta todos los días a las 7:30 de la mañana para asistir a clase. Sussy toma dos horas diarias de inglés, y Marcia va a la universidad, donde estudia sicología.
Horas después, comienza su noche. Noche de luces, de risas, de clientes y de tacones. Pero en mi clase nadie sabe lo que hago después de las 7 p.m. aclara Sussy. A mis amigos les digo que me mandan plata de mi casa y a mis vecinos, que soy groupier de un casino y por eso llego tarde .
Su apariencia tampoco las delata. Provocativas dentro de las paredes del night-club, son recatadas fuera de ellas. En escena me encanta ser sexy, que me admiren, que me aplaudan. Pero, al salir a la calle, me tapo del cuello hasta los pies y, si alguien me mira, me muero de angustia y pienso: será que estoy voleta , será que estoy mostrando la pu...? , cuenta Janine. Y concluye: Sabe qué es eso? La conciencia! Al verlas durante el día, no es fácil imaginar cómo transcurren sus noches. De nariz respingada, ojos risueños y una sonrisa que ilumina su rostro moreno, Sussy es la imagen vida del candor. Candor que ella realza usando un amplio overol de jean y un gorro de lana calado hasta las orejas.
Aquí somos lo que somos, pero salimos y dejamos de ser , asegura Clara en forma tajante, mientras se pone los zapatos de tacón nueve y medio que la elevan varios centímetros por encima de sus pretendientes. Por eso, no se maquillan, visten jeans y se peinan con cola de caballo.
A pesar de tantas precauciones, hay ocasiones en que el día se mezcla con la noche y algunos de sus personajes invaden terrenos clandestinos. Mi preocupación es que alguien me vea , indica Clara. Preocupación con fundamento. A menudo, alguna de estas niñas se topa a boca de jarro con alguien conocido. La semana pasada recuerda Liz me arrimé a una mesa a pedir un cigarrillo. Cuando me acerqué bien a uno de los clientes, me di cuenta de que era el tío de mi novio. Tranquila, no pasa nada , me dijo .
Encontrar un salvador que les cambie la vida es el sueño de algunas de las stripper, cuyo mayor temor es, por tanto, echar a perder esa oportunidad. Se los advierto: si me sacan la cara, los mato , chilló Jenny, que había accedido a dejarse fotografiar durante el show. Un poco de licor y los artificios de sus compañeras habían aterrorizado a esta joven que prepara su boda para febrero del próximo año.
Conseguir plata y montar un negocio es el anhelo de la mayoría, que desprecia cualquier declaración de amor de sus compañeros de noche. Me parece que son idiotas al decirte que dejes de hacer strip-tease y de prostituirte. Esos son cuentos de Corín Tellado , afirma Vanessa con desdén.
Amor al dinero Sin embargo, a menudo, estas niñas de caderas ondulantes protagonizan con sus clientes historias con tintes rosa pero final infeliz. Ellas se enamoran y ellos las rescatan... durante algún tiempo. Las que se van a vivir con los clientes finalmente regresan , asegura Raúl, el core f3grafo.
Cuando trabajaba en San Andrés, me enamoré de un alemán de 40 años, que me llevó a su país cuenta Sussy. Al cabo de un año volví a Cali y él me siguió. Después vivimos en Santa Marta hasta que lo dejé y regresé a San Andrés. Esta vez me enamoré de un español. Nos marchamos a España y estuvimos juntos un tiempo, Me cansé de pedirle plata para todo y lo dejé. Le prometí volver en dos meses pero han pasado ocho y no he pensado en viajar .
Más que en la realidad, es en la mente de estas jovencitas donde Corín Tellado no tiene lugar. Con los hombres uno tiene lo que necesita hasta el momento en que todo se daña. Porque siempre se daña! enfatiza Sussy. Por eso, quiero tener mis propias cosas .
Y, por eso, ganar dinero es para estas niñas la meta principal. Yo aspiro a conseguir plata hasta taparme! , exclama abiertamente Vanessa. Plata para abrir una tienda de ropa, plata para comprar un apartamento, plata para regalarle una casa a su madre y plata, incluso, para estudiar: Yo hice tres semestres de administración en Medellín pero tuve que retirarme dice Vanessa. Apenas pueda, entro a estudiar medicina .
Algunas lo han logrado. Cristina viaja en un Mercedes con chofer y Amanda abrió un taller de diseño. Ahora, ellas llevan una sola vida. La misma de día y de noche.
Estos casos animan a las más jóvenes que, aunque conocen los riesgos, emigran a España, Alemania o Japón en busca del dinero para poder retirarse. Ya tengo una conexión en Cartagena para trabajar un año en Madrid. Lo que gane durante los primeros tres meses es para devolver la plata del pasaje y otros gastos, que suman entre tres y cinco millones de pesos. Después, todo es para mí , explica Vanessa.
Hace seis meses que su hermana menor se prostituye en España. La mitad de ese tiempo estuvo prisionera en una finca, en la afueras de Madrid. Hasta que una noche se escapó con sus maletas y caminó sola hasta el otro día , cuenta Vanessa.
Y eso no la atemoriza? A mí nada me da miedo , responde con frialdad.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 3 de noviembre de 1996
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