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ES QUE SOGAMOSO VALÍA MUCHA PLATA, HOMBRE

Qué buen alcalde fue don Rafael Antonio Parrado, durante su gobierno hizo unas fiestas como nunca. Y todo el mundo contento que don Rafael si hizo fiestas este año. Obras no, pero qué fiestononón, fueron unas fiestas en grande, un carnaval .

Así lo recuerda Luis Francisco Barrera Baldión, un auténtico ejemplo del sogamoseño puro, de los pocos que aún quedan, querendón de su ciudad, liberal sin palideces, quien la mayor parte de su existencia ha estado junto a las actividades ganaderas. Gran conocedor de toros y caballos, jinete como pocos. Miembro de una de las familias más queridas de la ciudad. Todo un personaje, respetado y apreciado por sus vecinos, los habitantes de la calle Mochacá, donde precisamente nació la Villa del Sol.

Hoy, a sus 83 años de edad, sigue apegado a los caballos. Distribuye sus quehaceres entre Sogamoso y Aguazul, pero no pasa un solo día sin darse su paseo en una buena cabalgadura, como las que siempre ha tenido, porque en eso es exigente.

Gracias a su clara y fresca memoria y con su magistral capacidad de narrador, revivió para Boyacá 7 días episodios maravillosos de las fiestas del Sogamoso de hace 50 años: De las fiestas reales de Sogamoso -como les decían- no se vuelven a ver nunca, nunca. Yo creo que ni en España hay una cosa igual. Yo he visto la feria de San Fermín, pero las fiestas de Sogamoso eran sin iguales. Acordémonos cuando fue el reinado de la señorita Maruja Arenas. Un mes en fiesta Sogamoso. Un mes, todos los días fiestas, bazares y levante plata, viejo. Eso sí, ella sí levantó plata, harta, harta. Y sacaron dinero para comprar un motor que se requería para poner la luz. En esa época era alcalde don Pablo Spolidore. Recogieron harta plata. 50 mil pesos, y ganó la señorita Maruja. Y compraron el motor, lo instalaron ahí cerquita al río Monquirá, vino una creciente del río y se llevó el motor y nadie supo a dónde fue a dar ese motor (se lo robaron). Vaya búsquelo paula pa bajo, por Belencito, puallá irá rodando (se lo robaron). Nadie supo para dónde cogió ese motor.

Las fiestas las organizaba una junta, era la junta de ferias y fiestas, que la nombraban. Ellos se reunían. Bueno -decían- vamos a levantar fondos para las fiestas de Sogamoso y esa gente recorría todo el comercio. Bueno su contribución, cuál es?, tanto; bueno, el otro. Todo el mundo colaboraba. El comercio colaboraba íntegro. En ese entonces se jugaba al dado. El municipio remataba ese juego. Eso subía a millones de pesos. Venían unos señores de Chiquinquirá, que los llamaban cuatromanos , porque esos eran hábiles. Llegaba el día del remate, que era en los primeros días de julio. Salía allá, a un balcón, un tipo a gritar: hoy el remate de los juegos permitidos por el municipio, por la junta de ferias. A la una, a las dos... va en tanto, el señor da tanto, Elisio Vargas da más, y así, hasta que llegaba la hora de las cinco de la tarde y cerraban el remate. Se le adjudica al señor Pérez de Chiquinquirá, al famoso cuatromanos . Sí señor, los chiquinquireños remataron el juego. Oh, esa gente, apenas le asignaban el remate: brandy, whisky, cerveza pa todo el mundo. Los que estuviéramos por ahí no nos quedábamos sin tomar, todo por cuenta de ellos. Y esa misma noche, en todos los cafés, instalaban una cosa que llamaban el montedao , una cosa muy bonita en los billares: oro, morrocotas se miraban allá amontonadas en una silla, unos cerros de oro pa provocar a la gente, claro; y qué, esos se llevaban toda la plata. Eso duraba un mes. Y de la plata que habían dado por el remate se hacían los gastos de las fiestas. Destinaban esa plata pa la banda, pa la pólvora, pa los globos, pa lo que fuera.

Siempre había reinado. Comenzó por la Flor del Trabajo. Y me acuerdo mucho que salió una carroza muy bonita. Y quién viene de Flor del Trabajo?. Semejantes vagamundos como eran el Maximino Sosa y el Benjamín Peña, de Flor del Trabajo. Mire, la carroza de esos sinvergenzas, la Flor del Trabajo, semejantes vagos como eran. Ah, cositas así.

El reinado de la señorita Maruja si fue muy de primera, mucho, mucho de primera, qué cosa tan linda fue eso. Nadie se estuvo quieto en sus casas. Era todo el mundo por la calle. Qué va a hacer?: a trabajar por la señorita Maruja porque como que le hace falta plata . Y todos a buscar la moneda. Había más candidatas: la señorita Rodríguez, ella también echaba harta plata. El papá, el doctor Luis Angel Rodríguez, soltó la moneda.

El mejor día: el de los obreros En las fiestas se realizaban tres días de corralejas. Eso salía en los programas. Día tal, día tal, día tal; alcaldes de las corridas: fulano, zutano, perencejo. La mejor tarde de toros que había en esa época era la de los obreros, que era todo Sogamoso. El obrerismo íntegro se ponía de vestido bonito y hoy es nuestro día. Por su puesto, desde de las cinco de la mañana, la banda tocando en La Pilita la alborada, que iba a terminar en Las Cruces, recorriendo las calles. Las bandas del Departamento, la de Gámeza y la de aquí. Tres bandas tocando aquí, eso no se había visto nunca, eso fue una belleza. No, no, no, Hum!, yo me acuerdo mucho, que fiestón, que cantidad de gente, eso qué feria de San Fermín. Dígame, 30 toros pa toriar en Sogamoso, en una sola tarde, porque cada ganadero regalaba tres, cinco toros. Vayan por los míos, no cobraban nada. Los ganaderos apartaban de su ganadería, en Casanare, el toro más bravo, ese no lo vendían, ese quebaba apartado. Ese es pa mi tarde . El otro decía: yo tengo dos . Todos felices.

Se ganó las palmas el viejo pecoso, Virgilio Ruiz. El Tigre , fue a Corozal, Casanare, donde los Delgado, y allá había comprado 100 toros. Y un señor, que era su compadre, le dijo: compadre, usted se va a llevar el toro más bravo que tengo yo aquí en el hato, el matacaballos , tenga mucho cuidado . Y cómo es, muéstrelo haber? , preguntó El Tigre . Mírelo, es ese encerado, con unas puntas así. Vamos a estoconarlo , dijo el compadre. No, no, compadre, lo que vale el toro es por las puntas, Pa las fiestas de Sogamoso va ese toro , afirmó Virgilio Ruiz. Pero lo llevará amarrado porque cómo lo lleva?, preguntó el compadre. Bueno, pero lo llevo , sostuvo el pecoso Virgilio.

Entre la gente de los ganaderos que había ahí, uno dijo: don Virgilio, no se asuste, yo se una oración y yo se la rezo al toro y le apuesto que el toro no nos hace nada en todo el camino . Bueno mire a ver , apuntó el ganadero. Sí señor, que le echó la oración y hasta un punto que se llama Guayaque, hasta ahí vino el toro como una dama. Siguió el camino de la cordillera, lo trajo a Sogamoso, a nadie le hizo nada. Lo apartó aquí en la hacienda la Argentina, lo que era de don Alberto Arenas. Ese día, me acuerdo mucho, dijo: yo voy a traer el matacaballos . Hoy ese es mi toro. Un toro encerado, con unas puntas , anunció Virgilio Ruiz.

Sueltan el matacaballos Uyyy!, llegó el toro a la plaza, lo echaron como de tercero. Cuando ya toda la gente estaba tomada y había ánimo en la plaza. Todos los alcaldes con aguardiente entre los zamarros dándole a la gente para que tuvieran valor de entrarle al toro. En el centro de la plaza todos los años quedaba una vara de premio y alrededor de esa vara se amontonaba cantidad de gente a jugar con el toro. Por un lado y por el otro. Eso era una chichonera, yo me acuerdo. Entonces, Virgilio dijo: Carajo!, les voy a echar el matacaballos a ver . Y se fue pal corral y ordenó: échenme ese toro encerado que va ahí . Y sale ese toro, oh Virgen Santísima!, cuando sale semejante culebra de animal. Mire, yo vi jugando, como malabares, a ese toro con la gente. Los sacaba del pie de la vara de premio, los alzaba, hasta que limpió íntegra la vara de premio. Los sacó a todos, unos con los calzones en las corvas, otros decían mire cómo me volvió mi saco, mire ese desgraciado toro cómo me volvió . Vengan, vengan, toman aguardiente, vengan, vengan , invitaban los alcaldes. Bueno, ese toro quedó, respetado por toda la gente, solo ,allá en el centro de la plaza.

Entró un señor, se llamaba Saúl Rosas, en un caballito alazán. Tenía de novia a una señorita Paulina Bolívar. Y la señorita Paulina estaba en el palco, y él por hacer la cosa más elegante, se le pasó al toro por delante y por el hecho de haberle pegado Saúl a los zamarros, fue motivo para que el matacaballos arrancara. Arrancó el toro por la ofensa que le hizo y lo alcanzó y le mató el caballo, el primero de la tarde. El caballo alazán, don Saúl, mire, mire, mire las tripas cómo las lleva. Le sacó las tripas en presencia de todos , era el grito de todos. Salió a la esquina de don Nemesio Isaza, ahí se cayó el caballo. Que lo cosa Julio Ríos; que le cosa qué?, si el caballo está es muerto, hombre. Llévenlo pal humilladero. eso ya qué... lo mató . Por su puesto, ese toro creó terror en la plaza. Los jinetes volvimos a entrar a la plaza y el pecoso Virgilio dijo: Tengan cuidao, porque ese toro es una culebra . Por ahí los que éramos medio guapos seguíamos en la plaza, pero lejos, lejos, porque el toro arranca y en la chichonera de caballos alguno chupa, cómo corremos?.

La segunda víctima de la tarde Bueno entró, un señor que era el relojero del pueblo, José María Hernández, un viejito que arreglaba todos los relojes de Sogamoso, en una yegua mora, linda la yegua. Don José María por allá... por ahí no . El viejo entendió todo lo contrario, se vino por donde estaba el toro. Le arrancó el toro, le metió el cacho por la cincha y levantó la yegua, la tumbó y en lo que la tumbó la clavó y la mató. Ve, no les dije, las gracias del toro. Es una culebra, qué animal. Carajo!, no joda, es mucha vaina, qué toro tan bravo! . Le dije, encerrémoslo! . Qué lo vamos a encerrar, si yo lo traje fue paf las fiestas, déjelo que ese es mío , decía Virgilio Ruiz. Y tome trago, carajo!.

De pronto se escucha un grito, como por allá, del lado del Colegio Sugamuxi. Gritaba todo el mundo, qué pasó allá?, qué paso?, quién viene? , eran las preguntas. El bobo Guillermo Reyes -lo llamaban así-, hijo de don Polo Reyes. Ese señor tenía sangre sogamoseña, eso sí pa qué!, viejo. Se quitaba la ruana y se metía a toriar el toro que se le pusiera en frente y se va a entender con semejante culebra. Y todo el mundo gritó: No, No, cómo lo van a dejar asesinar así!. No, Virgilio, enlacemos el toro. No, no señor, yo lo traje fue pa las fiestas . A la viejo, y nosotros mirando la vaina: con una ruanita chiquita, semejante hombronón como era, que pa levantar una pata tenía que pedirle permiso a la otra pa andar y se le va a semejante culebra que estaba allá en la mitad de la plaza. Hubo un momento -yo me acuerdo mucho- que todo el mundo quedó en silencio. Los palcos, los balcones, nadie hablaba, todos esperaban era el muerto, que el toro lo matara. Pero, el bobo Guillermo lo cita y se le arranca semejante culebro, le pone su ruanita por delante y, run el primero, run el segundo, dos lances. Mire que suerte de ese señor. Y la madre gritando en el otro lado del palco. por Dios, tráiganmelo, tráiganmelo . Y qué, tráiganmelo, déjelo. Un trago, y luego saca el otro pase y hora si no más. Lo tapamos con los caballos entre todos pa que el toro no lo viera y se lo llevamos a la madre. Y pa sacar a semejante hombrote, no, no, si más tienen que desbaratar la cerca pa poderlo sacar. Hizo la fiesta. Cómo sería la cosa tan bonita, que las tres bandas tocaron Alma llanera , en honor de los tres lances que sacó don Guillermo. Qué cosa tan linda, eso fue bello, bello. Yo no había visto un espectáculo igual!.

La suerte de la buena montada Y en seguida viene la buena montada en el toro. Aquí se hacía estilo mejicano, pero mucho mejor. Y se presenta Pacho Tarnelo, que era el hombre jinete de los toros. Un hombre bajito, gordito, manicortico. Se acercó a Virgilio y le dijo: Ala pecoso, me dejas montar el toro? . Este qué va creer, que es alguna burra , respondió el ganadero. Me lo dejas montar?. Amárrelo y yo monto al toro , insistió Tarnelo. La buena montada en el toro era algo lindo. Quién amarra el toro. Nadie, quién se le mete... En una de esas surgió el compadre Eduardo Reina, dijo: yo enlazo el toro . Bueno, venga cajuche , le dijeron. Le dieron whisky. Y como éramos tan amigos le dije: cuerié duro ese caballo, póngalo, pero yo veré, que el toro lo alcanza . Eso si mi compadre, cogió y lo compuso, sacó su rejo, compuso el lazo como lo iba a soltar, cuando de pronto otro sogamoseño surgió. Yo lo segundeo , dijo. Samuel Riveros, un viejo, que murió de ciento y pico de años en Sogamoso. Los dos. Vale, vamos, vamos al toro , dijo Eduardo Reina. Se arrancó mi compadre Eduardo en su caballo y se le viene semejante fiera. Yo no me explico cómo sacó mi compadre ese rejo, que se miro ese lazo tan bonito en el aire, y lo amarró. Jale, jale!. Y cuando el toro ya se comía casi el caballo de mi compadre, le llegó Samuel y lo enlazó y lo tuvo, no le dio campo de que pudiera cornear al caballo. Entre ellos dos se lo enlazaron y se lo llevaron pal sitio de la buena montada. Eso fue motivo de un perronón, perronón (borrachera) de todo el mundo por semejante cosa tan bonita, eso jamás se había visto. El Pacho Tarnelo dijo: me dejas montar el toro con espuelas?. Cargaba unas espuelas largas. Dijo el pecoso Ruiz y este vergajo ... No, déjemelo , pidió Tarnelo. Póngaselas, qué carajo! y si se cae vergajo , ya verá , advirtió Virgilio. Se las puso, carajo!, se arremangó, le cogieron el toro, la cincha, lo compuso como el sabía hacerlo. Van a ver a Tarnelo, y todo el mundo pendiente de Tarnelo. !Uy , se montó Tarnelo en el toro, ese toro bramaba , el toro pedía que lo soltaran, el animalito no se aguantaba ya. Y sueltan semejante culebra con el Tarnelo encima, y con espuelas. Brincaba ese toro, bramaba, y no lo podía tumbar. El toro era buscándole las piernas pa ver como lo bajaba y el Tarnelo antes le metía más duro las espuelas. Un éxito fue eso. Le botaron un rejo allá al Tarnelo. él, desde el caballo, amarró el toro así por encima y se llevaron el toro pal corral. Se bajó. Le dieron el mejor caballo que había en esa plaza, lo montaba don Lisandro Durán. Tarnelo, monte este caballo, recorra el ruedo y recoja plata , le dijo. Eso era por billetes de diez, de cinco, de centavo, todo el mundo. Feliz el viejo. Eso fue un fiestonón. La banda, la música. Todo el mundo feliz.

Que hay otra buena montada?. Otra buena montada, después de Tarnelo, quién?. Que hay una vieja que quiere montar en el toro, que ella monta. Una vieja?, Sí, cual es? La Eva Paipilla, la Eva Paipilla, repetían. Le amarraron uno acomodadito para ella, se lo trajeron. Y cuando las damas del palco oyeron que va a montar una mujer en el toro, todas protestaron: Saquen esa vieja sinverguenza, sáquenla, sáquenla. Cómo la van a sacar?, déjenla!. Claro, las viejas se imaginaron el espectáculo que iba a presentar la Eva Paipilla, el porrazo, la vaina, no?, Déjenla!. Se montó la Eva en el toro. Téngase Evita, carajo! . No le aguantó sino dos brinquitos y como un cohete, cayó allá, entre la arena. Que carajo!, allá cayó en la arena. Todos a alzarla. Ella cargaba un sombrero de jipa y era saludando a la gente. Vieja sinvergenza, qué querés?, le decían desde el palco. Eh, también, no me van dar un trago?. Le dieron trago, pero plata no. Ella había llegado preparada con un pantalón bien amarrado debajo de la falda y no pasó lo que esperaban las damas. Eso fue lindo esa vaina, ah, carajo!.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
6 de septiembre de 1996
Autor
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