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El Ejército paquistaní rehabilita a 'niños bomba' de los talibanes

Han pasado 11 meses desde que Mohamed fue rescatado por el Ejército de uno de los campos de entrenamiento para terroristas suicidas del grupo paquistaní Tehrik -e-Taliban (TTP) en el valle de Swat en Pakistán.

Sin embargo, cada noche regresa a su mente la misma pesadilla. Este adolescente de 16 años fue secuestrado en abril del 2008 por unos desconocidos armados a la salida del colegio en Mingora, capital del valle de Swat, que estuvo bajo control de los insurgentes desde el 2007 hasta julio del 2009, cuando los militares lograron expulsarlos. "Unos tipos que empuñaban un Kalashnikov se acercaron a mí y me amenazaron con matarme si no me unía a ellos", explica Mohamed, que detalla que en el campamento lo obligaron a trabajar como cocinero, o cavando agujeros en la carretera mientras recibía asiduas palizas. Según el joven, no había manera de escapar. "Me lavaron el cerebro y me convencieron de que atacara al Ejército paquistaní porque era aliado de Estados Unidos". Mohamed fue adoctrinado en la disciplina talibán y recibió entrenamiento en combate y manejo de armas. En el campamento había unos 100 reclutas adolescentes entre los 14 y los 17 años. "Primero nos obligaban a recitar el Corán durante muchas horas al día sin darnos nada de comida o bebida. Un mulá nos explicaba que la Yihad es matar a los enemigos del islam y que los miembros de las fuerzas de seguridad y del Ejército eran unos infieles, y por ello, había que matarlos", explica el joven. "Los que llevaban más tiempo eran enviados a áreas tribales de Pakistán y el vecino Afganistán", recuerda Mohamed, que ahora intenta superar aquel trauma en la escuela Mishal en la localidad de Barikot, cercana de Mingora. Dilshad era un niño de la calle. Una noche fue secuestrado por unos desconocidos armados en las calles de Karachi y llevado en una furgoneta hasta un centro de reclutamiento talibán en el valle de Swat. El campamento pertenecía al grupo insurgente Jahangir, aliado del TTP. El adolescente, de 15 años, fue hallado por los soldados en una escuela abandonada, agazapado y cubierto con unas viejas mantas. Bajo sus ropas llevaba adosado al cuerpo un chaleco de explosivo que no había sido activado.

"Me obligaron a suicidarme pero no pude hacerlo. Entonces, Yusef (su mentor) me pegó una paliza de muerte, pero logré escaparme", recuerda con dolor. Durante los meses que permaneció en el campo de entrenamiento recibió tortura psicológica y física. "Sin saber el porqué, entraban por la noche en los barracones, nos ataban las manos a la espalda y nos cubrían los ojos y después nos encerraban en un cuarto", explica Dilshad. En varias ocasiones, le adosaban al cuerpo un chaleco de explosivos y le decían que había sido elegido para una misión suicida, que, al final, resultaban ser falsas. "Me tuvieron durante horas con el chaleco puesto, mientras me decían que rezara a Alá porque iba a ser mi último día en la tierra".

Afortunadamente, el Ejército lo encontró y se lo llevó al centro de Mishal.

Este centro de rehabilitación, gestionado por el Ejército paquistaní, abrió sus puertas en septiembre del 2010 para ayudar a cientos de jóvenes y adultos destinados a convertirse en bombas humanas. Aquí, los psicólogos y terapeutas les enseñan a que la vida es mejor opción que la muerte. "Las terapias consisten en un conocimiento real sobre el islam, comportamientos sociales, tratamiento psicólogico para convertirse en mejores personas. Son jóvenes que están psíquicamente trastornados y necesitan una buena disciplina para recuperar la normalidad", explica EL TIEMPO el psicólogo Faisal Montash. Para la mayoría de ellos, Mishal es la primera escuela apropiada a la que han asistido. Son aulas con pupitres y una pizarra para dar clases de inglés, matemáticas, historia y religión. Un campo de tierra para jugar voleibol y cricket. Una sala con computadores para aprender informática y un comedor para hacer tres comidas al día. .

Algunos fueron vendidos por 200 euros El doctor Montash explicó que muchos de los niños que iban a ser utilizados como kamikazes se sintieron atraídos por "la arrogancia de los combatientes talibanes de cabello largo". Otros fueron llevados a la fuerza por la noche por los insurgentes, que reclamaban reclutas y dinero a los aldeanos. Algunos, incluso, "fueron vendidos por sus padres por 25.000 rupias (unos 200 euros)", que es el precio que pagaba el TTP por un adolescente sano

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
18 de julio de 2011
Autor
ETHEL BONET

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