EL PACÍFICO, DESAFÍO DEL SIGLO XXI
El Siglo XXI será por fin el de la redención para el Pacífico Colombiano. Durante los próximos años, los buldózeres se abrirán paso por las hasta ahora inexpugnables selvas del Darién, para consolidar el que sería el mayor proyecto en la historia de la ingeniería colombiana: la construcción de un puente interoceánico que comunique los litorales Atlántico y Pacífico.
Este sería uno de los muchos proyectos que Colombia emprendería en desarrollo de una nueva postura económica basada en el reordenamiento económico mundial.
El país invertirá sumas millonarias para vincularse activamente a la Cuenca del Pacífico.
En los anteriores términos están concebido el compromiso adquirido desde el año pasado por el Gobierno y los principales dirigentes empresariales del país, en el foro Colombia, Antioquia y la Cuenca del Pacífico, organizado por la Gobernación de Antioquia.
El foro dejó claro que aún existen muchas cosas por definir en torno a un tema de tales dimensiones, pero quedaron sentadas las bases para la inclusión de proyectos que apunten al desarrollo económico y social del Litoral Pacífico en los futuros planes de desarrollo gubernamentales.
De hecho, el Gobierno Nacional ya ha incluido el tema del Pacífico en su agenda de prioridades y lo ha asumido como tarea de vital importancia en su política exterior. Y recientemente los gobernadores de los departamentos con costas sobre el Pacífico pidieron al Gobierno no echar en saco roto los compromisos adquiridos. Moneda dura El interés del Gobierno en dirigir su mirada y sus esfuerzos hacia esta región históricamente relegada al olvido y al atraso, no es gratuito. La dinámica actual de la economía mundial sugiere el nacimiento y la consolidación de un nuevo imperio económico, conformado por los países que integran la Cuenca del Pacífico.
Ya en la década pasada los países del este de Asia alcanzaron altas tasas de crecimiento, disminuyeron el desempleo, elevaron el poder adquisitivo de sus monedas y mejoraron los términos de intercambio comercial y monetario.
Pero quizá el mejor indicador del auge del imperio nipón y sus vecinos está representado en el hecho de que estos países elevaron sus niveles de producto per cápita por encima del tope de diez mil dólares, que es un innegable indicador del desarrollo económico (las economías latinoamericanas a duras apenas alcanzaron los tres mil dólares per cápita).
Desde el punto de vista de la dinámica económica internacional, es un hecho que los países del Pacífico, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Unión Soviética, Japón, China, Australia, Malasia, Corea, Tailandia y Nueva Zelandia, formarán el bloque económico más poderoso en los inicios del Siglo XXI.
En esa parte del Mundo, donde habita más de la mitad de la población mundial y se generan cerca de las dos terceras partes del producto bruto mundial, se desarrollará el mayor volumen del comercio orbital.
La clave del éxito de estos países podría resumirse así: son eficientes productores de bienes industriales, forman parte de una intensa red comercial y de relaciones financieras y han desarrollado una verdadera expansión productiva, al igual que sus propias bases en el campo investigativo.
Su poderío industrial queda reflejado en los últimos logros de la electrónica aplicada a la computación, las telecomunicaciones y la informática.
Los dos principales actores de este reordenamiento económico --Estados Unidos y Japón-- elevaron sus transacciones de mutuo comercio en los últimos veinte años de diez mil millones de dólares a ciento cincuenta mil millones.
En el mismo lapso, el comercio externo de Corea creció a un ritmo del 21 por ciento anual y el de Taiwán del 17 por ciento. Por su parte, el intercambio exterior de los chinos se expandió en un promedio del 14 por ciento anual.
De otro lado, el movimiento financiero de los países del Pacífico es poderoso. Los flujos de capitales japoneses hacia los Estados Unidos superan los cien mil millones de dólares al año y las bolsas de valores de Tokio y Osaka, se cuentan entre las primeras del mercado bursátil internacional.
Para globalizar el panorama, basta decir que el 42 por ciento del total de importaciones actuales de los Estados Unidos provienen del Pacífico Asiático. Contra la corriente En contraposición, los países latinoamericanos y muy especialmente Colombia, han vivido de espaldas a los mercados de la Cuenca del Pacífico.
Sólo ahora que el Gobierno Nacional ha propuesto un modelo de apertura económica para salir del ostracismo, comienzan a ventilarse diversas hipótesis sobre las conveniencias de estrechar relaciones comerciales con los países asiáticos.
Al mismo tiempo, se habla cada vez con mayor ímpetu de la necesidad de integrar al país a este nuevo ordenamiento y explotar la excepcional ubicación geográfica de Colombia sobre el mayor de los oceános.
De hecho, ya el Gobierno Nacional ha dado los primeros pasos en materia de estrategia diplomática para proyectar la presencia colombiana en la Cuenca del Pacífico y promover el intercambio comercial y las exportaciones.
Jesús Arturo Gálvez, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores durante la administración de Virgilio Barco, dijo recientemente en Medellín que en los últimos meses el país ha abierto 11 nuevos consulados en los países asiáticos. Así, Colombia quedó con 64 oficinas consulares en los países del Pacífico y mantiene relaciones diplomáticas con 27 países de la zona.
Pero la conquista de los mercados de la Cuenca del Pacífico supone, además de las gestiones de escritorio, la adopción de una serie de macro-proyectos millonarios, que incluyen la adecuación de puertos en el Litoral Pacífico y la construcción de un complejo vial que integre esta región con el interior del país.
Ya lo había afirmado el exdirector de Fedesarrollo, Miguel Urrutia, cuando dijo que la penetración de los mercados asiáticos es la mejor inversión que puede hacer el gobierno colombiano. Un sector con tan inusitado dinamismo económico, tiene que ser el destino de nuestras futuras exportaciones , dijo Urrutia. Obras son amores En el caso colombiano, hablar del Pacífico sugiere inevitablemente hacer referencia a la zona más atrasada del país, en cuanto a las condiciones de vida de sus habitantes y los parámetros de desarrollo económico.
Por eso, para los 700 mil colombianos que habitan en ese litoral, la inclusión de Colombia en la Cuenca del Pacífico, significa mucho más que una simple proyección en el campo internacional.
Para todas las familias que se asientan en los cincuenta mil kilómetros cuadrados de franja costera en los departamentos de Chocó, Nariño, Cauca y Valle del Cauca, la apertura hacia el Pacífico constituye quizás la última esperanza de integración con el resto del país , dijo el gobernador del Chocó, Daniel Palacios Martínez.
Se trata de abrir vías de comunicación, explotar las inmensas potencialidades energéticas de la región, unir los dos oceános por medio de un canal seco o puente interoceánico, habilitar puertos, explotar los recursos forestales y pesqueros.
Por tanto, las inversiones también habrán de ser descomunales. Por el momento, el Departamento Nacional de Planeación anunció la inversión de 91.000 millones de pesos durante este cuatrienio.
Los recursos se obtendrán con el apoyo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Comunidad Económica Europea, Finlandia y el Japón.
El mayor de los proyectos contempla la construcción de dos superpuertos. Uno de ellos en Bahía Candelaria, en la Costa Atlántica, y el otro en Bahía Cupica, en el Pacífico. Además, una conexión vial entre los puertos, con carretera, ferrocarril y poliducto. El costo estimado del proyecto es de 2.500 millones de dólares.
Otros proyectos importantes tienen que ver con la culminación de la carretera Panamericana y la construcción de enlaces transversales entre el litoral y la zona Andina (Medellín-Bahía Solano, Troncal del Café, Vía Marginal del Cauca o Corredor del Carbón, Ferrocarril de Occidente, transversal Cúcuta-Bahía Cupica).
Sinembargo, la ejecución de estos proyectos implica de una u otra forma el deterioro de una de las más ricas reservas biológicas del mundo. El despliegue técnico que requieren causaría nocivos impactos ambientales y afectaría el ecosistema de una región que hasta hoy ha sido conservada como reserva forestal.
No hay que olvidar que en el Pacífico colombiano existen 45 resguardos indígenas, parques naturales de Los Katíos, Tatamá, Sanquinanga, Las Orquídeas, Gorgona y la Ensenada de Utría, declarada reserva natural de la humanidad.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 28 de marzo de 1991
- Autor
- MAURICIO CORREA
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