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LARGA AGONÍA DEL RÍO FRÍO

Cuando era niña, hace aproximadamente 9 años, a Ana María De Brigard le encantaba bañarse en el río Frío con sus amigos y juguetear con los peces de colores que amenizaban sus cristalinas aguas.

A diferencia de los niños bogotanos que vivían en Bogotá, ella tenía un pedacito de río para disfrutarlo como quisiera. Sus padres habían construido una casa justo al lado del río en una vereda de Chía, atraídos por su belleza, y se habían quedado a vivir allí.

Antes de la época en que la joven se bañaba en el río Frío, mucha gente de los alrededores de Chía consumía su agua. Hace 15 años era común ver a montones de gente pescando trucha y capitán en sus orillas. Unas señoras menos cautelosas con el medio ambiente lavaban allí sus ropas, pero afortunadamente sin mayor contaminación de las aguas. Era algo que el río podía soportar.

Pero el paradisíaco paisaje y el olor a campo que disfrutó la familia De Brigard por mucho tiempo en su casa y que los atrajo hasta allí desaparecieron para dar paso a olores nauseabundos y un panorama desolador.

Según Patricia De Brigard, hay días en que no puede ni respirar en su propia casa por los olores que emanan del río.

Hoy el río Frío es bien diferente de lo que alguna vez fue: por él corre mucha menos agua y la que hay está conformada en buena parte por aguas negras. es como si de un momento a otro los vecinos del lugar se hubieran encontrado a sí mismos viviendo al lado de una alcantarilla descubierta.

En lugar de peces y aguas cristalinas hay frascos de veneno y unas algas verdes que según algunos expertos solo se dan en aguas muy contaminadas. Y, quién lo creyera, leche.

Carmen Umaña, que tiene una casa de campo al lado del río, pero en una vereda de Cajicá, afirma que aunque la contaminación ha sido gradual en los últimos meses se ha vuelto insoportable .

Cauce problemático El río Frío nace en el Páramo de Guerrero, entre Zipaquirá y Pacho, en Cundinamarca. En su recorrido atraviesa Tabio, Cajicá y Chía y finalmente desemboca en el río Bogotá.

A lo largo de su cauce, industrias de distintos tipo - como lácteas, cultivos de papa, de flores, gravilleras y ladrilleras vierten sus desechos a sus aguas. en chía, el sector urbanístico aporta su grano de arena para acelerar su muerte rellenando sus humedales y parte de su ronda para construir viviendas. También las veredas Fagua y Tíquiza del municipio arrojan directamente sus aguas negras al río, a la altura de los puentes El Cacique y Tíquiza, sin importar que a pocos metros de este último se encuentra la escuela de la vereda (y las posibles epidemias de cólera o hepatitis que se puedan desarrollar).

Según la comunidad del sector, durante el pasado verano ocurrió un hecho histórico que alarmó a todos: el río se secó completamente y por su cauce solamente seguían corriendo las aguas negras.

Mala leche Recientemente un grupo de vecinos del río entre Chía y Cajicá denunciaron que habían observado en el río una mancha blanca grasosa, pero solamente aguas abajo de la empresa Productos Naturales de Cajicá S.A., antes denominada Pasteurizadora la Alquería y conocida por todos como la Alquería, propiedad de Enrique Cavelier.

Después de tocar varias veces las puertas de las autoridades ambientales y municipales de Cajicá, consiguieron que se recogieran muestras de la contaminación del río en distintos puntos de este.

Pero no lograron mucho con ello. Cuando fuimos con las autoridades, el señor Cavelier no nos dejó ingresar a sus tierras para tomar las muestras. La División de Saneamiento Ambiental de la Secretaría de Salud de Cajicá tomó entonces muestras del agua en otros sitios en botellas de Coca Cola. No sé qué tan adecuado sea esa metodología, yo no creo que los análisis de esas muestras sean confiables , afirmó Umaña.

La toma de las muestras tenía como objetivo comprobar qué industrias estaban contaminando el río y qué tipo de contaminación generaban.

Responsabilidad compartida Mauricio Alvarez, secretario de salud de Cajicá, afirmó: somos el primer municipio que se descentraliza de Cundinamarca. Estamos descentralizados apenas desde el 31 de enero de este año, pero hemos hecho lo que nos corresponde y lo que está a nuestro alcance. Ante la queja de la comunidad tomamos muestras de agua del río y de inmediato pedimos asesoría a la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR). A nosotros nos resultaba muy costoso mandar a analizar esas muestras. Además, el manejo del río le compete a la CAR y no al municipio .

Agregó que la CAR no respondió las comunicaciones que el enviamos antes y después de tomar las muestras del río. Oficialmente no ha habido respuesta .

Explicó que finalmente no se pudieron analizar las muestras porque la toma no se procesó de inmediato, como debía hacerse para que el resultado de los análisis tuviera un grado aceptable de confiabilidad, por falta de recursos económicos.

Por otra parte, agregó que finalmente los funcionarios de la Secretaría de Salud sí pudieron tomar las muestras respectivas en el predio de Cavelier.

Entra la CAR Nicolás Escobar Páramo, director de la CAR regional Zipaquirá, explicó: Hace un par de semanas hicimos una toma de muestras de las aguas del río en diferentes puntos. Estas muestras ya se encuentran en nuestro laboratorio y la próxima semana nos deben estar entregando los resultados completos de las pruebas .

Según la CAR, aunque uno de los principales contaminadores del río Frío es la alquería de Cajicá, hay problemas ocasionados por distintos factores a lo largo de toda su cuenca.

A lo largo del río hay industrias contaminantes como cultivos de champiñones (aunque es de los que menos contamina), de flores, actividades agropecuarias, personas que han construido estructuras en el cauce del río para recoger agua de este, entre otras cosas dijo.

Afirmó que la CAR recientemente le ordenó a la alquería suspender sus vertimientos al río Frío hasta que la empresa realice una serie de obras que le permitan cumplir con el criterio de calidad de vertimientos. Para atacar los otros frentes la entidad estás haciendo un inventario de fuentes de contaminación, de tal forma que pueda adelantar acciones similares con los demás contaminadores del cuerpo de agua.

Aguas negras De acuerdo con Escobar el municipio de Chía es el más contaminante debido a que este arroja directamente al río aguas residuales domésticas, entre estas las de la vereda de Tíquiza.

Le estamos enviando a la Alcaldía de Chía una resolución como medida preventiva para que en el término de 30 días y junto con la empresa de servicios públicos emprenda las actividades necesarias para que no se sigan vertiendo esas aguas directamente al río, ya sea que conecten el tubo de descarga al sistema de alcantarillado municipal o a una planta de tratamiento de aguas. Sin embargo, el problema es que las aguas del municipio también vierten al río en otro sector , señaló.

De acuerdo con la comunidad de la vereda de Tíquiza, en varias ocasiones se le ha solicitado al alcalde que solucione el problema, pero la respuesta siempre ha sido que se está trabajando en el asunto pero no hay suficiente disponibilidad de recursos por el momento.

Según el alcalde de Chía, Luis Olivo Galvis, el municipio ya está trabajando en los estudios para hacer la contratación y conectar la red de la vereda con el colector que recoge el resto de las aguas del municipio.

Según Escobar, el problema grave es que no solo las aguas de la vereda de Tíquiza van a parar al río Frío, sino también -en otro punto - las del resto del municipio.

Agregó que sí hay recursos: Uno de los componentes del Programa CAR-BID es la descontaminación de la cuenca alta del río Bogotá, que incluye al río Frío. Ya se construyó la primera etapa de la planta de tratamiento para las aguas municipales de Chía. Tenemos la plata para construir la segunda etapa, pero necesitamos que el municipio disponga unos predios. No hemos obtenido respuesta de la Alcaldía sobre eso. Si no se pronuncia, nos va a tocar exigirle al municipio que él mismo termine de construir la planta con sus recursos y, si no lo hace, empezar a ponerle multas .

Para algunos habitantes de Tíquiza, el sistema de alcantarillado y de tratamiento de aguas residuales de Chía simplemente no da abasto debido al desordenado y desmesurado crecimiento urbanístico que ha tenido el municipio en los últimos 10 años.

Esto también afecta al río porque, para construir los proyectos, muchos constructores rellenan con escombros la ronda del río y los humedales que la conforman. Hoy hay 60 proyectos urbanísticos aprobados por el municipio, que no han podido ejecutarse todavía porque la capacidad del acueducto es insuficiente , dijo un habitante de la vereda.

Según él, las distintas administraciones se han dedicado a aprobar proyectos urbanísticos y a crear infraestructura sin ninguna consideración ambiental .

La alquería Según Nicolás Escobar, director de la CAR regional Zipaquirá, la contaminación del río Frío por parte de la alquería es un caso que merece especial atención.

En 1983 la CAR comprobó que la empresa echaba sus aguas residuales (con alto contenido de leche y grasa) a un terreno, donde parte de ella corría hasta el río y la otra parte se infiltraba en el suelo y en las aguas subterráneas que también iban a parar al río.

Posteriormente la CAR le exigió a la industria construir un sistema de pretratamiento de aguas y adecuar sus vertimientos a las normas mínimas de para el río catalogado como tipo b (aguas para uso agropecuario, no humano). La empresa no cumplió.

Según las muestras tomadas por la CAR el 4 de marzo, en el punto del río donde la alquería vierte sus aguas la cantidad de DBO del agua del río es de 2.476 miligramos por litro, mientras que 100 metros aguas arriba es de 15 miligramos por litro. El DBO es uno de los parámetros para medir la contaminación del agua. Una gran cantidad de DBO refleja una gran cantidad de contaminación orgánica. El máximo de DBO permitido para un río tipo B como el río Frío es de 20 miligramos por litro.

El 20 de marzo la CAR ordenó a la alquería suspender sus vertimientos al río hasta que la empresa cumpla con los límites permitidos. Si la empresa no cumple en el plazo estipulado, la CAR puede imponerle sanciones que van desde multas hasta el cierre temporal del negocio.

Enrique Cavelier Gaviria, dueño de la alquería, explicó: Hace cuatro meses hicimos el estudio sanitario para la planta que costó 12 millones de pesos y las obras tendrán un costo de 150 millones. Lo vamos a entregar antes del plazo fijado por la CAR .

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
21 de abril de 1997
Autor
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