'Bola de Nieve', un artista inmortal

'Bola de Nieve', un artista inmortal

Hace más de 40 años falleció 'Bola de Nieve' en una escala de avión -que hizo en México cuando iba rumbo al Perú, el 2 de octubre de 1971-, y aún sigue alborotando a los admiradores de su arte, y también a otro grupo minoritario que lo detesta.

26 de septiembre de 2011, 05:00 am

A Ignacio Jacinto Villa Fernández -su verdadero nombre- no se le discute su calidad como pianista, pues era un ejecutante diestro, que aprendió en el conservatorio del maestro José Mateu y con Gerardo Guanche. Después, perfeccionó su talento con María Cervantes y, entre otros, con Ernesto Lecuona durante siete años de trabajo. Este maestro cubano lo descubrió en México y se lo llevó por Argentina, España y otros países.

Casi siempre, los que rechazan a 'Bola de Nieve' reparan en su canto y esgrimen los mismos argumentos: voz escasa, áspera, zalamera, sin timbre seductor, con poca proyección y extensión; repertorio exótico, alardes de homosexual extrovertido, y también dicen que pocas veces toleró una orquesta acompañante. Fue esa precariedad vocal la que lo obligó a inventarse un estilo y un personaje original, que es lo que resaltan sus devotos, tal y como lo aclaró el crítico Luciano Londoño, en Medellín, al hablar de este personaje, del cual se celebra un siglo de nacimiento.

'Yo soy un hombre triste que me la paso muy alegre' El artista nació en la villa de Guanabacoa, cerca de La Habana, el 11 de septiembre de 1911, en el seno de una familia humilde, en la que hubo 13 hijos, de los cuales solo seis sobrepasaron la adolescencia; los otros fallecieron debido a enfermedades infecciosas frecuentes en aquellos tiempos.

El cierre del Conservatorio por orden del presidente Gerardo Machado y la urgencia económica familiar lo presionaron a trabajar en las funciones del Cine Carral, en Guanabacoa, donde animaba las funciones de películas silentes, mientras recibía gritos, tomatazos y burlas de sus compañeros de estudio, que le gritaban 'Bola de Nieve'. Lo salvó de esa diaria jauría el contrato como pianista de la orquesta que le otorgó el maestro Gilberto Valdés en el cabaret La Verbena.

"Una noche fue a buscarme Rita Montaner para que la acompañara a tocar en el Hotel Sevilla, y la acompañé en El manicero y en Siboney", recordaba 'Bola de Nieve'. El 27 de octubre de 1932, actuaron juntos en el Cine Fausto, durante un homenaje a la pianista, compositora y cantante María Cervantes, quien influyó notablemente en el joven. En enero de 1933, 'Bola' y Rita se embarcaron rumbo a Mérida, Yucatán. Allí revivió el apodo de 'Bola de Nieve', a disgusto de Jacinto Villa, quien prefería su nombre de pila. El primero de marzo, debutaron en el Teatro Esperanza Iris, Ciudad de México, donde alternaron con el tenor Néstor Mesta Chayres, la actriz Gloria Marín y el trío Garnica Ascencio.

En esa época se desata la rivalidad con la flamante Toña la Negra, artista surgida de la mano de Agustín Lara, el mismo compositor que le prohíbe a Montaner cantar toda su obra.

'Bola de Nieve', lanzado como cantante, felizmente, por las disfonías de Rita Montaner, logra que se hagan populares y suenen en la radio No dejes que te olvide y Vito Manué, temas que lo consagraron en el Teatro Politeama, ante 4.000 espectadores. Aunque les ofrecen prórroga de contrato, los cubanos esquivan la rivalidad y se van de viaje en sociedad con Mario Martínez Casado y Pedro Vargas. 'Bola' se quedó con este último y Montaner perdonó primero a Agustín Lara que a Ignacio Jacinto Villa, a quien juzgó de amigo desleal.

En México, 'Bola' respalda con su piano la actuación de artistas tan prestantes como Lucha Reyes. Su cordialidad le abre las puertas ante compositores como Alfonso Esparza Oteo, Tata Nacho y María Grever, hasta que en el Teatro Lírico lo descubre Ernesto Lecuona, en 1934, y lo incorpora a su compañía como pianista. Un año después, Tomasita Núñez garantiza la buena acogida del público de la canción Lejos de ti, con música de 'Bola' y versos de Luis Ángel de la Cruz Muñoz. En 1937, el pianista recorre Chile, Perú y Argentina. Allí, registra su primera toma, en el filme Adiós, Buenos Aires.

Le siguen otras grandes contrataciones como la de Conchita Piquer, la famosa artista española. En Estados Unidos, alterna con Lena Horne y Paul Robeson, quien le dedica un recital al quedar fascinado con su manera de "decir la canción".

También alternó con Libertad Lamarque y con Eva Garza.

En 1944, coinciden en Buenos Aires 'Bola de Nieve' y Armando Oréfiche con la orquesta Lecuona Cuban Boys. Quizás el conocimiento del artista y el personaje que era llevaron al director de orquesta a componer el simpático Mesié Julián, que interpretaba singularmente 'Bola de Nieve ' y que le requirió un año de preparación para acoplar armónicamente el piano, la voz y el gesto. Con razón el escritor Jacinto Benavente lo elogiaba: "No se puede hacer más con una canción". En su libro Déjame que te cuente de Bola, Ramón Fajardo narra el primer viaje de Ignacio Jacinto a Brasil. "Voy bailando música muy alegre que tiene letras tristes, que le dan a uno ganas de llorar. Pero qué música la de Brasil.

Prefiero São Paulo, porque Río fue el único lugar del mundo donde me discriminaron por negro. Y ya tu ves, es una ciudad de negros. Por eso, me dolió", decía 'Bola'.

'Yo no escribo sino cancioncitas' En 1957, visita el Viejo Continente, donde vuelve a estremecer auditorios en Francia, Londres, Italia y España, país en el que grabó en Discos Montilla uno de larga duración de compositores cubanos. En la etapa en que prefería interpretar a nuevos autores y reprimió su inspiración interior, la Revolución Cubana le asignó nuevas tareas de embajador cultural, en 1959, y así llegó a a la sala mayor del Tchaikovsky, de Moscú.

Da la impresión de que Ignacio Jacinto se subestimaba como compositor y soñaba con componer obras clásicas para el ballet de Alicia Alonso, como Amor del fuego y del viento, basado en leyendas lucumíes; pero sus giras truncaron sus deseos y lo llevaron a la República Democrática Alemana, Checoslovaquia, Rumania, Hungría, Corea del Norte y China Popular, donde fue sensación y lo recibieron cálidamente los máximos mandarines: Mao Tse Tung y Zhou Enlai.

Quizás también se haya apabullado en Argentina, al recibir con emocionada dedicatoria una partitura de Amor brujo, de Manuel de Falla, probablemente el mayor compositor clásico de la España contemporánea.

Para el final de su vida, ya pocas frases lastimaban su orgullo y su memoria.

'Bola' simplemente guardaba el teclado de su sonrisa y prudentemente callaba.

Por fortuna, quedó para la historia más de un centenar de obras de buen calibre y que tienen vigencia, pues aún suena este personaje de pocas fotos y mucha música