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LOS PRÍNCIPES MALDITOS DE MÓNACO

Fily es el nombre de la última piedra de escándalo y dolor en los palacios monegascos y en las revistas europeas del corazón.

Fily es el nombre que les recordó, de nuevo, a los Grimaldi su maldición, según la cual ninguno de ellos podría ser feliz completamente.

Y Fily es Muriel Houteman, la cabaretera belga, de 21 años y notables formas, a la que los paparazzi pescaron en cueros e intensos amoríos de piscina con un plebeyo venido a más.

Ese plebeyo es nada menos que Daniel Ducruet, quien no por mucho tiempo más se podrá dar el lujo de decir que es el esposo de la princesa Estefanía, la segunda hija del príncipe Rainiero.

Apenas aparecieron las escandalosas fotografías en las revistas italianas Gente y Eva Tremila, el serenísimo príncipe montó en cólera y ordenó alejar a su yerno de Mónaco.

Hoy Ducruet está en Marruecos, a la espera de que pase el chaparrón de críticas y de que se inicie el proceso de divorcio. Estefanía ya le dio poder a su abogado para empezar los trámites que pondrán probablemente a su futuro ex esposo en una calabaza lejos del exclusivo reino de los casinos y el jet set.

Rainiero, experto en manejar yernos difíciles, siempre le tuvo desconfianza, porque no tenía clase y, en cambio, sí fama de mujeriego y pendenciero. Ducruet ha sido encarcelado dos veces por disputas callejeras ocasionadas en problemas de tránsito.

Por eso antes de aceptar que Estefanía y su ex guardaespaldas se casaran en julio del 95, tras convivir varios años y traer dos hijos al mundo Luis y Paulina, le hizo firmar a Ducruet un compromiso que, en caso de separación legal, hará que pierda la custodia sobre sus pequeños y reducirá sus ingresos oficiales a una modesta pensión equivalente en francos a cerca de 3 millones de pesos, algo nada comparable con las mieles de la realeza que disfrutaba.

Bomboncito embaucador Alto precio por una tórrida y corta historia que empezó en el autódromo belga de Spa Francorchamps, donde Ducruet había asistido para competir en una carrera. Su amigo y copiloto, Frederic Bouvy, fue quien le presentó al bomboncito de 21 años del que quedó prendado de inmediato.

Los guiños y sonrisas fueron tan evidentes cuenta Fily que la mamá del príncipe consorte, allí presente, empezó a hacerle mala cara a ella y a evitar que los fotografiaran.

Después de ese fin de semana, en el que no hubo nada de sábanas, según la cabaretera, él empezó a telefonearle hasta cinco o seis veces al día. Conversaban por lo menos media hora en la tarde. Trocito de cielo azul , le decía cariñosamente.

Semanas más tarde gracias a un bolsillo misterioso la chica alquiló una villa, vecina a la de la cantante Tina Turner y cerca a Niza. Cuando le dije a Daniel dónde estaba, tardó en venir hora y media. Nos echamos a reír y se echó en mis brazos. El comenzó a desvestirse, a hacer el payaso y a tirarse en la piscina , contó Fily a la revista Voici.

El restó quedó en decenas de rollos y en una cinta de video que dos fotógrafos belgas hicieron en algún momento de esa semana y media de intensa pasión.

Las versiones acerca de que la chica había preparado todo para hacerse millonaria con la venta de la historia, las fotos y el video, no se hizo esperar. Daniel ha prometido que si ello es así, tomará venganza.

Ella sigue diciendo que fue él quien la buscó y que ignoraba la alcurnia de su amante. Tampoco cesa de pedir que la princesa se haga la de la vista gorda para que ella no reciba más amenazas de muerte.

Cólera familiar Cuando los hermanos Grimaldi vieron el espectáculo de su yerno sobre el papel, se enfurecieron. En especial Alberto, el príncipe heredero, que podría tomar el trono pronto si su padre, a quien se le ve cada vez más viejo y cansado, abdica el próximo mayo cuando cumpla 74 años.

Alberto piensa que nada le convendría menos a la familia y a esa gran empresa , como llaman a Mónaco, que otro escándalo de alcoba.

Ninguna otra familia de la realeza europea puede darse el lujo de equiparar hoy a la británica en cuentos de alcoba. Del pequeño principado de 30 mil habitantes han salido muchas bocados de cardenal para el morbo mundano.

Carolina, cuentan varias revistas europeas, fue a Mónaco y tuvo una charla de noche entera con su hermana, Estefanía, para presionar el divorcio.

En la mañana, los efectos del llanto se vieron en los ojos hinchados de la princesa traicionada, que creyó haber encontrado el verdadero amor de su vida, después de varios romances fracasados y también escandalosos.

Si Carolina hizo bulla con su primer matrimonio con el playboy Phillip Junot, no menos consiguió Estefanía con sus affaires en el mundo del jet set.

Tras sus publicitados romances con Paul Belmondo, corredor de autos de carrera; Anthony Delon, hijo del actor Alain Delon; Mario Juttard, dueño de un club nocturno; y el músico Ron Bloom, Estefanía anunció en 1990 su compromiso con Jean-Yves Le Fur, rico marsellés, sólo para romperlo unos meses más tarde.

En junio del 90 los súbditos de Rainiero se enteraron con estupor de que la menor de las Grimaldi había quedado embarazada de un guardaespaldas casado, que al tiempo había dejado a otra mujer, una secretaria, en estado interesante.

La maldición Es extendida la opinión de que si su madre, la princesa Grace, no hubiera muerto en un accidente hace 14 años, no habría permitido tantas locuras. Ella, dicen, era el equilibrio de la familia.

Pero el destino fue otro y, desde entonces, Rainiero es otro Grimaldi infeliz, como dice el cuento de hadas y brujas que tiene ya 700 años, los mismos que tienen gobernando el principado.

La historia comenzó en 1297 cuando el príncipe Rainiero, fundador de la dinastía, secuestró a una joven, quien resultó ser hechicera. No muy contenta con la trastada del príncipe, lo maldijo a él y a todos sus descendientes y les profetizó que ningún Grimaldi sería feliz.

La predicción comenzó a cumplirse con su sucesor Carlos Grimaldi, desterrado por sus súbditos. Muchos años después, el trono fue recuperado por Rainiero II y la historia siguió su trágico curso.

Jean II, hijo de Rainiero II, fue asesinado por su hermano Lucien, encima de la mesa del comedor. Lucien lo sucedió y también fue asesinado.

La historia de infidelidades entre los Grimaldi comenzó con Luis I. Su esposa Carlota fue amante del rey Luis XIV de Francia. Los engaños continuaron después en el hogar de su hijo Luis I.

Entre los siglos XVIII y XIX, esposas iracundas, príncipes enfermos mentales y otros, poco populares, dieron continuidad a la maldición.

Ya en épocas un poco más cercanas, Luis II, un descendiente Grimaldi, medio inglés, se enamoró de una lavandera creando el caos en Mónaco.

Carlota, hija ilegítima de Luis II y heredera única del trono, se enamoró de Pierre de Polignac, playboy de la época, con quien tuvo al actual príncipe Rainiero III. El matrimonio terminó en divorcio.

Muchos pensaron que la felicidad reinaría por fin en la Casa Grimaldi con el matrimonio de Rainiero III con la actriz estadounidense Grace Kelly en 1955. Era otro cuento de hadas en la vida real: una joven bella y rica de Filadelfia, quien en contra de su familia se lanzó a la farándula y se convirtió en la favorita de Alfred Hitchcock. En una visita al principado de Mónaco conoció a Rainiero y, pocos meses después, este viajó a pedir su mano.

Desde ese entonces, Mónaco adquirió más renombre, pero a la vez, con la llegada de Carolina, Alberto y Estefanía, la familia Grimaldi se convirtió en el centro de los chismes del espectáculo. Y chismes cada vez peores.

Qué tendrá Carolina? Desde que se conoce este último escándalo de cuernos de Estefanía, los fotógrafos no cesan de perseguirla. Las revistas se pelean por mostrar su cuerpo delgado en extremo, su rostro demacrado y hasta su llanto.

Pero no es la única Grimaldi que se ha llevado la tinta de los periódicos. Carolina también ha conmovido a la audiencia de las publicaciones del corazón con su nuevo y patético look, que ha servido para toda clase de conjeturas.

La revista Oggi la mostró totalmente calva, delgada y demacrada, en su escondite de Saint Remy, en Provenza, donde se refugió luego de la muerte de su esposo Estéfano Casiraghi en una motonave.

La revista incluye otras tomas, en las que luce una peluca y aparece acompañada de sus hijos Pierre, Andrea y Charlotte, una amiga y quien, se dice, es su nuevo amor: el príncipe alemán Ernest August von Hannover Los periodistas se dieron a la tarea de consultar con especialistas los posibles padecimientos físicos de Carolina. Las respuestas hablan de una alopecia maligna que puede tener como origen simplemente el estrés. Pero no descartan razones más poderosas como un tratamiento de quimioterapia, una intoxicación o, aún peor el consumo de alcohol o de alguna droga.

La familia real niega todas las hipótesis, pero en todo caso, de la chica que era modelo de belleza y gusto hasta hace algunos años, parece que no queda nada, a juzgar por su aspecto, al que no le ayudan mucho tampoco las indumentarias oscuras que ahora suele usar. Sólo aumentan los interrogantes.

La princesa está calva y triste? Qué tendrá la princesa?

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
15 de septiembre de 1996
Autor
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