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LA PRENSA SE SILENCIÓ
Cuando la Prensa salió a la calle en agosto de 1988, en la oficina de Juan Carlos Pastrana habÃa un letrero que decÃa: Aquà me quedo . Y se quedó en la silla de director, pero sólo por algo más de 8 años, casi los mismos que duró el quinto matutino bogotano. El retiro de Pastrana en enero pasado presagió el final del diario, que se hizo realidad el jueves pasado, cuando la tinta dejó de correr sobre las paginas del tabloide pastranista, surgido de las cenizas del semanario Guión.
Al principio funcionó en una casona del barrio Quinta Paredes, de Bogotá, en las faldas de Monserrate. Bajo la tutela de Pastrana, los editores Gonzalo Guillén, Fernando Garavito, Elisa Pastrana de Cucalón y el pintor Gustavo Zalamea (encargado de la diagramación) se dieron a la tarea de darle vida al proyecto y callar las voces que presagiaban el rápido final del periódico.
Algunos años después, la Prensa se trasladó a una casa de tres pisos, a pocos pasos de Bulevar de las Estrellas, de Jorge Barón, muy cerca de Unicentro.
En su momento, la aparición de la Prensa fue descrita en el New York Times como una jugada del ex presidente Misael Pastrana para consolidar su control del Partido Conservador y la influencia polÃtica de su familia. Y nada distinto se pensó aquÃ, aunque los Pastrana dijeran que su interés era el de romper con la tradición de los periódicos ideológicos y rÃgidos para hacer viable esa aventura comercial.
Y, quizá, en los primeros tiempos lo intentaron. Pero entonces Andrés Pastrana era alcalde de Bogotá y el periódico se dejó tentar por las mieles del poder. Mientras ejercÃa feroz oposición al presidente Barco en las páginas de Nación y lucÃa irreverente en las secciones Vivir y Cultura, en las páginas de la sección D.C. le rendÃa pleitesÃa al burgomaestre.
Eso le comenzó a quitar fuerza y credibilidad entre sus lectores, a pesar de las enormes expectativas que generó con su propuesta periodÃstica y el ingenio casi ilimitado de sus titulares.
La Prensa fue opositor del presidente Virgilio Barco porque no les dio participación burocrática a los conservadores. Fue amigo del gobierno Gaviria cuando la Nueva Fuerza Democrática andresista tuvo cuota en el gabinete y fue su crÃtico cuando Andrés quiso convertirse en alternativa de poder.
HabÃa diferencias de tono: Andrés asumió el papel del polÃtico y Juan Carlos el del periodista sin tapujos. Aún frente al actual gobierno, cuando la familia Pastrana le declaró la guerra a Ernesto Samper y su grupo a raÃz del narcoescándalo, Andrés siempre fue más prudente que su hermano, quien agudizó su ingenio para sacar titulares demoledores o el famoso montaje en el que remplazó la cara del dictador Noriega de Panamá ya apresado por las autoridades estadounidenses por la de Samper.
Esa declaratoria de oposición intransigente fue, según los Pastrana, lo que produjo el cierre de la empresa, pero detrás también se tendrÃa que contar las grandes dificultades económicas que traÃa desde sus comienzos.
La Prensa se destacó, ante todo, por el ingenio de sus titulares. Algunos de ellos, durante la crisis del 8.000, fueron antológicos: El fin está Serpa , Mi vida es un libro Alberto , Están imputadÃsimos o O.J. Samper , Juan Carlos Pastrana empuñaba sus campañas hasta sus últimas consecuencias. Incluso, en mayo de 1993 pasó 10 dÃas en las instalaciones del DAS por no acatar el mandato de un juez que lo obligaba a rectificar una información que sacó el periódico, en la que acusaba a un sacerdote de estar vinculado a la guerrilla.
En los medios periodÃsticos era tan frecuente oÃr hablar de un posible cierre de la Prensa como de las bondades de su diseño de grandes blancos e imágenes amplias y de su titulación punzante e ingeniosa.
Eso estará sin duda en la herencia periodÃstica rescatable de este medio
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 2 de marzo de 1997
- Autor
- NULLVALUE
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