CUÁNTO VA DE RAY A SANDALIO

CUÁNTO VA DE RAY A SANDALIO

El pasado viernes, primero de junio, Mgr. Pedro Rubiano, arzobispo de Bogotá, consagró sacerdote para siempre al distinguido caleño Ray (léase Rey) Schambach Garcés, de 49 años, a partir de entonces, Sandalio María, por la gracia de Dios.

10 de junio de 2001, 05:00 am

El pasado viernes, primero de junio, Mgr. Pedro Rubiano, arzobispo de Bogotá, consagró sacerdote para siempre al distinguido caleño Ray (léase Rey) Schambach Garcés, de 49 años, a partir de entonces, Sandalio María, por la gracia de Dios.

Ese viernes, a las ocho de la mañana, la catedral de Bogotá se encontraba llena -día de trabajo- no de curiosos, sino de amigos y colaboradores de Ray, provenientes de todos los estratos sociales, fervientes católicos y aun no tan fervientes ni tan católicos, pero todos y todas al servicio de los demás.

Ray es fundador de la Comunidad de Hermanos y Hermanas de la Divina Providencia, a cuyo cuidado se encuentran varios miles de seres humanos, de todas las edades, sexos y colores, cuyo común denominador es la extrema pobreza y el marginamiento social. Allí usted puede encontrar niños y ancianos, enfermos de sida y de cáncer, gamines, basuriegos, orates, todos y todas sin un peso en el bolsillo y abandonados por la sociedad. Tuvieron la suerte de encontrarse algún día de su vida con este joven apuesto, de noble abolengo, heredero, en línea directa, de las virtudes y del espíritu de San Francisco de Asís, de quien siguió el ejemplo de dejarlo todo, fuera del tinto y del cigarrillo, para entregarse de lleno a los más pobres y desheredados de la sociedad. El caso merece plena atención. Sígame usted.

Ray Schambach nació en Nueva York en 1952, de padre norteamericano, de nombre Rolland, y de madre caleña de pura cepa: Doña Pepita Garcés. Cuenta con cinco hermanos: cuatro varones y una mujer.

Después de mil andanzas por colegios y universidades de Norteamérica y de Colombia, con estudios de medicina, bacteriología y biología vino a parar a Bogotá por el año 1974 donde terminó los estudios de Medicina en el Rosario. De 1980 a 1985 estudió Teología en la Universidad Javeriana. Fue entonces cuando vivió en casa de Jorge Calderón, hermano de Helenita, esposa de Hernando Santos, y trabó muy buena amistad con todos los Santos, no propiamente del cielo sino de la tierra. Quiso entrar al noviciado de los padres benedictinos, sus educadores en Bogotá, pero Dios lo tenía reservado para cuidar de sus amigos predilectos, los más pobres y marginados de la sociedad.

Por aquel entonces, 1980 en adelante, saliendo por las calles de Chapinero -donde, de paso, se cometen diariamente todos los siete pecados capitales-, se encontraba con frecuencia con basuriegos, gamines y orates, de los que se fue haciendo su amigo y su padre. Los invitó a reunirse para darles de comer y dormir, los adoptó como hijos y les dio su apellido. Para abreviar, le cuento que varios de ellos son hoy día profesionales y lo tienen por padre; y los hijos de estos, en número de 39, lo llaman abuelo. Ray feliz y contento, y ellos, por supuesto, también.

Esta primera experiencia de contacto con los pobres, fue rica en consecuencias. A partir de ese momento, Ray se convirtió en el padre de los desheredados, de los marginados, de los pobres más pobres de Bogotá, de Colombia y de más allá de las fronteras patrias. Su obra se extendió a Guatemala, Perú, Bolivia y España. Cuenta con 120 hermanos y hermanas de la Divina Providencia, con los cuales atiende las 54 casas de la Comunidad. En 1986, cuando la Madre Teresa de Calcuta vino de visita a Colombia, lo llamó desde Caracas para pedirle hospedaje en su casa de Usaquén.

La Obra atiende a 3.750 personas, -vuelva a leer y caiga en la cuenta: 3.750 seres humanos-, que vinieron por los caminos de Dios a caer en una de sus 54 casas, ubicadas la mayoría de ellas en Usaquén, pero las hay también en el Mortiño, -más allá de Zipaquirá-, en el Ocaso -una antigua finca de descanso, comprada para su Obra, en ciento cincuenta millones de pesos por la Fundación Saldarriaga Concha- y en otros municipios. En tales casas se les da de comer, vestir y dormir, se les atienden sus enfermedades de cuerpo y alma, y se les enseña a amar y a perdonar a la sociedad. Todo esto supone un gasto mensual cercano a los quinientos millones de pesos. Milagros de la Divina Providencia! comenta Ray, con sobrada fe y satisfacción.

La casa de Zipaquirá tiene una historia digna de mención. Por años, aquella inmensa edificación permaneció deshabitada hasta el día en que el generoso pintor Fernando Botero sacó del bolsillo la chequera y le dio a Ray los cuatrocientos millones de pesos con que compraría para dedicarla al cuidado de doscientos ancianos. Alabado sea Dios y la generosidad de la familia Botero, y de dueños de restaurantes y de tantas familias generosas que se encargan de cuidar de una o dos de las 54 casas de la comunidad.

Cuánto va de Ray Schambach a Sandalio María? Lo que va de la tierra al cielo; lo que va de un apuesto caleño a un fiel seguidor de San Francisco de Asís.

Hoy Sandalio María, sacerdote de Cristo para siempre, vive feliz en su refugio de Usaquén, tomando tinto y fumando como una chimenea, abrazando a enfermos y ancianitos, besando a orates y loquitas, carentes de afecto, de mente y de hogar; sembrando la semilla de Cristo en los corazones de las amigas y amigos predilectos de Dios.

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Nota: si desea ayudar con dinero, ropa o alimentos, a esta bella y heroica Obra de caridad, émula de la que en Calcuta fundó la Madre Teresa, puede dirigirse al Hogar San Francisco, en Usaquén (Bogotá) calle 117 No. 7-22, Tels. 2155726 y 2155584.