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SE SECA EL PEÑOL

Lo que hasta hace poco fuera una gran cadena de montañas sumergidas en abundantes aguas, visitadas por miles de turistas, ahora sólo es un laberinto de caños con barcas amarradas en lugares donde parece que jamás llegó ni llegará el agua. De entre las aguas, como un fantasma, empieza a surgir el antiguo pueblo de El Peñol, sepultado desde hace 14 años en la represa del mismo nombre, principal generadora de energía del país, que de su máximo nivel ha bajado en los últimos meses 19.60 metros.

Esta situación es provocada por el intenso verano, la gran demanda de energía del país y los problemas laborales en las empresas térmicas de la Costa Atlántica. De no llover, las regiones colombianas atendidas por el sistema de interconexión eléctrica tendrán que verse sometidas a un serio racionamiento de energía.

Dadas las características geográficas del país, el 70 por ciento de su energía se genera a través de las hidroeléctricas. El 40 por ciento lo aporta Antioquia.

Entre las gentes del oriente antioqueño, el mayor impacto por el bajo nivel de la represa de El Peñol, lo está soportando el municipio de Guatapé, población de cinco mil habitantes y de gran tradición agrícola.

A partir de 1986, cuando el embalse tomó su forma, a la zona empezó a llegar un turismo en masa desde el Area Metropolitana de Medellín. Esta avalancha transformó de la noche a la mañana las costumbres en la región y cientos de familias campesinas vendieron sus parcelas para dedicarse al ramo del turismo, actividad menos extenuante y más lucrativa.

La bonanza duró hasta finales de 1991, cuando las aguas del embalse alcanzaron sus niveles críticos. La situación no puede ser más desoladora: la mayoría de los negocios cerraron sus puertas, otros simplemente se dedican a esperar y mirar el cielo en busca de una señal de lluvia. Fiesta del agua El 30 de noviembre de 1988 fue histórico para la represa de El Peñol. Después de diez años de construida, ese día alcanzó su máximo nivel, 1.2 millones de metros cúbicos, y empezó a botar agua por su vertedero. La euforia popular fue tal que hubo misa concelebrada por dos sacerdotes, a quienes les llegaba el agua a las rodillas.

Gracias a las aguas de la presa, propiedad de Empresas Públicas de Medellín, se genera un 35 por ciento de la energía que consume el país.

De acuerdo con los técnicos de EPM, aunque las reservas de agua ya han disminuido un 80 por ciento, de continuar el verano su nivel puede bajar hasta 24.7 metros. En ese caso, la presa perderá el 90 por ciento de su capacidad.

El descenso de la presa depende directamente de la energía que se despache para las distintas regiones colombianas desde la Central de Guatapé. Por lo tanto, si se tiene en cuenta que la máxima descarga de la Central es de 80 metros cúbicos por segundo y el aporte de la corriente Rionegro es hoy de 25 metros cúbicos por segundo, si no llueve la presa continuaría bajando un promedio de cinco centímetros diarios, declaró Abelardo Calderón Gallego, jefe del Departamento de Programación y Control de EPM.

Los principales caudales del embalse los generan los ríos Nare y Rionegro, los cuales de acuerdo con el seguimiento que de ellos tiene EPM, desde hace 60 años atraviesan por lo que se denomina un estado de hidrologías críticas .

En esta época del año el caudal promedio es de 30 metros cúbicos por segundo y está en 15. En invierno, en los meses de octubre, noviembre y diciembre es de 60 metros en promedio, y el año pasado estuvo por el orden de 30. Lo cual demuestra que el caudal ha estado por debajo de sus valores históricos.

Aunque la atención del país se ha centrado sobre el embalse de El Peñol, es necesario destacar que el mismo hace parte de una gran cadena hidráulica, ya que sus aguas, luego de ser utilizadas en la central de Guatapé, son empleadas en las centrales de San Carlos, la más grande del país, Jaguas y Calderas, propiedad de ISA.

En conjunto poseen una capacidad instalada de 2.188.400 kilovatios para la generación de energía, que cubre todo el territorio nacional a través del sistema interconectado.

Según técnicos de EPM, la mala hidrología que ha enfrentado el país desde el año pasado está directamente relacionada con el fenómeno de El NiÑo , que en unas partes origina grandes inundaciones y en otras extensas sequías.

Aseguran los ingenieros de EPM que el fenómeno afecta las costas occidentales de Suramérica, sobre todo Perú y Ecuador, donde la sequía ha obligado a un racionamiento de energía y agua en gran escala. Un pueblo vuelve del naufragio Largo parecía ser el destierro del antiguo pueblo de El Peñol, condenado por el desarrollo a desaparecer y permanecer por siempre en lo profundo de la represa.

De todo lo que fue, se salvó su actual generación y una casona de más de doscientos años que no logró vencer el agua. La venerable construcción de tapias, que da la impresión de ser la abuela de todas las casas de Antioquia, es hoy un museo.

Son sus lujos un jardín de melenas y novios, una vitrina sin vidrios, donde se almacena lo que quedó de la próspera carrera profesional del mediquillo Emeterio Galeano, que la construyó durante la Colonia, y un mirador de sueños hacia el punto exacto donde quedó sumergido el Viejo Peñol.

Estos días, gracias a las bondades de un verano feliz, tal vez su única tabla de salvación, el Viejo Peñol empezó a salir del naufragio.

En una paradoja del destino, casi queriendo recuperar el recuerdo de los que vivieron en sus casas de bahareque y pisos de madera, lo hizo por donde más les duele a los viejos: desde la centenaria capilla del cementerio.

Fueron los muertos los primeros en salir de la laguna; necesitaban del calor del sol y sus familias. En una de las bóvedas, un pequeño nido de huesos aún espera, quizás de una mano, o un amor, que deposite allí una rosa.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
28 de febrero de 1992
Autor
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