Las estrategias de desarrollo territorial se han convertido en un elemento esencial para la competitividad del espacio local frente a la globalización de la economÃa. Estamos en un mundo altamente interconectado en el que el ciclo de vida de los productos es muy corto y permite cambiar con facilidad la ubicación de los centros productivos. A ello le debemos añadir que la banalización de las tecnologÃas de producción y telecomunicaciones permite establecer los sistemas más complejos en cualquier punto del planeta.
La concentración del mercado financiero hace muy difÃcil a los Estados desarrollar polÃticas especÃficas distintas de las de los paÃses de su entorno. Completa el panorama el hecho de que la masificación de los medios de comunicación y la concentración de los mismos han roto los parámetros culturales tradicionales imponiendo unos comportamientos y usos culturales elementales casi únicos a escala mundial. Nos encontramos, entonces, en una situación en la que la principal atractividad se encuentra en la capacidad de los territorios locales para establecer parámetros de calidad distintos de los demás territorios del entorno.
Este conjunto de temas, ha estado en la base de proliferación, desde mediados de los 80, de los planes estratégicos primero en las ciudades norteamericanas, que fueron las primeras en enfrentarse a los problemas de la globalización. Después, esta tendencia aparece en las ciudades europeas y luego en prácticamente todo el mundo.
El plan estratégico tiene grandes diferencias en relación con el planeamiento tradicional: se trata de un proceso compartido entre todos los agentes públicos y privados que actúan en un territorio (es un plan de ciudad, no de su administración que es un agente importante pero no único).
En segundo lugar, es un plan para la acción. No se trata de escribirlo sino de consensuar acciones y proyectos y ejecutar. En tercer lugar, busca aprovechar la situación presente para mejorar de manera evidente el futuro más próximo, es decir, busca encontrar qué hay de futuro en el presente y potenciarlo.
Ciudades como San Francisco o Barcelona desarrollaban varios planes a medida que evolucionaba la ciudad y se hacÃan obsoletas las propuestas y debÃan buscarse objetivos más ambiciosos. La mayorÃa de las restantes están en la etapa de ejecución del primer plan o finalizando la redacción del mismo. Algunas, como resultado del plan, ya han desarrollado proyectos que van a transformarlas profundamente para mejorar la calidad de vida de sus habitantes y mejorar las prestaciones de sus actividades, como Lisboa. Impulsando la Expo 1998, RÃo con la presentación de la candidatura a los Juegos OlÃmpicos del año 2004.
Muchos de estos planes están coordinados, creándose instituciones como el Cideu (Centro Iberoamericano de Estrategias Urbanas), que busca la cooperación, el intercambio de información y el desarrollo conjunto de experiencias entre 45 ciudades del continente americano y de la PenÃnsula Ibérica.
Esto permite, además, establecer sistemas de indicadores comparables acerca de las ciudades, la calidad de sus servicios, los aspectos que se refieren a la calidad de vida, la economÃa, los elementos turÃsticos y culturales, etc. Esto es fundamental puesto que en un mundo complejo no existen los bienes y males absolutos (seguridad absoluta o terror completo, por ejemplo); se trata de que nuestro nivel de seguridad y, especialmente, nuestra sensación de seguridad tengan unos indicadores mejores que otras ciudades comparables y, sobre todo, que la evolución temporal de los mismos sea positiva.
Estamos en un momento en que los planes estratégicos se han convertido en una necesidad para asegurar la supervivencia del territorio o su mejor posición en relación con los del entorno. De ahà su gran difusión.
Fuerzas y debilidades Actualmente, no tener un plan es una debilidad. Sin embargo, poseerlo solo es beneficioso si realmente se encuentran factores diferenciales especÃficos respecto de lo que quieren todas las ciudades del mundo. Muchos planes sitúan la ciudad ideal en un marco que no tiene en cuenta el entorno geográfico y económico. Ello porque muchos problemas son comunes: la calidad de los servicios públicos, la convivencia, la gobernabilidad, la seguridad, la base económica, la accesibilidad y movilidad, el medio ambiente, la cultura y el turismo, etc. Pero hay temas particulares relativos a la cultura difusa de cada ciudad , lo que sabe hacer mejor y se ha de encontrar a través de la participación activa de todos sus agentes. Ello no es fácil porque se acostumbra a caer en los lugares comunes y la mayor parte de ellos, demostrable, son falsos.
El segundo aspecto que muestra las debilidades de algunos planes es el escaso compromiso con la ejecución si el plan obedece a una moda y no es consecuencia de la responsabilidad real de los agentes para resolver una situación de crisis de debilidad, de crecimiento o, simplemente, de entorno. Algunos planes han terminado siendo un tema de unos cuantos técnicos sin incidencia real sobre la ciudad. En este mismo marco de la participación, muestran debilidades los planes sesgados (falta de sectores sociales o económicos claves, excesivo peso de la administración, excesivo localismo, sin tener en cuenta los agentes reales que actúan en el territorio, etc.).
Sin embargo, la mayorÃa presenta resultados exitosos y se plantea la extensión territorial a la ciudad real, la que desarrolla la vida y economÃa cotidianas al margen de las divisiones administrativas o se plantean revisiones profundas o desarrollos de avances cualitativos importantes como los pactos para la calidad.
El gran éxito de los planes estratégicos está en su desaparición a lo largo de los años puesto que todos los agentes sociales y económicos han aprendido a pensar y actuar estratégicamente y a coordinarse frente a los temas importantes.
Bogotá está en la fase de reacción final de su primer plan y su objetivo serÃa poder redactar, dentro de cuatro años, un segundo exigido por los cambios cualitativos de la ciudad, y a partir de aquel momento asistir a la difuminación del plan por estar frente a una gestión estratégica generalizada.
Debe seguir un proceso en el que están avanzando San Francisco, Boston, Filadelfia o San Antonio en USA, las grandes ciudades japonesas como Tokio y Osaka, los tigres asiáticos como Singapur, Seúl, Kuala Lumpur o Bangkok, las viejas ciudades europeas como Barcelona, Birmingham, Amsterdam, Madrid, Bilbao, Lisboa o Rotterdam, y hoy el impulso suramericano: RÃo de Janeiro, Buenos Aires, Córdoba, Sao Paulo o MedellÃn, Cartagena y Barranquilla. He aquà el gran reto de actuar como los demás, compartiendo con los demás y, a la vez, compitiendo con los demás a partir de las propias potencialidades.
BOGOTA 2000: LA CIUDAD DESEADA Es un plan para la capital, que el martes cumple 458 años. De Acción. No solo del Gobierno sino de los agentes sociales y económicos. Durante dos años, el Plan Estratégico Bogotá 2000 ha reunido diversos criterios sobre cómo transformar una urbe con un 50 por ciento de desarrollo informal. Consenso del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Pnud, la AlcaldÃa, entidades representativas de la sociedad civil e instancias administrativas distritales y nacionales. Sobre aspectos del plan, con coordinación de Juan Carlos Gaitán, opiniones de un experto internacional, el Presidente de la Cámara de Comercio de Bogotá, un asesor en comunicaciones de la AlcaldÃa y uno de los subdirectores de EL TIEMPO Fotos: JACQUES OSORIO ANASTASIU
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