PATRICIA ANZOLA

PATRICIA ANZOLA

La recuerdo en medio de pétalos de flores en las calles de los mercadillos del Santo Angel en donde habíamos ido a buscar alebrijes, esos extraños seres que volaron en los sueños de un fabuloso artista de Oaxaca; la vuelvo a ver con una sonrisa inmensa llevándome entre panecillos de azúcar con forma de calavera, tazones de maíz y viandas para las visitas de los muertos, botellas de tequila para los bebedores que se fueron y regresan por estos días a visitar a sus amores, cirios encendidos para que su camino a casa rompa toda tiniebla, toda oscuridad.

11 de agosto de 1996, 05:00 am

Era el día de difuntos en México y Patricia Anzola me explicaba con la certera inteligencia de sus palabras esa mezcla asombrosa entre la muerte y la vida, entre la risa y la calavera que han hecho de esta conmemoración de difuntos un motivo de fiesta, una ocasión para el reencuentro alegre, para lograr mirar de frente, entre flores y exaltaciones, la conmovedora realidad de la muerte.

Pero también ahora recuerdo un itinerario vital que hizo de Patricia Anzola uno de los nombres más importantes de la reflexión colombiana sobre la comunicación. Egresada de la Universidad de Los Andes y con estudios en los Estados Unidos, Patricia fue una de las primeras decanas de la facultad de Comunicación Social de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Muy pronto orientó sus investigaciones hacia el análisis de las políticas comunicativas tendiendo puentes lúcidos y críticos entre lo que sucedía en el mundo y las preguntas que se generaban en nuestro país sobre el tema, trayendo a los terrenos de las realidades los principales debates que se generaban en un campo tan fructífero como polémico. Su diagnóstico sobre la situación de las comunicaciones en Colombia sigue siendo perfectamente válido; tal como fue la visión de sus apreciaciones y la claridad de sus planteamientos. Allí se expresa su preocupación por la democratización de los medios, la participación de los ciudadanos, la expresión comunicativa de todos los sectores sociales.

Consultora apreciada nacional e internacionalmente, Patricia tenía la cualidad de llegar rápidamente al centro de los problemas y de avizorar, con un riesgo que se leía en la alegría de sus ojos, las salidas posibles, los sentidos de futuro.

Participó activamente en proyectos de organismos como la Unicef y la Unesco, así como en la reestructuración del Ministerio de Comunicaciones, en la que lideró la idea de darle una importancia central, no solo a las tecnologías y a las reglamentaciones jurídicas, sino a la preocupación por los social. La vimos actuar con un presteza que ratificaba sus deseos de vivir en la búsqueda de las conexiones entre la comunicación y la salud, la comunicación y las reivindicaciones de tantas mujeres que sufren a los largo y ancho de este continente, la comunicación y las mejores oportunidades de vida para los niños.

Presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación(ALAIC), Patricia Anzola era sin duda una de las intelectuales más apreciadas por sus colegas, entre otros motivos, por esa conjunción que solo logran los seres privilegiados, entre conocimiento y humanidad, vitalidad y saber. Ahora, a un mes de su muerte, uno de mis mejores recuerdos es ese paseo en México un día de difuntos por los ventorrillos donde las calaveras de mariachis tocan sus músicas de fiesta. La misma música que adorna para siempre el regreso de nuestros amigos.