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DESPIDA AL MAGALI PARÍS

Nadie lo quiere creer. Que el letrero de Magali París desaparezca es como si faltaran las palmeras en la playa. Pero, en efecto, el nombre de la primera gran cadena de almacenes de Cartagena pasará a ser otro imborrable recuerdo de la ciudad.

Nadie lo quiere creer. Que el letrero de Magali París desaparezca es como si faltaran las palmeras en la playa. Pero, en efecto, el nombre de la primera gran cadena de almacenes de Cartagena pasará a ser otro imborrable recuerdo de la ciudad.

El desmonte del nombre no es otra cosa que la continuación lógica del proceso de compra adelantado por la cadena Carulla Vivero, y que ha representado cambios en la disposición del mobiliario de los almacenes Magali París y en su formato de venta.

Guillermo Castillo, gerente de Magali París La Matuna, se abstuvo de confirmar la información, pero admitió que no contradice la verdad.

Carulla Vivero se hizo al control de Comercializadora Magali París S.A. el año pasado, luego de que dicha firma sustituyera por tres años a Abraham Ibarra y Compañía, su fundadora.

La cadena ha previsto invertir $4.000 millones en Cartagena y Barranquilla, lo que implica la adopción del formato Merquefácil en los puntos de venta en La Heroica.

En Cartagena, Magali París tiene almacenes en Centro, La Matuna, Bocagrande, Crespo, Manga y Santa Lucía.

Su actividad comenzó como droguería y miscelánea en un pequeño local en la calle del Candilejo, centro amurallado, y en menos de tres años ya era un pasaje que comunicaba con el Portal de los Dulces.

"Yo trabajaba para laboratorios de Bogotá y le vendía medicamentos a Abraham Ibarra Samudio, el fundador, y era muy puntual en sus pagos", recuerda Javier Román, ahora jubilado de la alcaldía.

Cruz Villero, famosa a sus 69 años por ser la vendedora más antigua del Portal de los Dulces, dice que llegó a los 7 años y ya estaba don Abraham Ibarra atendiendo. "Recuerdo que era un pasaje que sólo tenía unas vitrinas en la parte derecha", evoca.

Ibarra Samudio compró casas aledañas y agrandó el negocio. Sus hijos Abraham y Ricardo tomaron la batuta a fines de los años 70, instalaron comodidades y le dieron un formato de almacén moderno, en competencia con los almacenes Tía y Ley.

A principios de los 80, edificaron la sucursal de Santa Lucía, en el lado opuesto de la ciudad, creando un polo de desarrollo trascendental.

En los 90 se expandieron en tres nuevos superalmacenes, invirtieron en Montería y se preparaban para ingresar a Barranquilla.

El terrorismo de 1996 les ocasionó daños irreparables en Plaza Colón y Bocagrande y sobrevino una profunda crisis, de la que no se recuperaron.

"Nosotros ya no tocamos ese tema, que es de ingrata recordación", dijo escuetamente Abraham Ibarra hijo.

Esosbombazosi determinaron, a la vuelta de cinco años, el fin del nombre más familiar a la hora de las compras de los cartageneros: Magali París.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
21 de junio de 2001
Autor
JOHN ZAMORA Especial para EL TIEMPO

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