Tiempos de belleza y de mentiras

Tiempos de belleza y de mentiras

18 de julio 2011 , 12:00 a.m.

Naturalezas muertas. Este género, llevado a su máximo esplendor en la pintura flamenca de los siglos XVI y XVII, permitió retratar el paso del tiempo.

Frutas, flores marchitándose, cenas exuberantes y animales cazados, velas apagándose, calaveras y relojes fueron algunos de los ingredientes con los cuales los maestros pintaron algo tan intangible como la vida aconteciendo. Y terminando. Pese a recrear algo tan vívido y real, las puestas en escena de las naturalezas muertas resultan artificiales y construyen así preciosas mentiras dentro de las cuales es fácil perderse. Algo similar a esta sensación podemos verlo hoy en la exposición Wanton, de Jennifer Vanderpool, en la Galería Sextante de Bogotá. Sus jardines coquetos de pajaritos posados suavemente sobre munditos de plástico son hermosos. Y miedosos. La colorida resina viscosa sobre la que se paran los animalitos, disfrazada en medio de plumas y flores, parece querer devorárselos o, al menos, atraparlos. Estamos en medio de una peligrosa belleza, de una fabricada belleza, y caminamos junto a ella en la sala de exposición. Cada 'mundito' se refleja en la pared y su sombra nos revela la oscuridad, que a veces no nos permitimos ver. Todo esto, sin embargo, es apenas visible y con ello refleja su poesía.

Vanderpool no nos conduce hacia un mensaje ni pretende enarbolar banderas.

Combina mentiras y verdades, como la vida misma. Los grabados que presenta logran tal efecto. Las varias capas que contienen son tan incompatibles -como prendas que no van las unas con las otras, pero su portadora considera que la gama de color justifica que estén juntas-, que el ojo duda y no está seguro de que si lo que está viendo es una broma, una trampa decorada en formas bellas. Porque son bellas, quién lo negaría. Termina la muestra, o se complementa, con una serie de imágenes proyectadas en video sobre la pared. Parecen escenografías, dibujos de interiores de residencias opulentas, escaleras en mármol, lámparas de araña, recargados papeles de colgadura, mobiliario de castillo. Pero los dibujos no son enaltecedores, ni permiten maravillarse. De hecho, son algo decadentes en una belleza detenida en el tiempo, preservada a la fuerza. El tiempo pasa por esta exposición, que se titula Wanton, algo así como una belleza lujuriosa y extrema. Son nuestras naturalezas muertas del presente, un tiempo que no quiere acabar

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