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LAS CONFESIONES DE LA OTRA MARÍA
...Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado... Amén . Salmo 51.
Desde el primer día de su reclusión, la Biblia en cuero negro de María Izquierdo está abierta justo en la página donde se lee este salmo. En la misma mesa reposan códigos, flores, expedientes, cartas, y una sentencia que la condena a pagar siete años de prisión y una multa de más de 56 millones de pesos, por el delito de enriquecimiento ilícito de particulares.
Tanto el salmo como la sentencia han sido releídos una y otra vez por la ex senadora boyancense, que hoy completa 186 días de detención en una vieja estación de Policía ubicada en el barrio La Perseverancia de Bogotá. Según ella, por un estado de necesidad : secuestraron a su esposo Antonio José Rodríguez y ella aceptó 60 millones de pesos del cartel de Cali para pagar su liberación.
Ese estado de necesidad la convirtió en la primera mujer en ser condenada dentro del denominado Proceso 8.000 y en una de las testigos del ingreso de dineros del narcotráfico en la campaña Samper Presidente .
Su sueño, el de transformar el país desde el Congreso, se convirtió en una pesadilla desde 1984 cuando decidió seguir las prácticas clientelistas, aceptar dinero ilícito y, según sus propias palabras, dejarse llevar por las costumbres permisivas reinantes en el Congreso. Hechos de los que hoy se arrepiente.
Ahora sólo espera que en su apelación se le reconozca su colaboración eficaz con la justicia y que alguno de los 80 parlamentarios que, como ella, recibieron dinero del narcotráfico, siga sus pasos y cuente toda la verdad sobre lo que ella llama la narco-legislación reinante en el Congreso, una vieja práctica que describió en la Fiscalía, con nombres y apellidos.
Para Izquierdo, ya pasaron los días en que enfrentaba parlamentarios, desafiaba periodistas e intrigaba para que un boyacense ocupara un alto cargo burocrático, así no lo mereciera. Ahora, estudia filosofía, sistemas y pone en práctica los conocimientos adquiridos en la facultad de derecho de la Universidad Católica en su defensa.
Paso a paso María Izquierdo nació en Sogamoso (Boyacá), en 1953. Su infancia transcurrió en Yopal (Casanare), municipio del que su abuelo fue fundador y su abuela maestra. A pesar de ser de familia acomodada, estudió su primaria en la escuela pública de Yopal, hizo parte de su bachillerato en el Colegio la Presentación de Sogamoso y terminó validando la secundaria ante el Icfes.
En esa época conoció a Antonio José Rodríguez, su único novio y su actual esposo. Un ganadero de la región con quien se casó a los quince años.
Luciendo ya la argolla de matrimonio y con la idea de llegar algún día al Congreso, ingresó a la Universidad Católica de Bogotá a estudiar derecho. Obtuvo buenos contactos, magníficas notas aunque todavía no ha logrado obtener el título, según ella, por falta de tiempo.
No obstante, eso no le impidió tomar cursos de economía en Roma y Berlín, y regresar a Colombia para seguir una maestría en Filosofía y letras, y un curso de técnica en computadores.
Decidió ingresar a la política luego de una huelga en la Universidad Católica. En esa ocasión, la nombraron vocera de los estudiantes y de inmediato organizó un paro cívico que concluyó con la creación de la seccional de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia en Boyacá. Desde ese momento empezó a conquistar seguidores cansados del clientelismo, de la compra de votos y de los viejos caciques de Boyacá.
Era la época del trapo rojo , de la maquinaria políta y del cambio de votos por el pago del mercado y tejas de zinc. Izquierdo odiaba todo eso y por ello no tenía planeado ingresar a la política, pero quienes conocían su carácter combativo y recio, la empujaron hacia la política. Ellos consideraban que podía llegar fácilmente al Congreso y luchar por los intereses de su región.
Llegó a ese mundo de la mano del grupo liberal de Alvaro González Santana, ex gobernador de Boyacá. Cuando tenía 21 años, se lanzó a la Asamblea Departamental, 1974 como suplente de Carlos Lleras Restrepo y logró un escaño después de derrotar según ella a punta de votos, al ex guerrillero Eduardo Fonseca Galán.
En 1978, antes de cumplir la edad reglamentaria, (25 años) fue elegida suplente a la Cámara por las listas lleristas. El día de su posesión, con los 25 recién cumplidos, el entonces parlamentario Víctor Mosquera Chaux la vio sentada en primera fila en el Salón Elíptico y le dijo muy amablemente: joven, el puesto para periodistas es al otro lado...te equivocaste . Izquierdo tuvo que explicarle durante algunos minutos que había sido elegida representante por Boyacá y Casanare.
Para esa época todavía era novedad ver a una mujer y sobre todo joven y bonita en el Congreso. Aunque algunos de sus colegas eran unos perfectos caballeros, otros optaban por aislarla y por ignorar sus intervenciones. Para entonces, Colombia Villamil, representante de la Costa Atlántica; Clara Pinillos, Alegría Fonseca y Yolanda Pulecio, representantes por Bogotá, eran de las pocas mujeres que junto a María Izquierdo, ocupaban una curul en la Cámara.
En los últimos 18 años varios jóvenes dirigentes liberales de Boyacá recibieron sus consejos y siguieron sus buenos pasos en la política, entre ellos Gustavo Lanciano Molano, su segundo renglón en el Senado.
Durante su paso por el Congreso, logró la construcción de la carretera de Cusiana, liberar del pago del impuesto del IVA a los pañales de tela, materializar la ley para el seguro agropecuario del minifundista y la primera urbanización por autoconstrucción, entre otras obras para su región Debido a su carácter combativo, también se ganó varios enemigos y apodos como la pantera y la dama de hierro . Solía llamar narcotraficantes y chanchulleros a varios de sus compañeros de curul y acostumbraba llevar hasta las últimas consecuencias sus odios. En 1984, por ejemplo, juró que así tuviera que calumniarlo, tumbaría al director de DAINCO de la época. No lo logró.
Algunos de sus compañeros manifestaban en público su antipatía por la ex parlamentaria, argumentado su inexperiencia, su agresividad y su irreverencia. En los primeros años como representante, María era una encarnizada enemiga de la vieja clase política. En una ocasión el entonces representante Alí de Jesús Dalel pidió la palabra en plenaria para decir: quiero dejar constancia de que esta señora está loca. Llevamos tres sesiones escuchando los desajustes mentales de doña María .
El 15 de diciembre de 1983, María aseguró en plenaria que el representante Alfonso Poncho Rentería le había dado una patada después de una de sus fogosas intervenciones. Rentería la desmintió diciendo que accidentalmente la había pisado y dijo que ese día había comprobado que la tercera parte del sueldo que se ganaba como representante era para aguantarse a María Izquierdo.
Hoy sus detractores políticos reconocidos ya no hablan mal de ella. Oscar Celio Jiménez Tamayo, presidente de la comisión cuarta de la Cámara y rival de la ex senadora, dijo que en atención a los problemas jurídicos que tiene, prefiere no dar declaraciones. Aceptó ser su contradictor político, pero solo desde el punto de vista de las ideas.
Alfonso Salamanca, ex gobernador de Boyacá, también prefiere callar a pesar de que María Izquierdo hizo hasta lo imposible para que perdiera las elecciones de gobernador en 1992, porque no era de su misma corriente.
Otro de sus contradictores, el ex director de Coldeportes Nacional, Miguel Angel Bermúdez, se refiere a ella como una víctima de la política clientelista en la que se fue envolviendo, víctima de una clase política que la condujo a donde está hoy . Agregó que no era cristiano hablar de una persona después de todo lo que le ha pasado.
Mi pie izquier Según la propia María, su descenso se inició cuando se dejó llevar por las prácticas clientelistas reinantes en el Congreso y por la vanidad. Reconoce que recomendaba gente de su departamento al presidente de turno y que siempre lograba imponerlos en muy buenos puestos. Su ingreso al clientelismo tiene fecha de nacimiento. La ex parlamentaria recuerda que dio ese mal paso el 20 de julio de 1986, cuando fue reelegida por tercera vez como representante a la Cámara. Ese día dejó de luchar contra la corriente y decidió seguir a las mayorías .
Desde esa época la empezaron a considerar el símbolo del clientelismo. Repartía puestos y recomendaciones para luego cobrar favores y seguir repartiendo puestos y recomendaciones. Y al final todo se convertía en votos.uiere, su familia, estaba sola. Le dediqué más tiempo a la política, a cosechar triunfos, a atender gente . Y cuando ya pudo ocuparse de ellos, tuvo que enviar a sus hijas fuera del país y prefiere no hablar de ellas debido a amenazas contra su vida. Tampoco habla de la muerte de su único hijo hombre que la acercó a Dios después de 13 años de distanciamiento.
Aunque muchos creen que María Izquierdo se convirtió al cristianismo, ella dice que sigue perteneciendo a la iglesia Católica. Comparte momentos de oración con pastores evangélicos, sacerdotes de avanzada y científicos de Dios.
Paradójicamente, después de tener la columna de opinión Desde mi curul , en el diario EL TIEMPO década de los 80 en la que enfrentaba a sus compañeros de la Cámara por sus malas costumbres , cazó una pelea a muerte con los periodistas y asegura que nos odiábamos mutuamente .ión, según el cual, a la tercera rectificación debía cancelarse la concesión del espacio. Ahora cree que si no hubiera sido por la labor de algunos de ellos, este país seguiría en la mentira, tapando la convivencia con los dineros del narcotráfico, presentes desde hace más de 15 años en Colombia .
El 23 de enero de 1994, María aceptó 60 millones de pesos del cartel de Cali para pagar el secuestro de su esposo y entró al mundo que ella antes criticaba públicamente. Luego se le comprobaron otros ingresos procedentes de la misma fuente (ver recuadro).
Asegura que por esos favores del narcotráfico no recibió nada a cambio y que por eso, lo primero que aparecieron en los allanamientos a propiedades del cartel, fueron las pruebas en contra de ella.
Y aunque es parte de la reserva sumarial y de su libro, también reconoce que conoció a Elizabeth Montoya de Sarria, la monita retrechera . Según Izquierdo, se la encontró en la campaña del presidente Samper, en un salón de belleza que asiduamente visitábamos y en una gira de Boyacá con algunos directivos de la Caja Popular Cooperativa. Era una mujer que se desvivía por agradar al presidente Samper .
Y María también lo complacía a punta de votos. En la campaña presidencial de 1994 aceptó 30 millones de pesos, procedentes del narcotráfico para conquistar adeptos botacenses que votaran por Samper.
El mismo Samper al que considera un hombre bueno pero que se acostumbró a mentir . El mismo al que no ve desde la Navidad de 1995 cuando fue a Palacio a una audiencia privada. Una audiencia en la que según Izquierdo, el Presidente, me manifestó que todo iba a salir bien y que en febrero iban a pasar una ley para ayudarnos .
En esa ocasión, según ella, Samper e Izquierdo leyeron la Biblia y en especial el salmo 51, el mismo que permanece abierto en su lugar de reclusión desde hace 186 días.
Su proceso.
En la sentencia condenatoria, dada a conocer el pasado 22 de julio, un juez sin rostro le estableció una multa de más de 83 millones de pesos, que, al igual que la pena en prisión, se redujo en una tercera parte, gracias a que la ex senadora se acogió a la sentencia anticipada en la etapa de instrucción.
El fallo contra Izquierdo se constituye en la segunda sentencia condenatoria proferida por la justicia dentro del denominado Proceso 8.000 después de la de Santiago Medina, pero la primera en cobijar a una mujer.
A la ex congresista se le atenuó la condena después de demostrar que fue la promotora de obras de carácter social en la provincia colombiana, su lucha por defender y mejorar la condición de la mujer y la ausencia de antecedentes judiciales y policivos. Además, por que utilizó parte del dinero ilícito en el pago del secuestro de su esposo.
No obstante, la Fiscalía General de la Nación pudo comprobar que el 27 y el 28 de diciembre de 1993, Miguel Rodríguez Orejuela pagó la estadía de la entonces senadora en el hotel Intercontinental de Cali, En el curso de la investigación también se comprobaron tres ingresos más, representados en dos cheques y en dinero en efectivo. El primero de los títulos valor, por diez millones de pesos, hacía parte del aporte que Alberto Giraldo y Julián Murcillo hicieron a su campaña con miras a su reelección en el Senado. El otro cheque, por ocho millones de pesos, tuvo también como origen el cartel de Cali.
El último ingreso, por treinta millones de pesos, se materializó por medio de la tesorería de la campaña presidencial de Ernesto Samper Pizano, que estaba a cargo de Santiago Medina.
La suma total entregada fue de ochenta y tres millones de pesos.
En la sentencia también se estipula que se le contabilizar como pena cumplida, el tiempo que ha permanecido detenida en la Estación XXIII de Policía, en Bogotá.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Otros
- Fecha de publicación
- 4 de agosto de 1996
- Autor
- Martha Elvira Soto F.
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