Clepsidra ¿Qué mueve a las Farc a negociar?

Clepsidra ¿Qué mueve a las Farc a negociar?


21 de septiembre de 2012, 05:00 am

La historia reciente de la participación de las Farc en procesos de negociación emprendidos por diversos presidentes había oscilado entre el desdén y el oportunismo. La primera línea de conducta, la trazó 'Tirofijo', fue observada ante el llamado del presidente Betancur a los cuatro movimientos en armas de esa época: Farc, Eln, Epl y M-19. Las Farc ni siquiera respondieron el llamado. Tan solo cuando vieron la posibilidad de sacar partido se subieron al tren en marcha con el fin oculto de utilizar la tregua propuesta como trampolín para dar un salto adelante en el camino hacia el poder, según documentos incautados a la red urbana en Bucaramanga.

Esa conducta se mantuvo bajo los gobiernos de César Gaviria, Ernesto Samper y Andrés Pastrana, cuando el candidato a la Presidencia sostuvo reuniones públicas, primero por intermedio de su comisionado de Paz, Víctor G. Ricardo, luego personalmente con el propio 'Manuel Marulanda' en un refugio selvático.

El incauto país vio en ellas un camino anchuroso hacia la paz, por el cual consagró el voto mayoritario en la segunda vuelta. Tres años duró el fabuloso engaño del Caguán, que esta columna criticó desde el primer momento con la certidumbre del conocimiento profundo que el autor poseía sobre la entraña misma de las Farc.

¿Por qué, con tales antecedentes, el proceso en curso indica un cambio tan radical de actitud por parte del Secretariado y el Estado Mayor, en realidad la misma cosa bajo la mano de hierro del actual comandante supremo? Podemos configurar dos hipótesis. Primera: un nuevo engaño de las Farc en busca de aliento para reiniciar la lucha armada mediante una tregua salvadora. Segunda: los golpes devastadores de las Fuerzas Militares y su debilitamiento comparativo con el creciente poder del Estado llevan a los jerarcas de las Farc a la necesidad de negociar cuando aún conservan capacidades de ejecutar actos de terrorismo selectivo contra blancos sensibles del Estado, como la infraestructura energética y vial.

Comparando las dos hipótesis, se halla que la primera contradice la aceptación de condiciones impuestas por el Gobierno desde el comienzo de las cautelosas aproximaciones del presidente Santos en la primera fase del proceso, antes de emprender la negociación misma. La segunda es más realista y coherente con con lo que habría podido ser imposición del cese del fuego que el Gobierno se negó terminantemente a aceptar y las Farc cedieron sin más forcejeo, aparentando no conceder importancia decisiva a este punto. En el Caguán hubieran amenazado con levantarse de la mesa con arrogancia impositiva.

Se entra así a la segunda fase del proceso. Las Farc, en declaraciones altisonantes y fieles a su dialéctica de la mentira y el engaño, tratan de presentar como triunfo la apertura de la negociación. Uno de sus voceros asegura, en un acto de insostenible cinismo, no tener un solo secuestrado ni tener relación alguna con el narcotráfico. Aunque dominan la máxima maquiavélica de que la mentira 100 veces contada se vuelve verdad, esta aseveración resulta ridícula cuando la nación entera conoce la verdad.

Esta segunda fase del proceso constituye la prueba de fuego para el andamiaje armado con dificultad, pero con éxito, por el presidente Santos. Servirá, así mismo, para demostrar si es válida la segunda hipótesis contemplada aquí. Si la actitud de las Farc está afianzada en la intransigencia pertinaz como en ocasiones pasadas, el audaz proyecto habrá fracasado. En cambio, si revela flexibilidad y espíritu transaccional, podría pensarse en alcanzar la paz.

Como es obvio, el Gobierno deberá transigir en algunos puntos o esta no sería negociación, pero lo importante será que se respeten las condiciones básicas aceptadas por las Farc.

alvatov2@yahoo.com .

Gral. Álvaro Valencia Tovar