En el reciente informe del Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud a las comisiones séptimas de Senado y Cámara, se lee: uno de los aspectos que el paÃs debe desarrollar de manera seria y planificada para dar respuesta adecuada a las exigencias de la ley 100, es una polÃtica de recursos humanos en salud... .
La anterior es, igualmente, una preocupación que embarga a los formadores y empleadores de profesionales dedicados a las disciplinas propias del campo sanitario. Ocurre que el revolcón que trajo consigo la reforma del sector salud, rompió los esquemas tradicionales de oferta y demanda en asunto de servicios. Vaya un ejemplo: se tiene previsto que para el perÃodo 95-98 se hayan matriculado 12 millones de personas al régimen subsidiado; sépase que de ellas 4 680.000 ya se encuentran afiliadas.
Tan abrupto crecimiento de la demanda ha dejado al descubierto que el paÃs no estaba preparado para soportarla. Faltan lugares de asistencia y personal capacitado para prodigarla. Por eso han comenzado a proliferar, a la carrera, instituciones prestadoras de servicios y escuelas formadoras de recursos humanos. En particular, la apertura de facultades de medicina ha crecido como espuma, con el peligro evidente de que muchas de ellas carecen del sustento académico que las haga confiables. Según un informe del Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior, en 1979 se ofrecÃan 19 programas, 25 en septiembre de 1995 y 32 en diciembre. Hasta febrero del 96 ya habÃa 35.
Puede verse que lo que se está presentando es una verdadera explosión educativa y no un crecimiento equilibrado, como es lo deseable. En un reciente estudio de la Dirección de Recursos Humanos del Ministerio de Salud, las proyecciones elaboradas con criterio técnico en cuanto a requerimientos actuales y futuros mostraron que de no establecerse un freno a la creación de programas de medicina, bacteriologÃa, fisioterapia y odontologÃa, al finalizar el segundo decenio del siglo que se avecina, el desempleo de esos profesionales será alarmante. El excedente de médicos superará la cifra de 16 mil.
Asà las cosas, no puede mirarse con indiferencia un fenómeno que presagia frustraciones. El Estado, a través de sus agencias orientadoras de la educación superior, está en el deber de establecer mecanismos que modulen el rumbo arbitrario que ha tomado la formación de recursos humanos en salud. Falta, a no dudarlo, una polÃtica previsiva, inteligente, que sirva de norte a quienes asumen el papel de educadores.
La libertad de enseñanza y aprendizaje que consagra nuestra Constitución, junto con la autonomÃa universitaria prevista en la ley de educación superior, pueden servir de incubadoras de graves conflictos sociales, si no se orientan adecuadamente.
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