BORA, DARINKA Y UN SUEÑO

BORA, DARINKA Y UN SUEÑO

Hace ya 21 años que Bora Milutinovic, el técnico de la Selección de Estados Unidos, se traslado a este lado del mundo. Y durante ese tiempo se desempeñó como jugador y entrenador del Pumas de la primera division mexicana y, mas tarde, como seleccionador nacional de México y Costa Rica...

2 de enero de 1994, 05:00 am

Y desde el 27 de marzo de 1991, el carismático Bora, de 58 años, asumió el reto más grande de su vida: entrenar al poco experimentado equipo de Estados Unidos para la Copa Mundo-94.

Si Dios quiere y me da vida, estaré en el Campeonato Mundial y sería el único entrenador en el mundo en dirigir tres países diferentes en tres Copas Mundo .

Obviamente, quien habla es el propio Bora, conocido más por su nombre que por su apellido y quien a seis meses de iniciarse la Copa Mundo, dice ser un hombre feliz porque los planes que se trazo hace dos años se han cumplido a cabalidad y el equipo poco a poco ha ido cogiendo la madurez que necesita para competir en el magno torneo.

Desde su suite en el Hotel Oro Verde de Quito, hace unos meses, en plena Copa América, este hombre nacido en Bajina Basta, de la ex Yugoslavia, recibía a EL TIEMPO para hablar de la controvertida preparación de la selección de un país en donde pocas bolas le paran al soccer, perdón, fútbol. (Deberían llamarle football, como en Inglaterra. O no?).

Amable como siempre, accedió a la entrevista. Se sentó al frente de una mesa redonda enclavada en la entrada de su habitación. Pronto comenzó a hablar, con dejo de mexicano, a pesar de que aún deja notar un acento extranjero. Su cara no había cambiado en nada desde los últimos años. Sólo había estrenado un par de dientes postizos y una que otra arruga. Todavía utilizaba un peinado que se asemejaba a un Daniel El Travieso despelucado.

Lo primero que dijo fue que la preparación iba excelente y que el problema era que el estadounidense siempre quería ser ganador y para lograrlo había que competir mucho. Para llegar a obtener esa competitividad, lo primero que Bora exigió fue un sitio de entrenamiento permanente. No problem, le dijeron los dirigentes de la U.S.A. Soccer Federation. Fue así como se construyó un complejo en la poblacion de Missio Viejo, estado de California, que estuvo listo en agosto, dos meses después de terminada la Copa América.

Antes, entrenaron en una cancha que existía en ese mismo sitio. En total, Bora tuvo a 21 jugadores convocados alli permanentemente. Desayunaban, almorzaban y comían fútbol; Y mientras esos 21 jugadores y toda una tropa de ayudantes, técnicos asistentes y médicos hacían su trabajo en California, en Europa y Arabia Saudita estaban nueve jugadores de la selección adquiriendo experiencia en torneos de primera y segunda división.

Y aunque pocas veces tuvieron la oportunidad de mezclar a los jugadores de ambos continentes europeos y californianos los resultados fueron sorprendentes ya que, segun Bora, se acoplaron perfectamente. Es una gran ventaja tener a casi toda la titular fogueándose en Europa , opinó.

En junio de 1992 el equipo ideal de Estados Unidos gano 3-1, a Irlanda; 1-0, a Portugal; y empató 1-1, con Italia. Y este año sólo dos de los partidos del USA-Cup fueron jugados con toda la pesada. El resultado: derrotaron 2-0, a Inglaterra; y perdieron apenas por un 3-4, frente a Alemania.

Estas fueron las cuentas alegres. Las tristes se reflejan en el record a nivel internacional del equipo este año: 2-6-9.

La filosofía de Bora es simple. La idea es siempre anotar un gol más. Es saber dónde está la bola y dónde se está en el campo de juego. El fútbol es tan sencillo: jugar, tocar, acercarse y meter gol .

Como es de esperarse, Bora se clasifica dentro de los optimistas. Vamos apasar la primera ronda e ir hasta cuartos de final o semifinales , comentaba.

Como aliado en esta campaña tiene a su hija mexicana, Darinka, de 7 años, producto de su matrimonio con la azteca María Carmen. Para este tierno papa que lentamente ha ido aprendiendo el inglés por razones de fuerza mayor, Darinka es tan importante o más que cualquier jugador, porque su nombre lo ha llevado a triunfar en numerosas ocasiones. En yugoslavo, Darinka significa regalo de Dios y Bora, se aferra a eso, o mejor, a ella.