Salir de las salas de teatro, moda que no es novedad
El crítico de teatro Alberto Sanabria recuerda que una de las primeras obras colombianas que vio en un espacio no convencional fue El hilo de Ariadna, de Enrique Vargas, que se estrenó en 1990 y tenía la cualidad de adaptarse a diferentes lugares, ya fuera una carpa o un espacio público.
Y hay más ejemplos, como La siempreviva, de Miguel Torres, o La procesión va por dentro, de José Domingo Garzón, que anticiparon una fórmula que en los últimos años ha cobrado vigencia en el panorama teatral de Bogotá.
Producciones recientes, como la trilogía Sobre algunos asuntos de familia, de La Maldita Vanidad -que está en gira por Europa-; Apesta, de Víctor Quesada, ganadora de la Beca para Jóvenes Creadores en Teatro del Ministerio de Cultura; o Hay que apagar el fuego, que está en temporada en Casa Ensamble, han cambiado las salas tradicionales por casas, apartamentos y hasta pistas de baile. "Esta inclinación es interesante en la medida en que el público cobra un rol activo, en ocasiones tiene que desplazarse como lo hace en un museo... Además, le da a la cotidianidad un valor dramatúrgico", dice Sanabria. Miguel Torres, director de La siempreviva, opina que es positivo tener propuestas de este tipo porque sacan al teatro del encierro de las tablas.
"Todo lo que le abra la imaginación espacial al teatro ayuda a que el público tenga nuevas experiencias", argumenta Torres.
Uno de los antecedentes de esta tendencia es el 'teatro invisible', popularizado por el brasileño Augusto Boal en la década de 1970 en Argentina, que llevaba el acto escénico a calles, bares y restaurantes. En Colombia, a mediados de la década de 1990 se hizo popular la modalidad del 'teatro a domicilio'. Hamlet, del polaco Pawel Nowicki, que llevaba el clásico de Shakespeare al comedor del espectador, fue una de las obras pioneras. "Era una experiencia impresionante", recuerda Manolo Orjuela, quien fue asistente técnico de esta producción y que también ha construido un repertorio edificado en espacios alternativos, ya sea 'a domicilio', con la obra Carta de una desconocida, o tomándose todo un barrio, como en Haberos quedado en casa capullos, en la que junto al español Marc Caellas propuso un montaje que recorría diferentes lugares del barrio La Macarena, en Bogotá. Según Orjuela, estas puestas logran una intimidad que no se tiene en un espacio convencional. "Hay una comunicación más sincera y honesta con el público", dice.
Por su parte, Sanabria dice que con estas obras "se pierde la ritualidad del ambiente hecho especialmente para la representación teatral y se gana profundidad y poética del espacio".
Peter Murphy, de Bauhaus vendrá a Bogotá en junio.
Lanzan 'Celebrate', una de las últimas canciones que Whitney Houston grabó antes de su muerte.
El cambio de 'La siempreviva'.
Este montaje de Miguel Torres, que se estrenó en 1994 y se desarrollaba dentro de una casa, dejó de presentarse en el 2006 después de que el grupo El Local perdió su sede. En 2011, la obra regresó, pero se tuvo que adecuar a una sala convencional, La Casa del Teatro Nacional. "Cuando perdimos la casa fue como quedarnos sin nuestro cordón umbilical... Entonces decidí dejar las cosas de la escenografía al desnudo, transparentes. La apuesta salió muy bien y ahora se volvió una obra portátil, la podemos hacer en cualquier parte", dice Torres
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 23 de mayo de 2012
- Autor
- YHONATAN LOAIZA GRISALES

Miembro de
Miembro de