LA IMPORTANCIA DE ENSEÑAR LA BONDAD

LA IMPORTANCIA DE ENSEÑAR LA BONDAD

Afortunadamente, la necesidad de cultivar la bondad en los niños ha cobrado alguna importancia a raíz de la publicación del libro La inteligencia moral de los niños de Robert Coles, famoso siquiatra, escritor y profesor de la Universidad de Harvard. Por desgracia, en los últimos tiempos esta virtud ha perdido tanto valor como los buenos modales, incluso se ha llegado al extremo de considerarla a veces un defecto, como lo indica el hecho de que los bondadosos son ahora denominados nerdos .

2 de marzo de 1997, 05:00 am

Desde que el éxito, la felicidad y el progreso se entienden en términos de acumular bienes, escalar posiciones y cosechar fama y poder, todo lo que no contribuya a tal fin se considera irrelevante. Así, el arribismo, la competitividad, la deshonestidad, la ostentación, el individualismo, la agresividad, etcétera, han remplazado a la sencillez, la compasión, la rectitud, la humildad, la generosidad, en una palabra, la bondad.

De tal manera que la formación del carácter en los niños, entendido como aquello dentro de la persona que regula su comportamiento moral y lo mueve a ser bondadoso, ha pasado a un segundo lugar. Lo académico, lo práctico y lo que los habilite para producir plata es lo que cuenta, y por lo mismo cultivar el buen corazón ya no es una prioridad en la educación de las nuevas generaciones.

Además, hay un sentimiento bastante generalizado entre los padres: los colegios son los responsables de la formación moral de sus alumnos. Esto en gran medida se debe a los altísimos costos de las pensiones escolares. (Lo irónico es que a la vez que los padres pretenden que los colegios disciplinen y enseñen principios morales a sus hijos, muchos se molestan cuando los castigan por haber actuado mal).

Lo que los padres parecen ignorar es que en materia de valores y principios los colegios solo pueden reforzar, no enseñar nada que no se haya captado y ejemplificado en el hogar. En el colegio se imponen reglas que gobiernan el comportamiento de los alumnos, y quizás se les habla de la importancia de llevar una vida virtuosa, pero esto no garantiza que tales valores quedarán incorporados a su código de conducta, porque no se puede exigir mediante amenazas o poder.

Los valores, y específicamente la bondad, no se aprenden sino que los niños los captan y asimilan como resultado de lo que viven en su ambiente familiar. Los padres a menudo insisten en virtudes tales como: generosidad, amabilidad, honestidad, pero los hijos continuamente son testigos de manifestaciones de envidia, crueldad, hipocresía e injusticia aun en sus propios hogares.

La única forma de que los niños puedan asimilar lo que implica tener un buen corazón y actuar en forma tal, es observando comportamientos que lo ejemplifiquen por parte de las personas que más aman y admiran, es decir, sus padres. Es preciso tener en cuenta que los hijos son permanentes y atentos testigos de la moralidad de sus padres, y esa es la que van a incorporar.

Quienes restan toda importancia a cultivar el buen corazón de los niños bajo la premisa de que la bondad no da plata , posiblemente lo hacen porque pretenden comprar con dinero la admiración y aprecio que reciben gratis quienes desinteresadamente se dan a los demás, es decir, quienes son bondadosos.

Es por esto que el famoso científico de Harvard hace la siguiente afirmación en la conclusión de su libro: tres cosas son fundamentales en la vida, lo primero es ser bondadoso, lo segundo es ser bondadoso y lo tercero es ser bondadoso. Recordemos que solo la bondad es capaz de garantizarnos el auténtico afecto, el auténtico respeto y el auténtico amor que precisamos para enriquecer nuestra condición humana. Además, es lo que requieren nuestros hijos para trascender en su existencia.

*Educadora familiar