EL CÓDIGO DE NEMEQUENE

EL CÓDIGO DE NEMEQUENE

Puede que aparezca registrado o mencionado pero nunca comentado, y menos analizado, el código chibcha de Nemequene en la historia jurídica o constitucionalista de Colombia. Caso omiso de su importancia y trascendencia hacen los tratadistas, penalistas, profesores, expositores o historiadores de nuestro derecho. Para la gran mayoría, esa historia institucional empieza con el derecho indiano, es decir con el conjunto de normas que los monarcas españoles dictaron e impusieron en su inmenso y complejo imperio hispanoamericano. Omiten o desprecian los especialistas aquella legislación penal aborigen que sí referencian, hasta detalladamente, los cronistas del Nuevo Reino de Granada.

1 de abril de 1997, 05:00 am

Obviamente no se trata de una codificación escrita, ni mucho menos de una reglamentación positiva. Con fundamento en los usos, costumbres y tradiciones, y adoptado como derecho consuetudinario, el Zipa Nemequene exigió su obediencia mediante procesos breves y sumarios y fallos inmediatos, proferidos por los caciques, en su dilatado y populoso reino de Bacatá epicentro de la civilización chibcha y al que gobernó durante 32 años, de 1490 a 1522.

En medio de guerras y conflictos permanentes tuvo tiempo, sapiencia y paciencia aquel soberano terrígeno para imponer y garantizar el orden, la moral, la disciplina, la honradez, la ocupación, la probidad y la autoridad mediante una legislación tal vez justa y necesaria por las circunstancias sociales, pero excesiva, inhumana y cruel. No obstante, corresponde al mismo nivel y edad cultural de los asirio-caldaicos con su código de Hamurabi; de los hindúes, con las leyes de Manú, o el decálogo de los hebreos en la antigedad. Fue obra de un estadista, guerrero y legislador.

Curiosamente, aquel código se sujeta a la clásica división de los delitos contra la vida y la integridad personal; delitos contra el honor sexual, con la tipificación de la violencia carnal, el incesto y la sodomía; delitos contra la propiedad, contra la sociedad y seguridad del Estado, además de algunas normas sobre el régimen patrimonial de la herencia. Mandó, por ejemplo, que el homicida pagara con su vida el crimen cometido, aunque fuera perdonado por los deudos de la víctima. Ordenó la pena de muerte al violador, si era soltero; pero si estaba casado, sería deshonrado obligando a su esposa a cohabitar públicamente con dos hombres. A los incestuosos los sepultaban vivos en fosos inmundos, recubriéndolos con pesadas losas. Con tizones ardientes enceguecían a los ladrones y aplicaban terribles torturas y muerte a los sodomitas, traidores, despilfarradores, cobardes, blasfemos, querellistas, embusteros, etc.

Al ocurrir la arrolladora invasión de los conquistadores españoles, el código desapareció al ser desmantelada desde sus raíces la tercera civilización precolombina.