Ruinas de ruinas

Ruinas de ruinas


31 de octubre de 2011, 05:00 am

La ruina fue tema de moda en esta versión de ArtBo, La Otra y Odeón. No es difícil imaginarse el porqué. La ciudad está herida y la invaden sondas, contusiones y cicatrices. Aparecieron así, retroexcavadoras como insumo de una instalación, proyecciones de la destrucción de un barrio que se le quedó viejo a la capital, fotos de este nuevo paisaje de cascos, conos reflectivos y lonas verdes que acarician las obras, edificios abandonados, desnudos, húmedos. La Otra y Odeón, a su vez, eran parte de esa ruina, al estar en edificios que son un milagro. Ahora bien, es una idea que puede eternizarse en las salas de exposición. La ruina es estéticamente hermosa, pero también puede volverse inmovilizante. Es fácil encantarse con sus ricas texturas y con ese halo de nostalgia impreso.

Me pregunto qué puede sentirse al mirar en una sala esos muros de abandono que Juan Manuel Echavarría tan pulcramente retrata en los Montes de María. Creo que, después del pesar, vendría un veloz olvido. Y, luego, el nuevo menú de los artistas 'cazatragedias'.

En su lugar, hay dos experiencias de melancolía que van más allá de la belleza. Los trabajos de Giovanni Vargas y Alejandro Mancera en la Cámara de Comercio de la 69 y el de Leyla Cárdenas en Casas Riegner. Los primeros, más que registrar la pérdida, descubren la esencia de lo que nos hará falta cuando algo ya no esté. El alma, el gesto de que alguien construyó una vida allí. Y la obra de Cárdenas, por su parte, es tan, pero tan meticulosa en su 'deconstrucción' de la ciudad -rescata las capas de un muro que desaparecerá-, que logra esculturas que no son otra cosa que huellas de la memoria. El trabajo es de tal magnitud y poesía que traduce el verdadero dolor que constituye el olvido