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EL GUAYABO DEL BOCADILLO

Los bocadilleros de Vélez (Santander) están soportando el guayabo más largo de sus vidas. No hayan cómo quitarse el dolor de cabeza que les produce la caída de sus ventas y tienen sed por conseguir guayabas, y nuevos mercados para superar la crisis de los dulces.

Los bocadilleros de Vélez (Santander) están soportando el guayabo más largo de sus vidas. No hayan cómo quitarse el dolor de cabeza que les produce la caída de sus ventas y tienen sed por conseguir guayabas, y nuevos mercados para superar la crisis de los dulces.

El más reciente festín fue en diciembre y enero pasados cuando por lo menos 60 por ciento de las guayabas producidas por los 720 mil árboles, en los 19 municipios de esta provincia, se fermentaron y se echaron a perder en los guayabales, porque no hubo quién las recogiera.

Fue un banquete de cosecha, sobretodo para la mosca de la fruta, porque los bocadilleros nuevamente no tuvieron cómo almacenar la guayaba para abastecerse cuando llegase la escasez, que ahora les agobia.

Cuando pasó la abundancia, los 350 artesanos del dulce en la provincia (hace diez años, las bocadilleras eran más de 500) pasaron de pagar 500 pesos a 3.500 pesos ó 4.500 pesos por la caja de 10 kilos ó 12 kilos de la fruta, importada desde el Tolima, Huila y Cundinamarca, afirma la presidenta del Concejo de Vélez, Yaneth Cristina Grandas.

Ellos esperaban sacudirse la resaca con la cosecha traviesa, que tradicionalmente sale en junio, pero la fruta les jugó una mala pasada y no saldrá debido a la falta de cuidados de los árboles silvestres.

El 70 por ciento de estos tiene parásitas y no menos de la mitad de los tallos están perforados por plagas, asegura el agrónomo Raúl Gómez Santos, de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica), de Barbosa.

Y encima, la extorción.

Para completar, en los últimos cuatro años -mientras los artesanos veleños se embriagaban de felicidad con la abundancia- la guerrilla y la delincuencia común, como indeseables gotereros , se les pegaron a las ganancias.

El alcalde de Vélez, Antonio Palomino, afirma: casi todos los bocadilleros vienen siendo extorsionados por la guerrilla, y la delincuencia común les asalta los camiones cargados por el camino a Bogotá o a Bucaramanga.

No obstante el medio siglo de dulce reinado de Vélez en el país, en los últimos cinco años empresarios de Medellín y Bogotá empezaron a disputarles el mercado a los santandereanos, tras venir a la región a aprender los secretos del manjar y llevarse a campesinos a trabajar en las fábricas que montaron en sus ciudades. Incluso, en algunos en estaderos de la provincia se consiguen para la venta bocadillos hechos fuera del departamento.

Nidia Grandas, de la fábrica Frutifresca, asegura que el veleño sigue siendo el líder: Los de Medellín ya exportan, porque tienen los medios, pero nosotros estamos en la provincia y necesitamos apoyo del Gobierno. Llevamos dos años tratando de entrar a Estados Unidos y a España, pero allá además del de Antioquia se consigue un bocadillo de Costa Rica más barato .

Muestra de que algunos artesanos empiezan a modernizarse y a luchar contra la dependencia embriagante de las cosechas es Geovanny Rodríguez, de la fábrica Mundo Raro, también en Vélez. Ya no usamos pailas de cobre, sino batidoras y calderas a vapor para no perder la competitividad, pero el Gobierno debe destinar recursos del Plan Colombia para este sector que necesita conquistar nuevos mercados; solos no podemos , asegura.

Por su parte, el alcalde de Guavatá, Carlos Ernesto Fandiño, manifiesta: lo que también está acabando con el bocadillo es el precio del azúcar que se trae del Valle, que todos los días sube de precio .

Cada año, el sector importa aproximadamente 1.925 millones de pesos en azúcar, es decir 35.000 toneladas, y cada bulto se cotiza a 55.000 pesos. Los detractores de las importaciones aseguran que la embriaguez de los bocadilleros no les ha permitido ver que su región también es la primera productora panelera del país y segunda del mundo. Además, la región ya produce panela pulverizada.

Pero la crisis del bocadillo no solo ha servido para poner a los artesanos a explorar alternativas para matar el guayabo, sino para devolverle vigencia a las palabras del nóbel Gabriel García Márquez en el libro El olor de la guayaba: Todo el enigma del trópico latinoamericano se puede reducir a la fragancia de una guayaba podrida .

PROPONEN DULCE ALIANZA.

Provincia de Vélez.

El agrónomo Raúl Gómez Santos asegura que los bocadilleros deben aliarse con los paneleros que cada año producen 200.000 toneladas.

La panela pulverizada no tiene químicos, permite hacer un bocadillo de buen color, claro, durable y blando , asegura.

El director de la Unidad Municipal de Atención Técnica Agropecuaria (Umata) de Jesús María, Javier Suárez, asegura que los bocadilleros deben vencer el tabú de que con panela el bocadillo sale oscuro y melcochudo.

Gómez plantea la producción de fruta libre de gusanos embolsando la guayaba, a lo que son renuentes los campesinos. También la rehabilitación de los cultivos y la reposición de los árboles muertos. De las 9.000 hectáreas de árboles en la provincia, 100 están tecnificadas.

La provincia de Vélez produce 110.000 toneladas anuales de guayaba y solo el 40 por ciento de ellas se aprovechan para los dulces. Del 27 al 31 de agosto, productores de guayaba y bocadillo participarán en un curso internacional de guayaba en Barbosa (Santander).

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
12 de junio de 2001
Autor
MANUEL NAVARRO Enviado especial de EL TIEMPO

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